¿Por qué no quieren a Luis Videgaray?

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Por Leo Zuckermann

Los empresarios están enojados con el gobierno de Peña, en particular con Luis Videgaray. No quieren al secretario de Hacienda. Esperaban mucho de él y, según dicen, ha sido una decepción.

Tienen razón si midiéramos el desempeño del secretario por los resultados económicos del país. El año pasado prometió un crecimiento cercano a 4% y terminó siendo del 1.1%. Este año volvió a pronosticar que la economía aumentaría 3.9% y ya lo bajó a 2.7%. Ahí hay un primer enojo por una economía que sigue muy floja.

Pero hay algo que los tiene verdaderamente enfurecidos con Videgaray: la Reforma Fiscal. A nadie le gusta pagar más impuestos y el secretario, en un acuerdo con el PRD, está haciendo exactamente eso. La reforma le subió los tributos a los mismos de siempre: los causantes cautivos. En esa lista están los dueños de negocios (grandes, medianos y pequeños) más los empleados que operan en la formalidad. Todos ellos han visto cómo Videgaray les metió la mano en un lugar donde les duele muchísimo: el bolsillo.

Pero además, como parte de la Reforma Fiscal, se incrementó la deuda pública. Entre más impuestos y más deuda, el Estado quedó como el único rico en un año de escasez. Ahora bien, el gobierno y el secretario Videgaray justificaron la reforma de más impuestos y deuda para revivir una política fiscal keynesiana: el Estado tendría más dinero para gastar y, como el gasto público supuestamente generaría efectos multiplicadores, habría un fuerte crecimiento económico. Pues bien: el sector público ya está gastando y resulta que la economía sigue débil. Si el año pasado se criticó a Hacienda porque no soltaba el gasto público, ahora la crítica es que está gastando en cosas que no estimulan a la economía. Ahí está, pues, otra fuente de enojo: no ha funcionado el keynesianismo de Videgaray hasta el momento.

Otros empresarios, muy poderosos, están enojados con el secretario porque las reformas que promovió los van a obligar a competir. Eso molesta mucho a los monopolistas y oligopolistas de nuestro país que, por desgracia, están presentes en muchos sectores económicos. Su primera reacción ha sido dejar de invertir. Máxime cuando todavía no salen del Congreso y del Ejecutivo las reglas precisas y detalladas de cómo van a tener que competir en un terreno que estaban acostumbrados a dominar.

Las reformas a favor de una mayor competencia económica van a tardar en generar una nueva clase empresarial diferente a la actual. Mientras eso suceda, el secretario tendrá que enfrentar a muchos monopolistas y oligopolistas que no lo quieren porque los ha puesto en la muy incómoda situación de tener que competir.Pero hay más. Otro factor que tiene enojados a los empresarios es la falta de credibilidad del secretario. Ya mencioné que ha prometido mucho y entregado poco en materia de crecimiento económico. Lo peor es que Videgaray ofrece argumentos francamente absurdos para justificar el bajo crecimiento (como que vamos a crecer en 2014 más que Estados Unidos y otros países de América Latina cuando en 2013 esas naciones crecieron más que México). Eso cuando sale a dar la cara porque suele suceder que, si se trata de dar malas noticias, Videgaray manda a sus subsecretarios.

Hay un último factor que explica el enojo con Videgaray. Los gobiernos panistas tenían muy apapachados a los empresarios. El nuevo gobierno de Peña llegó con la intención de recuperar la autonomía del Estado frente a la comunidad de negocios. Esto implicaba una relación más distante que la acostumbrada. El secretario de Hacienda, por tanto, procedió a no responder las llamadas de los empresarios. Y cuando lo hacía, era frío y seco. Pasamos, así, de un lado del péndulo al otro. El problema es que, en esto de atender las demandas empresariales, un secretario de Hacienda no puede ser ni tan caluroso ni tan frío. Tiene que encontrar un justo medio. Y parece que a Videgaray se le pasaron los grados de frialdad en su trato con los empresarios.

Todo esto ha generado enojo con el principal funcionario económico del gobierno de Peña. No es un problema menor porque la comunidad empresarial tiene un gran poder: el del capital. Los hombres de negocios votan invirtiendo. Si están contentos con un gobierno, meten más dinero para hacer crecer sus negocios. Si no lo están, dejan de invertir. En este momento, como muchos están enojados, han parado sus inversiones, lo cual ha tenido un efecto negativo en el crecimiento.

 Twitter: @leozuckermann

 

Fuente: Excélsior

 

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