Protagonismos en la visita de Francisco a México

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Por Bernardo Barranco V.

Christopher Pierre, nuncio apostólico en México, debe estar inquieto por los afanes protagónicos de actores políticos. Todos quieren meter la mano en la visita de Francisco a México, dentro y fuera de la Iglesia. Todos quieren sacar ventajas aun a costa de falsear supuestas primicias. Será interesante, pues, analizar en esta visita no sólo los mensajes del Papa cuyos contenidos son más o menos conocidos, sino el comportamiento de la sociedad mexicana.

Este 30 de noviembre, en el vuelo de regreso a Roma después de su visita a África, Francisco declaró: Los viajes no favorecen a mi edad, dejan marca. Voy a México y lo primero que haré será visitar a la Señora, la Madre de América, la Virgen de Guadalupe. Si no fuera por ella, no habría ido a la ciudad de México por el criterio del viaje: visitar tres o cuatro ciudades que nunca hayan sido visitadas por un Papa. Además señaló que visitará las ciudades de San Cristóbal de Las Casas (Chiapas), Morelia (Michoacán) y casi seguramente pasará una jornada en Ciudad Juárez (Chihuahua). El mensaje a la arquidiócesis primada de México y a su cardenal merece una reflexión más amplia, pues podría tratarse de un alejamiento implícito entre Bergoglio y Rivera.

También se desprende que la agenda aún no está precisada, a pesar de que muchos parecen ejercer presión. Por ello, el episcopado ha intentado poner orden al sentenciar que todo lo que se ha dicho y ventilado por los medios, estará sujeto a la aprobación final del Papa. Y esta decisión se dará a conocer el próximo 12 de diciembre, con ello, se deduce que la manija de la agenda está en Roma. La resolución última la tiene Francisco, no los políticos ni los medios, ni los propios obispos. Al episcopado mexicano le urge que Roma determine con claridad las fechas, duración, agenda y lugares que visitará el Papa no sólo para planear y organizar los actos, sino recaudar fondos entre empresarios y benefactores de la Iglesia, el reclutamiento de voluntarios y el lanzamiento de una magna colecta anunciada para el 17 de enero próximo.

Todo inicia el martes 6 de octubre en la sala de prensa del Vaticano, el portavoz del mismo, Federico Lombardi, confirmó la visita de Francisco a México de manera general para el primer semestre de 2016 y un día después, el anuncio es corroborado por el episcopado mexicano. Después de diferentes especulaciones se concreta la esperada visita. La séptima visita de un pontífice a México y Francisco será el tercer Papa que pise nuestro suelo. La primera manifestación protagónica vino de los legisladores. Bajo el influjo de un repentino golpe de fervor religioso, los legisladores de San Lázaro y la Cámara de Senadores, con disputa de sede, emprendieron gestiones para obtener un encuentro con el pontífice. El presidente del Senado, Roberto Gil Zuarth, declaró que “se debe restablecer y fortalecer el diálogo entre la política y los hechos religiosos… Creemos que es un buen momento para que este diálogo fortifique no sólo nuestra visión de la política y de las políticas públicas sino también la esperanza de los mexicanos”. Dicho posicionamiento amerita un análisis. Acerca de si la presencia del Papa era pertinente, respondió que era una visita de Estado, y agregó: Hay que reconocer que más que un líder religioso el pontífice es un representante de un Estado. Los legisladores no sólo zarandean la tradición laica, sino, por esnobs, quieren emular a los congresistas estadunidneses. Lo curioso es que 13 años atrás, cuando el presidente Vicente Fox besó el anillo papa de Juan Pablo II, ante el alboroto provocado, los panistas justificaron que era una visita pastoral del papa y, por tanto, Fox ejerció su libertad religiosa para postrase ante el máximo representante de su Iglesia. Otra curiosidad: los obispos mexicanos objetaron la iniciativa legislativa. Eugenio Lira Rugarcía, secretario de la CEM, se manifestó renuente a que el Papa se presente ante el Congreso.

El primer actor religioso en poner desorden fue el cardenal Norberto Rivera, arzobispo primado de México, en su misa dominical del 1 de noviembre y recién llegado de Roma, anunció que el papa Francisco llegaría la tarde del 12 de febrero en visita pastoral. La primicia dio la vuelta al país y diferentes actores se pronunciaron al respecto; sin embargo, días después, durante la visita de Alberto Gasbarri, responsable de los viajes apostólicos internacionales del Papa, aclaró que Francisco aún no había definido detalles. Pidió explícitamente guardar prudencia, pues se podrían generar expectativas y frustraciones al especular antes de tener una agenda definitiva. En efecto, el 4 de noviembre se celebra una reunión entre autoridades eclesiásticas y civiles sobre el viaje de Francisco. Ahí el boletín de prensa asienta:Luego de presentar las propuestas de fechas, lugares y encuentros, y de un intercambio de ideas, el doctor Alberto Gasbarri comentó que después de acudir a los lugares señalados se hará una evaluación y se presentará un informe al Santo Padre, quien tomará la decisión final. Destacó que este proceso podría durar aun varias semanas. Sin embargo, el miércoles 11 de noviembre, la canciller, Claudia Ruiz Massieu, no acata el acuerdo e informa a la opinión pública que la próxima visita a México, el papa Francisco visitará el Distrito Federal, Chiapas, Michoacán y Chihuahua. Y aclara un cándido descubrimiento que ha hecho, será una visita de Estado y al mismo tiempo pastoral.

Bajo el supuesto de que todos ponen y todos ganan, como pocas veces, se percibe ansiosos a los actores que se atropellan entre sí. Los medios ya están haciendo cálculos en la comercialización de un producto seguro. La devaluada clase política busca, como en la Edad Media, encontrar legitimad divina y cobijarse bajo la popularidad de Francisco. El episcopado afina los temas de interés para su agenda que Francisco apuntalará. En todo caso se avizora que no será una visita sólo de protocolos, Francisco tiene la conducción de itinerarios y contenidos.

Fuente: La Jornada

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