Cunde el desencanto, el ’18 está aquí

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Por Luis Javier Valero Flores 

Coincidentemente, ayer, las dos principales fuerzas políticas en Chihuahua, hasta ahora, debieron celebrar sendos aniversarios. Por una parte, el PAN, el quinto mes del gobierno dirigido por ellos y, por la otra, el PRI, el 88 aniversario de su fundación.

No están como para festejarlos alegremente, todo lo contrario.

El PAN del 6 de junio por la mañana era la viva imagen de la alegría renovada, el de la esperanza renacida que esperaba, ansioso, tomar las riendas de la entidad, sabedor de que lo haría en condiciones desventajosas. Nunca se imaginaron la gravedad de la situación. Hoy lo saben a cabalidad.

Los de enfrente despertaron con el sabor amargo de la derrota que muchos previeron o sospecharon, pero con la esperanza de que la elección presidencial les podía deparar la oportunidad del reagrupamiento y esperar, en mejores condiciones, el relevo gubernamental del 2021.

Ni unos ni otros han sopesado a cabalidad la profundidad del desaliento popular, del desencanto por el gobierno de Javier Corral, ni la certeza ciudadana de que el gobierno de Enrique Peña Nieto es el peor y el más sumido en la corrupción, los malos manejos y la entrega, como nunca, a los designios del poderío norteamericano.

Sólo el priismo puede, en estos tiempos, prodigarle ovaciones tan estruendosas al presidente, como la de ayer en la celebración del aniversario como si las muy pocas frases emitidas en relación al presidente norteamericano lo ubiquen como el líder nacional que se requiere.

La realidad del México de hoy estaba ausente en esa celebración, el PRI y sus posibles candidatos aparecen en el tercer lugar, no sólo en las encuestas, sino en la percepción popular, en la que, por contraparte, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se ubica en el tope de las simpatías electorales, seguido por la panista Margarita Zavala a la que la sabotea, una semana sí, y otra también, su marido, el expresidente Felipe Calderón quien ha buscado en las últimas semanas acaparar los reflectores de la opinión pública.

Descoyuntados por la derrota del 5 de junio, los priistas chihuahuenses se encuentran en verdaderos problemas. El antiguo grupo gobernante se niega a ceder espacios, se aferran, por una vía o por otra, a mantenerse como la fuerza hegemónica al interior de su partido.

Probablemente
sólo conservarán la
coordinación del exiguo grupo parlamentario en la legislatura local y deberán, en pocas semanas, entregar la dirigencia estatal al nuevo delegado del Comité Nacional del PRI que, como prácticamente todos los delegados de las dependencias federales llegados recientemente al estado, es un dirigente cercano a José Reyes Baeza, el chihuahuense más influyente con Peña Nieto y que, de resultar designado candidato Osorio Chong -su antiguo compañero en la Conago, pues el titular de Gobernación era el mandatario de Hidalgo cuando Baeza lo era de Chihuahua- será del círculo dirigente de la campaña.

Pero se antoja imposible que repitan los triunfos del 2015 en las diputaciones federales. Por varios factores, el primero, que el PAN quizá gane en el municipio de Chihuahua los dos distritos y, segundo, dependerá en grado sumo de lo que ocurra en Juárez y los reacomodos que hagan las fuerzas emergentes en el antiguo Paso del Norte.

Sin duda que el grupo gobernante en la alcaldía juarense mantiene la hegemonía. Su decisión fortalecerá a la fuerza con la que decida participar pues parece improbable que lancen candidatos independientes a las diputaciones federales, quizá a las locales sí.

Y no se les ve en alianza con el PRI, a lo mejor con Movimiento Ciudadano sí. Otra posibilidad sería un pacto con Morena. De hacerlo, se convertirían en la principal fuerza de esa frontera, y si lo hicieron extensivo a las candidaturas locales no habría quién pudiera ganarles, pero se les ve lejanos políticamente.

Lo más probable, para el escribiente, es que dejarían al electorado sin determinación en las diputaciones federales, la que sí debería existir en el caso de las elecciones locales, si Armando Cabada desea ratificar el triunfo en la alcaldía y encaminarse a la candidatura al gobierno de Chihuahua en 2021.

Pero deberán pensar bien lo siguiente, el fenómeno social en que está convertida la candidatura de AMLO puede convertirse en una oleada muy importante que arrastre al resto de las posiciones en disputa y ahí radica uno de los problemas del priismo.

Se puede conjeturar con algún sustento que el PAN obtendrá una ligera mayoría merced a su fuerza en la ciudad de Chihuahua, Delicias, Cuauhtémoc y algunos otros municipios menores, pero que deberán compartir triunfos en Juárez con el PRI y las fuerzas de Cabada y Morena.

¿Porqué conjeturar todo lo anterior? Por una razón, por el enorme desencanto prevaleciente en el electorado chihuahuense. Podrán sostener, los simpatizantes del panismo, que es muy pronto para realizar juicios sobre el desempeño de Javier Corral en el gobierno. Pero las conclusiones y conjeturas de una buena cantidad de chihuahuenses van a una velocidad mayor a la deseada por los gobernantes.

En todas las capas de la sociedad de la capital chihuahuense el desaliento cunde, las frases con las que equiparan a la administración de Duarte con la de Corral son cada vez más frecuentes -insisto, puede no ser cierto, pero el hecho ahí está-.

El juicio es lapidario, sobre todo al abordar el tema del encarcelamiento del exgobernador César Duarte, la impaciencia es sorprendente, quizá alimentada por la falta de resultados visibles de la nueva gestión, por los evidentes errores de los nuevos gobernantes (la insistencia en las foto multas, el cobro de las pasadas, la pifia declarativa de Cuarón, la elevación de los cobros vehiculares y los golpes y detenciones de manifestantes en contra de los gasolinazos), hechos, todos, difundidos y recreados por los medios de comunicación, magnificados por unos, quizá los más, a cuyo sobredimensionamiento han contribuido enormemente los integrantes del grupo gobernante.

Todo derivado de la errónea conceptualización de los medios de comunicación de Chihuahua. Que éstos pactaran convenios con la anterior administración no era malo per se, lo negativo era lo pactado. El gobierno de Duarte intentó -y en muchos casos lo logró- pagar los silencios o excesos de acompañamiento en las acciones de su administración.

Los chihuahuenses hicieron la evaluación de eso y como nunca las redes sociales se convirtieron en el mejor medio de comunicación, con la excepción de algunos cuantos y los “comprados” no lo fueron todo el tiempo, ni en el 100 por ciento. Había que mantener un mínimo de credibilidad.

No efectuar este análisis sobre los medios de comunicación le ha costado caro al gobierno del ‘nuevo amanecer’, no porque se le exija regresar a aquel viejo esquema, no, lo que debe hacer es, como cualquier gobierno democrático, pagar por los servicios mensurables, cuantificables, que le ofrezcan los medios y no como mecanismo para atenuar la ola abatida sobre el gobierno de Corral, sino para actuar como lo debe hacer un gobierno comprometido con las causas democráticas.

Y ahí estriba una buena parte del origen del desencanto, que una parte del electorado no aprecia la congruencia esperada entre lo que se prometió -y lo que hizo Corral en una buena parte de su vida pública- y lo realizado por su gobierno en los escasos 150 días de la administración, a lo que se le ha venido a sumar la oleada homicida, ya reconocida por la Fiscalía General del Estado (FGE), la que reportó 781 homicidios (en total), del inicio de octubre al viernes anterior, en los que incluyen las osamentas encontradas, sobre todo en el Valle de Juárez.

Tales cifras, llevadas al año, arrojan la inquietante tasa de 56.3 homicidios por cada 100 mil habitantes, sólo superada en los años del 2008 al 2012 y que han hecho rememorar aquello y para lo cual no se aprecie que se vaya en la ruta correcta, menos si se traen a colación los conflictos con los presidentes municipales, de las localidades que no se encontraban con incrementos en los índices delictivos.

Y el PRI no aparece como la sólida oposición que debiera asumir; atrapado entre aplaudir a Peña Nieto y criticar las medidas de éste en todos los rubros, sin experiencia política pues sus miembros y dirigentes actuales se formaron en el ejercicio del gobierno, sin ligazón con la mayoría de los sectores sociales hoy en auge; embebidos en el mecanismo de designación de su dirigente.

Faltos de la audacia como para efectuar transformaciones profundas a su quehacer, en espera de las señales que les indiquen qué hacer, se encaminan a una situación muy parecida a lo que le ocurre en la Ciudad de México.

En tanto, el grupo gobernante, cada vez más, actúa como el panismo gobernante y no como el bloque de fuerzas distintas que llevaron a Corral a la gubernatura.

Así, numerosos ciudadanos se aprestan a apoyar a López Obrador, en muchos ámbitos de Chihuahua.

Pueden generar una auténtica sorpresa política.

No se puede descartar.

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