El desbarajuste

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Por Héctor Tajonar

A política revuelta, ganancia de corruptos, oportunistas y demagogos. El PAN se ha escindido, Margarita Zavala se registró como candidata “independiente”, Felipe Calderón y sus compinches en el Senado permanecen en ese partido para apoyar la estrategia del PRI contra Ricardo Anaya, quien se aferra a la candidatura del Frente Ciudadano por México (FCM). El intercambio de agresiones entre las respectivas camarillas se profundiza. Las posibilidades de triunfo de Zavala y Anaya disminuyen, mientras el Frente se tambalea y los partidos que lo integran caminan junto al precipicio. El PRI y Morena se frotan las manos.

Calderón –junto con sus cinco esbirros en el Senado– fue exhibido en su abyección al haberse sometido a Peña Nieto para imponer al hoy renunciado fiscal-carnal y de paso arrasó con su mujer, quien optó por salir del partido en el que militó durante más de 30 años. Con razón, se quejaba de que Anaya obstaculizaba su aspiración a obtener la candidatura del PAN. Su esposo ofreció seguirla, pero luego reculó para continuar sirviendo al presunto proyecto presidencial para que José Antonio Meade se convierta en sucesor. Acomodaticio, Calderón apoya a Peña y Meade más que a su propia esposa, tras haberla lanzado al vacío.

El “haiga sido como haiga sido” que llevó a Calderón a la Presidencia con los votos del partido de Elba Esther Gordillo, se ha vuelto el ejemplo a seguir para los feroces aspirantes al “supremo Poder Ejecutivo” –y sus secuaces–, ávidos de obtener el poder a toda costa, por encima de la capacidad y la responsabilidad requeridas para gobernar, ignorando toda norma de ética pública e integridad democrática.

“Son tiempos de canallas”, ha dicho el líder de Morena, puntero de las encuestas y principal beneficiario de las trifulcas intrapanistas, así como de la guerra sucia orquestada por Peña Nieto, su partido y sus cómplices contra el líder del PAN.

Aún se desconocen quiénes serán los candidatos del PRI y del FCM, pero es claro que su propósito común será vencer a AMLO, cuya estrategia es ubicarse como el único salvador ante los vicios de “la mafia del poder”. Al mismo tiempo, los opuestos y acérrimos enemigos, López Obrador y Peña Nieto, coinciden en desprestigiar al naciente FCM, que les podría restar votos tanto a Morena como al PRI. Por su parte, la obstinación de Anaya por ser el candidato del Frente pone en riesgo la existencia misma de esa coalición, aparte de debilitar –aún más– a los partidos que la forman.

La maraña electoral se complica sin que el raquitismo electorero haya variado, sólo se exhibe con mayor ímpetu la medianía y la avidez de poder de las opciones existentes. La caballada escuálida parece haberse convertido en una manada de hienas hambrientas (especie caracterizada por la práctica del cleptoparasitismo: robar la presa cazada por otro animal para alimentarse). El preciado manjar de la silla presidencial ha propiciado una voracidad irrefrenable en la que todo se vale para anular al adversario y obtener al menos una tajada de la cacería.

El problema mayor de este desbarajuste es que la desenfrenada codicia de poder aleja a los fieros suspirantes de las exigencias ciudadanas y de los retos del país. La incertidumbre y la desconfianza de la sociedad aumentan. Lo único claro hasta el momento es que los orígenes y mecanismos operativos de la carrera hacia 2018 la han convertido en un laberinto podrido, cuyos posibles desenlaces no se vislumbran halagüeños. En un ambiente de traición, engaño, cooptación, infundios y extorsión, la especulación aflora porque todo parece posible.

Para complicar el enredo, el INE ha acreditado a ¡40 candidatos “independientes”! Casi todos son desconocidos, con nulas posibilidades de triunfo y carentes de las cualidades necesarias para gobernar. Ridículo.

Una encuesta reciente indica que López Obrador sigue a la cabeza, con 32 puntos porcentuales, a pesar de haber perdido dos de julio a la fecha. Osorio Chong subió de 23 a 24 y desplazó a Anaya al tercer lugar, con 19 puntos, al haber perdido seis; mientras que Zavala pasó de 9 a 16 puntos (El Financiero, 16/X/17).

A diferencia de lo que muestra ese sondeo, pienso que las probabilidades de que el secretario de Gobernación sea el ungido del PRI peñista son cada vez más escasas. Quien parece despuntar en el tricolor es Meade, junto con toda la maquinaria de suciedad e inequidad electoral que hizo posible el triunfo de ese partido en el Estado de México. Quienquiera que sea el candidato tricolor estará manchado por la corrupción, impunidad, autoritarismo e incapacidad de los gobiernos del PRI, en especial del actual.

La expectativa de que Zavala se vuelva realmente competitiva es remota, no así su capacidad de servirle al PRI para mermar la popularidad de Anaya y el Frente. Para combatir dicha estrategia, que parece estar dando frutos, Anaya debiera hacer un análisis de la coyuntura política y un ejercicio de autocrítica que lo condujera a abandonar su legítima aspiración a ser el candidato del FCM. Optar por un mexicano con capacidad, experiencia y prestigio probados que pudiera representar una tercera opción sólida y viable para enfrentar la disyuntiva entre el PRI y Morena, sería una decisión sensata y patriótica. Se elevaría el nivel de la contienda, se evitaría la polarización y aumentarían las probabilidades del Frente de triunfar en las urnas para sacar al país del pantano en que se hunde. De lo contrario, tendremos que lamentarnos: Pobre México, tan lejos de Macron y tan cerca de Trump. El primero es paradigma de la democracia del siglo XXI y el segundo representa la demagogia neopopulista.

Sería un grave error ahondar en una política de la porquería que es una porquería de política. Es imperativo acabar con ella, para lo cual se requiere remover del poder a sus principales protagonistas, es decir, al PRI y sus cómplices. Hasta ahora López Obrador se presenta como el único capaz de lograrlo. ¿Habrá alguien más, con posibilidades de éxito, que lo intente?

Fuente: Proceso

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