The Circle, lo negro de Silicon Valley

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¿Dave Eggers ha escrito en The Circle una parábola de nuestro tiempo, un aniquilador relato de Silicon Valley y sus compañías de tecnología que invaden la privacidad? ¿O ha fallado el tiro, produciendo una diatriba santurrona que no logra humanizar a sus personajes y comprender su tema? El siguiente análisis publicado por The New York Times responde a esas preguntas.

Por Julie Bosman y Claire Cain Miller

Los críticos de libros están divididos en torno a la calidad de la altamente anticipada novela de Eggers The Circle, que salió a la venta en octubre. Pero en Silicon Valley y más allá, el tema del libro promete provocar un debate aun mayor sobre el mundo hiperconectado del siglo XXI que describe Eggers.

Situada en un “tiempo futuro indefinido”, la novela de Eggers cuenta la historia de Mae Holland, una joven idealista que resulta trabaja en The Circle, una compañía de tecnología inmensamente poderosa que ha conquistado a todos sus competidores creando un solo nombre de usuario para que las personas busquen, compren y socialicen en línea.

the circleLos pedidos iniciales elevaron al libro al sitio Número 21 en Amazon, no un pequeño logro para una obra de ficción literaria, y las librerías reportaron vender ejemplares casi de inmediato tras abrir sus puertas el día de su puesta en venta.

En el mundo tecnológico, algunos lectores se han molestado por el reflejo de su mundo.

“Me hace sentir a la defensiva, porque afecta a lo mío”, dijo Esther Dyson, una inversionista en empresas incipientes de tecnología.

Otros de los primeros lectores del libro dijeron que estaban reconsideran su apego al Internet. En un ensayo titulado “Dave Eggers me hizo abandonar Twitter”, Michele Filgate, una escritora y librera en Nueva York, escribió sobre su experiencia de renunciar a las redes sociales por una semana, un experimento provocado por la inquietante sensación que le produjo el libro.

“Espero que permita a la gente dar un paso atrás y tener una conversación sobre cómo queremos usar la tecnología”, dijo Jennifer Jackson, editora de Eggers en Knopf. “No pienso que este libro realmente vaya a hacer que la gente deje de usar redes sociales, y no creo que esa sea la intención de Dave. Este libro va hacer que las personas sean más reflexivas; esa es mi esperanza”.

Eggers, quien vive en el Área de la Bahía de San Francisco, declinó ser entrevistado. No está haciendo lecturas o eventos para promover el libro.

Knopf y McSweeney’s, que están coeditando el libro, han planeado una tirada de 125 mil ejemplares, una cifra ambiciosa en una activa temporada literaria otoñal en la cual Eggers competirá contra ficción de Elizabeth Gilbert, Jhumpa Lahiri y Thomas Pynchon.

En el sitio web de McSweeney’s, Eggers dijo que él no había basado The Circle en alguna compañía en particular como Facebook o Google, ni visitó los campus de Google, Twitter o Facebook, entrevistado a sus empleados o leído libros sobre ellos. Sin embargo, Silicon Valley es reconocible en todas partes.

The Circle se asemeja más a Google, con sus computadoras de retina estilo Google Glass, sus iniciativas para trazar un mapa de lugares distantes del mundo, un triunvirato que dirige la compañía, investigaciones antimonopolio y un laboratorio secreto para proyectos futuros. TruYou, el producto central de la compañía de ficción, tiene las letras de uno de los nombres del fundador, al igual que PageRank, el algoritmo de búsqueda de Google, lleva ese nombre por el cofundador de Google Larry Page.

Los fundadores de The Circle tienen lemas que pintan un panorama inquietante como “compartir es interesarse” y “los secretos son mentiras”. Esos refranes son similares en su tono a las declaraciones hechas por ejecutivos como Mark Zuckerberg de Facebook y Eric E. Schmidt de Google, quien una vez dijo: “Si tienes algo que no quieren que alguien más sepa, quizá no deberían estarlo haciendo en primer lugar”.

Representantes de Google y Facebook declinaron comentar sobre el libro. A principios de septiembre, un vocero de Google envió un correo electrónico a Knopf para pedir un ejemplar anticipado del libro, diciendo que sonaba como “una lectura interesante e importante para nosotros”, según el correo electrónico, un ejemplar del cual fue obtenido por The New York Times. Knopf no cumplió con la solicitud.

Glen Robbe, el gerente de Books Inc., en Mountain View, California, dijo que él había leído fragmentos de “The Circle” y reconocido el campus de Google, un lugar que ha visitado frecuentemente para vender libros durante visitas de autores.

“Dave Eggers es tan bien conocido en el Área de la Bahía que no tengo duda de que tendrá un enorme éxito”, dijo Robbe. “La gente se informará con él”.

Eggers describe a Silicon Valley como un lugar con objetivos ostentosos y una creencia idealista de que su tecnología cambiará al mundo para bien, sin importar las consecuencias potenciales.

Las cámaras SeeChange de The Circle, por ejemplo, son fijadas a las paredes y transmiten video en vivo, de manera que pueden hacer cosas como capturar las protestas en Medio Oriente cuando los periodistas han sido expulsados. El inconveniente es que también difunden en secreto los momentos secretos de las personas en casa.

 

Benedict Evans, un analista de tecnología y medios en Enders Analysis, una firma de investigación londinense, dijo que las descripciones de Eggers captaban dos cualidades típicas de las compañías de tecnología: el optimismo desenfrenado y el fracaso para comprender las consecuencias en el mundo real de las nuevas tecnologías.

“Hay una enorme tendencia hacia el optimismo, y esa es la razón de que tengamos computadoras y todas estas cosas, porque si la gente se sentara racionalmente a cada momento y dijera: ‘¿Eso funcionaría?’, no tendríamos nada”, dijo Evans.

“El reverso de la moneda es que hay una especie de enfoque utópico que surge de nunca haber visto un fracaso y nunca haber tenido que hacer frente a la realidad de la gente que no está en Silicon Valley”.

Algunas referencias de Eggers suenan falsas. Utiliza mal términos técnicos y hay poca indignación pública en el libro por las violaciones de privacidad que “The Circle” comete, en contraste con la ira en la vida real que a menudo acompaña a las intrusiones de la privacidad.

 

Sin embargo, parte de la razón de que “The Circle” pueda parecer inquietante es que no llega a ser una obra de ciencia ficción inverosímil. Muchos de los inventos están a sólo un paso más allá de lo que ya han hecho las compañías de tecnología.

En ocasiones, los personajes del libro usan tecnología que ya está disponible. Los empleados de Circle y legisladores “se hacen transparentes”, lo que significa que usan cámaras que transmiten todo lo que ven, al igual que hacen los Google Glass. En otros casos, las imágenes distópicas de Eggers parecen haberse vuelto realidad en el tiempo desde que escribió la novela.

En las últimas semanas, artículos en The New York Times han descrito varias situaciones de la vida real que suenan increíblemente similares a giros de la trama en The Circle, como los riesgos de privacidad para los niños de escuelas que recolectan datos sobre los estudiantes y los almacenan en la nube, y la capacidad para buscar los nombres de las personas y encontrar sus fotos de arrestos.

Eggers está usando la ficción para hacer preguntas que escritores como Rebecca Solnit, Jaron Lanier y Evgeny Morozov han planteado en obras de no ficción. La novela mantiene el debate, y pregunta si el mundo semiimaginario de The Circle es inevitable.

En Silicon Valley, algunas personas del ámbito tecnológico han criticado al libro por su falta de verosimilitud, haciéndose eco de una columna de Reuters en la cual Felix Salmon criticó la novela.

“Eggers está predicando ante un grupo de personas que ya conforman su mentalidad colectiva de que las redes sociales son peligrosas”, escribió Salmon.

Pero otros pensaron que la comunidad tecnológica protesta demasiado.

“Es más como una dura mirada al espejo”, dijo Perry Hewitt, que ha trabajado en compañías tecnológicas y ahora es director digital en Harvard. “Es menos sobre Silicon Valley es más sobre mirarnos a nosotros mismos”.

Fuente: The New York Times

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