Serrano: “No todos tienen la misma altura”

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Por Luis Javier Valero Flores

Todo nos lleva a pensar que nos encontramos en la recta final de la decisión del PRI acerca de quién será su candidato (a).

Es, en este segmento en donde se cometen más errores que, por desgracia para sus autores, son los más costosos.

El presidente municipal de Juárez, Enrique Serrano Escobar, hace más de dos semanas, entregó cientos de despensas -con una etiqueta con la leyenda: “Es con todo mi aprecio. Enrique Serrano”, con letras en color verde, blanco y rojo- al Comité Municipal del PRI para que las repartiera a los militantes a través de la estructura política en Ciudad Juárez.

Aseguró que fue un donativo que le hicieron “amigos”, a quienes se negó a identificar. La información fue confirmada por la dirigente local del partido, Mayra Chávez Jiménez. (Nota de Gabriela Minjáres/El Diario, 12/IX/15).

Molesto, Serrano aclaró desde el primer día que no se habían adquirido con recursos públicos, ni se había utilizado la estructura administrativa del Gobierno local para repartirlas. Achacó al “fuego amigo” el origen de la información.

“Veo una actitud mezquina y una visión aldeana de quienes están criticando, los invito a que regalen todo lo que quieran. Si alguien siente que le estoy haciendo una competencia desleal que regale todo lo que quiera, yo mismo les ayudo a repartir a su nombre si quieren, pero la cuestión es dar, regalar”. (Idem).

Mayra Chávez, al igual que el edil, con un absoluto desconocimiento jurídico del entorno en el que deben actuar, afirmó que “El presidente municipal, en su carácter de primer priista, donó las despensas al partido, lo hizo a título personal y no se involucraron para nada recursos públicos”.

Y como el chiste (aquel de la señorita “poquito” embarazada), adujo que las despensas repartidas “no fueron muchas”, apenas poco más de 300 que entregaron a través de la secretaría de Gestión Social del partido.

No fue esa la información otorgada por el alcalde, quien dijo haber recibido “un donativo de 3 mil despensas, de las que cedí al partido unas mil 200… las regalé yo, que es diferente, se las regalé al partido”.

Vehemente, Serrano intentó dejar en claro ante los medios de comunicación que los donantes son sus amigos, “que no son funcionarios, ni proveedores”, que los recursos tienen un origen lícito y que todo lo podría demostrar si es requerido por alguna autoridad.

Bueno, pues tal cosa puede ocurrir pues le cayó un verdadero alud de demandas por estos hechos.

Ante ellas, el fiscal general, Jorge Enrique González Nicolás, informó que se  integró la investigación por el probable delito de peculado y que personalmente, estudiaría la carpeta de investigación. (Nota de Luz del Carmen Sosa, El Diario de Juárez, 24/IX/15).

¡Orale!

La denuncia fue interpuesta por la presidenta del Consejo Estatal del partido Movimiento Ciudadano, Martha Beatriz Córdova Bernal; Andrés Carbajal Casas, militante de Morena; y José Luis Rodríguez Chávez, fundador de la agrupación Ciudadanos en Movimiento y se turnó a la Unidad Especializada en Investigación de Delitos contra la Paz y el Servicio Público.

Incluyó al director de Desarrollo Social, Gerardo Hernández Ibarra; la directora del Centro de Integración Juvenil A.C., Rosario Olivia Caraveo Villalobos; y la dirigente local del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Mayra Chávez Jiménez.

Además, a las denuncias anteriores se sumó la presentada por el PAN.

No es el primer episodio de donaciones que le hacen sus amigos, meses atrás donó dos máquinas extintoras de bomberos a los municipios de Camargo y Parral, que coincidentemente también le habían regalado otros de sus amigos. Además, antes de las demandas, por supuesto, había sostenido que continuaría haciendo regalos a la comunidad, incluso, de su propio patrimonio.

De todo le regalan al alcalde ¿A él, el ciudadano Enrique Serrano, o al alcalde del mismo nombre o, peor aún, al aspirante gubernamental que responde a las siglas ES?

Presto a defender su derecho a recibir y otorgar regalos, donaciones o como se le llame, ha rechazado violar la ley electoral “pues no existe proceso electoral”, ni de hacer uso indebido de los recursos municipales “son donaciones de mis amigos, de origen lícito” y adujo que si alguno de sus compañeros se siente inconforme con su actuación y considera que hay inequidad lo debe manifestar al PRI para que se resuelva, porque “el suelo está parejo, pero no todos tienen la misma altura”. (Ibídem).

¿No habrá, a la vera del alcalde Serrano, alguien, con los suficientes conocimientos jurídicos que le señale lo que sí puede hacer y lo que le está prohibido realizar?

¿Y alguien que le diga lo que sí puede declarar y lo que no? Digo, ya puestos en el trillado camino de los funcionarios públicos, aquel, consistente en negar todos los ilícitos cometidos.

Porque nadie le dijo, al más adelantado de los aspirantes del equipo duartista, que había cometido varios ilícitos, de distinto tipo, y, peor aún, nadie le dijo que no podía declarar que había recibido las donaciones y que, a su vez, él las había regalado.

Pero si en las aclaraciones acerca de la licitud de los recursos usados en la compra de las despensas, Serrano aceptó públicamente haber realizado tales actos, en la descalificación de la más protagonista de sus denunciadores, la legisladora panista, Daniela Álvarez, cometió verdaderos excesos.

A los que respondió la diputada prácticamente con la misma enjundia y las mismas malas intenciones, las de descalificar a los oponentes por la vía de la crítica a su vida personal, la más íntima.

Al preguntársele al alcalde su opinión por la demanda administrativa presentada por la diputada Álvarez, ante el Congreso del Estado, dijo que “La diputada, no recuerdo su nombre, que es novia del presidente del Directivo Estatal (Mario Vázquez), a ella le preguntaría cuántas iniciativas ha presentado, mejor, en lugar de cuántas demandas…”.

La respuesta fue explosiva e igualmente vejatoria. Daniela Álvarez calificó de “cobardes, misóginas y discriminatorias”, las declaraciones del alcalde, y lo retó a definir qué tipo de debate desea, si de temas personales o políticos, porque, “Por respeto a su esposa no voy a dar a conocer (información reveladora, íntima) esta mañana… Pero si él va estar expresándose de temas personales, yo también puedo centrar el debate en temas personales.”

Lo previno: “O aprende a respetarme o se atiene a las consecuencias, esos dichos yo no los voy a tolerar, es una falta de respeto no sólo a mí como diputada, sino a todas las mujeres…”.

Y lo amenazó: “Si el señor no se sabe mi nombre, más vale que se lo aprenda, porque de aquí a que termine su administración municipal voy a seguir señalando lo que afecta la vida de los juarenses”, además de conminarlo a dejar de favorecer, desde el gobierno municipal, sus negocios familiares y personales, así como a dejar “de obtener beneficios personales como presidente”.

Así, en cuestión de unos cuantos días, el alcalde Serrano se metió en una tremenda dificultad, la que le puede costar la salida de la carrera por la candidatura al Gobierno del Estado e, incluso, hasta la posibilidad de enfrentar un costoso (políticamente hablando) juicio, todo por la ansiedad de ganar, a como dé lugar, adeptos para su causa.

La pregunta que flota en el aire, porque prácticamente todos los aspirantes (unos más públicamente que otros) realizan operaciones políticas que no habían efectuado (en el caso de las senadoras Graciela Ortiz y Lilia Merodio) en el pasado reciente, es ¿Porqué realizar tareas proselitistas de tan baja calificación, como es el del reparto de despensas, efectuado por Serrano, o el de fiestas en las colonias más pobres de nuestras ciudades, como lo hace la senadora Ortiz?

¿O la incongruencia de Lilia Merodio que, primero declaró que se separaba de la Secretaría de la Mesa Directiva del Senado, para dedicarse a más tareas ligadas a Chihuahua, y luego aceptó la presidencia de una comisión senatorial?

¿O las muy frecuentes ocasiones en las que los alcaldes de Chihuahua (Javier Garfio) y de Juárez (Enrique Serrano) asistían a infinidad de actos -invitados por  el gobernador Duarte- fuera de sus municipios, en los que, evidentemente, no deberían asistir?

Del mismo modo, el ex alcalde Marco Quezada, difundiendo su presencia en un acto de la agrupación dirigida por la diputada Teporaca Romero -Sumemos voces-; o el ex alcalde juarense, Héctor Murguía, desplegando muy calladamente actividades en todo el estado, acompañado del equipo que trabajó con él en la presidencia municipal.

¿Cuál es la razón para tanta actividad?

Sólo se nos ocurre una: La de que no tarda en efectuarse la encuesta ordenada por la Presidencia de la República para ubicar las preferencias electorales de los chihuahuenses.

Si arroja una ventaja importante de alguno (a) de ellos sobre los demás, independientemente del grupo al que pertenezca, será el candidato; pero si el puntero obtiene una considerable ventaja y a la vez cuenta con un porcentaje muy alto de rechazo, no será ungido; y en cualquiera de estos escenarios, como en el del tercero, es decir, que ninguno obtenga ventajas considerables en los porcentajes, entonces la negociación y el favoritismo presidencial resolverá.

Sin contar con más elementos que los de la percepción, derivada de la observación y del intercambio con numerosos chihuahuenses, de todos los colores políticos, podríamos decir que Marco Adán Quezada y Héctor Murguía son los únicos que podrían encontrarse en el primer escenario, que sus posibilidades estarán acotadas por el porcentaje del voto de rechazo (porque éste eventualmente se convierte en votos por otro partido) y que si alguno de ellos no obtiene márgenes mayores en este aspecto, podrían ser los que mejor le garantizaran al PRI la posibilidad de triunfo.

Si por el contrario, todos quedan en porcentajes parecidos, entonces la moneda estará en el aire y la definición priista, como en las últimas otras dos ocasiones, la protagonizará la dirigencia nacional.

De ahí las urgencias y la comisión de errores, como los ahora señalados.

¿Quién más los cometerá?

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