El Chapo es un símbolo; El Mayo es el verdadero poder

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Por Álvaro Delgado

(El presente texto de Álvaro Delgado fue publicado originalmente en Proceso en enero de 2016 a propósito de le entrevista de El Chapo con el actor Sean Penn)

Mientras Enrique Peña Nieto esconde su corrupción con filtraciones a sus esbirros, que colocan a Kate del Castillo casi al nivel de Joaquín El Chapo Guzmán, el Cártel de Sinaloa, uno de los emporios criminales más poderosos del planeta, sigue intacto y controlado por su jefe supremo: Ismael El Mayo Zambada.

El M Grande, El Padrino, El del Sombrero, El Quinto mes o El Mes Cinco, como también se conoce a Ismael Zambada Niebla, es quien verdaderamente maneja al holding global que representa el oficialmente denominado Cártel del Pacífico, cuya entraña es Sinaloa.

“Yo suministro más heroína, metanfetaminas, cocaína y mariguana que cualquiera en el mundo. Tengo una flota de submarinos, aviones, camionetas y barcos”, se ufanó El Chapo ante el actor Sean Penn –sin que por cierto esta declaración conste en el video que difundió la revista Roling Stone–, pero en realidad quien maneja el emporio es El Mayo.

Idénticos en su origen humilde, su gusto por la poligamia y paralelas sus vidas en la delincuencia, la diferencia entre El Chapo y El Mayo es que mientras el primero perdió la libertad por ambicionar una película sobre su vida de criminal y sus espectaculares fugas, el segundo rehúye la notoriedad.

Estas conductas contrapuestas sobre todo en los años recientes tienen que ver con lo que algunas autoridades presumen en el sentido de que El Chapo Guzmán hace mucho que ya no es el cerebro de la organización criminal, como me confió en 2011 Manuel Clouthier, actual diputado federal independiente.

“El Chapo Guzmán es como Cuau­htémoc Blanco: ya no juega, pero jala la marca”, me dijo el sinaloense usando una metáfora sobre el futbolista que para entonces carecía ya de fuelle, pero cuya trayectoria seguía deslumbrando a la afición.

La realidad le da la razón a Clouthier, porque es verdad que El Chapo simboliza el poderío criminal, tanto en sus capturas como en sus fugas, pero la operación del Cártel jamás se ha minado en México y, al contrario, ha observado una expansión trasnacional bajo la conducción de El Mayo, al frente de un ejército de operadores cuya identidad se pierde en las vastas redes empresariales y financieras “legales”.

En la entrevista con Penn, en la sierra de Sinaloa, El Chapo dijo: “si me detienen, el narcotráfico va a seguir igual”, exactamente lo mismo que El Mayo le dijo a Julio Scherer García cuando, en 2010, se encontró con él también en la sierra: “Si me atrapan o me matan, nada cambia”.

“Un día decido entregarme al gobierno para que me fusile. Mi caso debe ser ejemplar, un escarmiento para todos. Me fusilan y estalla la euforia. Pero al cabo de los días vamos sabiendo que nada cambió”.

–¿Nada, caído el capo? –le pregunta Scherer.

–El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí.

El Mayo aseguró al periodista, fundador de Proceso, que México llegó tarde a la guerra contra el narcotráfico y que está perdida.

–¿Por qué perdida? –El narco está en la sociedad, arraigado como la corrupción.

Hasta donde se sabe, la recaptura de El Chapo –que ha sido también una cacería vil del gobierno a la actriz Kate del Castillo— no ha representado desabasto de drogas en Estados Unidos. Ese es el poder de El Mayo.

ApuntesDesde la primera elección, la disyuntiva en Colima siempre fue elegir entre un rufián y un pillo. Ganó el priista Ignacio Peralta –con toda suerte de trampas—, pero pudo haber triunfado el panista Jorge Luis Preciado, con su respectivo repertorio de villanías. La derrota alcanza a Ricardo Anaya, el escondido presidente nacional del PAN.

Comentarios en Twitter: @alvaro_delgado

Fuente: Proceso

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