Periodistas, impostores, mercenarios…

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La crítica del presidente Andrés Manuel López Obrador a Carmen Aristegui, a quien tanto elogiaba, y a otros periodistas y medios de comunicación hace oportuno revisar también, integral y honestamente, el trabajo de los profesionales de la información en los tres años del gobierno actual y contrastarlo con los gobiernos anteriores.

         Definirse a favor o en contra de Aristegui o del presidente de la República puede servir para afianzar las percepciones amoldadas a la coyuntura y al oportunismo —los que antes la detestaban, ahora la aman y viceversa—, pero no es útil para evaluar nuestro trabajo periodístico que tiene, ni modo, una historia de mentiras y manipulación, y que se ha poblado de mercenarios que hasta confunde artículo con editorial y columna.

Cómo puede iniciarse una nueva etapa en el ejercicio del periodismo y su relación con todos los poderes —políticos y también económicos— si no somos capaces de identificar con sinceridad las dolencias de nuestra profesión, tan mezquina y proclive al viejo apotegma de “perro no come carne de perro” que encubre prácticas viles.

Para empezar, los periodistas —no los comediantes ni impostores— debemos definir si en México tiene vigencia plena la libertad de expresión y si el gobierno de la República la ha acotado ilegalmente, con represión y censura, y/o sutilmente, como el condicionamiento de la publicidad oficial o los señalamientos del Presidente.

Salvo pruebas en contrario, en los tres años de gobierno no hay un solo periodista despedido de un medio de comunicación por orden o presión del gobierno federal o de López Obrador. Tampoco hay uno que, por persecución gubernamental, haya salido del país o de su ciudad, y menos uno que por la misma razón haya perdido la vida.

No puede decirse lo mismo en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, sólo por citar a los más recientes, como lo acreditan los embates contra Aristegui y contra muchas víctimas que fueron ignoradas porque eran aduladores del poder.

Existen, en efecto, señalamientos hostiles del presidente López Obrador contra periodistas y medios, como Carlos Loret de Mola, Reforma y El Universal, por ejemplo, a partir de que han publicado información que él considera o es a las claras manipulada o falsa, y éstos mismos, sin que nadie se los impida, le reviran. Yo también lo he hecho por la convicción que expuse en “El periodismo ante el poder”: http://bit.ly/2DmvX1y

El tema es si la información que publicamos como periodistas y medios —información, no opinión— es veraz, imprecisa o falsa, y si admitimos que nos equivocamos en vez de disfrazar el error de persecución política.

Sí: La actividad periodística es falible. Los periodistas nos equivocamos por muchos motivos, desde la novatez hasta el apremio. El problema no es el error por ineptitud —que se corrige estudiando—, sino cuando se manipula y/o miente de manera deliberada.

Y cuando el periodismo manipula y miente por consigna política y empresarial —que también reparte dinero a trasmano— alcanza toda su pestilencia.

POR ÁLVARO DELGADO
DIRECTOR DE INVESTIGACIÓN EN EL DIARIO DIGITAL “SIN EMBARGO”
PERIODISTA.ALVARO.DELGADO@GMAIL.COM
@ALVARO_DELGADO

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