La polémica de los matrimonios igualitarios

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Por Ernesto Villanueva

En estos momentos hay una nueva polémica por la iniciativa presidencial para dar vida jurídica a lo que se conoce coloquialmente como matrimonios igualitarios.

Por un lado, la iglesia católica y un sector conservador de la sociedad se oponen a que se apruebe legalmente esta posibilidad. Otra parte de la comunidad tiene la postura exactamente contraria. Hay, de entrada, dos aspectos que han exacerbado el debate:

a) Que la iniciativa haya surgido del presidente Peña Nieto. Hay un grupo que no se detiene a ver el contenido de lo que propone, sino quién lo sugiere o apoya. Y que sea Peña Nieto el de la idea genera por sí misma, aunque sea racionalmente ilógico, una resistencia adicional.

El otro tema es la denominación del vocablo “matrimonio”. En la Ciudad de México se han aprobado legalmente las uniones de convivencia entre personas del mismo sexo en una figura parecida, pero no idéntica al “matrimonio”. Esta expresión aumenta también la discusión.

Pero el punto importante es: ¿Qué piensan los mexicanos sobre el tema? Contrario a lo que se cree tradicionalmente, la sociedad mexicana ha ido cambiando (evolucionando sería más preciso) su percepción sobre este tema.

De acuerdo a una encuesta del PEW Center del 2014 sobre si es moralmente aceptable o no la homosexualidad, la respuesta es 48% de los encuestados consideran que es inaceptable, 36% aceptable y 15% considera que no es un tema a discusión. En pocas palabras, 51% acepta la homosexualidad, 48% la rechaza y 1% no sabe o no contestó. (http://www.pewglobal.org/2014/04/15/global-morality/table/homosexuality/)

El país más tolerante es España donde sólo 6% de la población está en contra de la homosexualidad. Por el contrario, el país más conservador es Ghana donde 98% está en contra.

La iniciativa de aprobar legalmente matrimonios igualitarios no es nueva. Existen 12 países donde esa figura existe. En Alemania e Italia no se ha reconocido esos matrimonios, pero sí las uniones de convivencia como en la CDMX. (http://www.cfr.org/society-and-culture/same-sex-marriage-global-comparisons/p31177).

En una interesantísima resolución de la Suprema Corte de Estados Unidos del 26 de junio del 2015 se anula cualquier tipo de restricción a la figura del matrimonio. Las reflexiones de la Corte son dignas de mencionarse porque no tienen desperdicio alguno.

Así, por ejemplo señala que: “Estos nuevos enfoques (se refiere a matrimonios del mismo sexo) han fortalecido, no debilitado, la institución del matrimonio. Los cambios en entender la característica del matrimonio de una nación como una dimensión nueva de la libertad han aparecido con las nuevas generaciones.

“Esta dinámica puede ser vista en la experiencia nacional con los derechos de los homosexuales y las lesbianas. En el siglo XX muchos estados condenaron la intimidad sexual como inmoral y la homosexualidad fue tratada incluso como una enfermedad. A finales de ese siglo, el desarrollo político y cultural permitió las parejas del mismo sexo y alentó que sus vidas fueran más públicas y abiertas”.

En el argumento final en el cual la Suprema Corte anula una prohibición de una Corte de Apelaciones dispone que: “Esta Suprema Corte, en esta resolución, apoya que pueda ejercerse el derecho fundamental al matrimonio por parte de personas del mismo sexo en todos los estados y también resuelve – y así queda establecido- que no existe base legal alguna para que un estado pueda rechazar el reconocimiento de matrimonios del mismo sexo celebrados en otro estado con base en que se trata de personas del mismo sexo.

“Ninguna unión es más profunda que el matrimonio que envuelve los máximos ideales de amor, fidelidad, devoción, sacrificio y familiar. Al unirse en matrimonio, dos personas se convierten en algo más grande que lo que eran antes. Debe quedar claro que es un error decir que se falta el respeto al matrimonio por esta idea. Esta institución es respetada por los quejosos, tanto es así que buscan llevar a cabo ese compromiso para ellos mismos.

“Su esperanza es que no sean condenados a vivir en soledad, excluidos de una de las más antiguas instituciones. Piden igual dignidad a los ojos de la ley. Esta Suprema Corte les reconoce todos esos derechos. Esta Corte, en consecuencia, resuelve anular la resolución de la Corte de Apelaciones del Sexto Circuito.”

Fuente: Proceso

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