Papa Francisco prohíbe esparcir cenizas de difuntos o guardarlas en casa

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“Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no sea permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma”, reza el documento papal.

La incineración de cadáveres ha empezado a robar terreno a los entierros. Pero el papa Francisco ha creado una inesperada polémica al decidir qué se puede hacer y qué no con las cenizas de los fallecidos.

La Iglesia advirtió que los católicos que opten por la cremación por razones contrarias a la fe se les deberá negar la sepultura cristiana.

Las cenizas de los católicos que desean ser cremados no pueden ser esparcidas, divididas ni conservadas en la casa sino que deben ser guardadas en un lugar aprobado por la Iglesia y consagrado, de acuerdo con nuevas normas emitidas este martes por el Vaticano.

De acuerdo con The Associated Press, las instrucciones fueron divulgadas días antes del Día de Difuntos, 2 de noviembre, en el cual los fieles recuerdan a sus muertos y oran por ellos.

Durante la mayor parte de su historia bimilenaria, la Iglesia Ctólica solo permitió el entierro con el argumento de que expresaba mejor la esperanza en la resurrección. Pero en 1963, el Vaticano autorizó explícitamente la cremación siempre que no implicara una negación de la fe en la resurrección.

El nuevo documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe insiste en que es preferible el entierro, y las autoridades califican la cremación de “destrucción brutal” del cuerpo. Pero expresa las normas para conservar las cenizas del número creciente de católicos que prefieren la cremación por razones económicas, ecológicas o de otro tipo.

 

Dijo que lo hacía para contrarrestar “ideas nuevas contrarias a la fe de la iglesia” que surgieron desde 1963, como las del New Age de que la muerte es una “fusión” con la Madre Naturaleza y el universo o una “liberación definitiva” de las ataduras del cuerpo.

El Vaticano expresó que las cenizas y fragmentos óseos no se pueden conservar en casa porque con ello se priva a la comunidad católica de recordar al difunto. Por eso las autoridades eclesiásticas deben escoger un terreno consagrado, como un cementerio o iglesia, para recibirlas.

La práctica de dividir los restos para su veneración estuvo de moda hace siglos, pero ya no se la aprueba

En casos extraordinarios un obispo puede permitir que se conserven las cenizas en la casa, dice el documento. Funcionarios vaticanos no aclararon cuáles serían esas circunstancias, que presumiblemente serían propias de países donde los católicos son una minoría perseguida, o donde sus iglesias y cementerios sufren ataques de vándalos.

El documento dice que las cenizas no se pueden repartir entre familiares, conservar en relicarios ni dispersar en el aire, la tierra o el agua porque ello crea la apariencia de “panteísmo, naturalismo o nihilismo”, dicen las normas.

Reitera la doctrina de que a los católicos que optan por la cremación por razones contrarias a la fe se les debe negar la sepultura cristiana.

Las nuevas instrucciones están fechadas el 15 de agosto y dicen que el Papa Francisco las aprobó el 18 de marzo. Se le preguntó al autor del documento, cardenal Gerhard Mueller, si el Papa había expresado reservas sobre el texto, en particular la negativa a permitir que los familiares conserven las cenizas en casa.

“El cuerpo muerto no es propiedad privada de los parientes, es más bien un hijo de Dios que forma parte del pueblo de Dios”, dijo Mueller en conferencia de prensa. “Tenemos que superar este pensamiento individualista”.

Aunque las instrucciones hacen hincapié en que los restos no deben ser esparcidos, funcionarios del Vaticano dijeron que no se prevé recoger los restos de santos que están dispersos por iglesias alrededor del mundo. La práctica de dividir los restos para su veneración -una mano aquí, un hueso del muslo allá- estuvo de moda hace siglos, pero ya no se la aprueba.

“Ir a todos los países que tienen la mano de alguien provocaría una guerra entre los fieles”, dijo monseñor Ángel Rodríguez Luño, un asesor teológico del Vaticano.

Fuente: Agencias

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