Ni un peso al Teletón

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Por John M. Ackerman
El Patronato del Teletón está controlado por los hombres más ricos y poderosos del país, incluidos Emilio Azcárraga, presidente de Televisa, y Carlos Slim, presidente de Telmex, Telcel y Carso. Los ciudadanos que trabajamos arduamente todos los días para alimentar a nuestras familias no tenemos por qué donar nuestros pocos ahorros para purgar los pecados y limpiar las conciencias de los dueños del país, cuyas principales actividades son jugar golf, abrir botellas de champaña y hojear los estados financieros de sus negocios multimillonarios.
Si Azcárraga y Slim quieren ayudar a los niños discapacitados, que lo hagan con su propia fortuna, sin chantajear a la población mexicana, sin evadir impuestos o desperdiciar dinero en costosos circos mediáticos. Y si los ciudadanos del país se sienten comprometidos a respaldar a los menos favorecidos, existen miles de formas de apoyar directamente a los vecinos, familiares, amigos o colegas en problemas sin tener que pasar por los malos oficios de Televisa y Telcel.
Existe, sin duda, una grave crisis humanitaria en México. Más de 50 millones de pobres no tienen suficientes ingresos para satisfacer sus necesidades básicas. La situación de los niños discapacitados o con cáncer es particularmente escandalosa ya que el colapso de los servicios públicos durante la larga noche neoliberal los ha dejado en un estado de total abandono.
Sin embargo, la solución no se encuentra en reemplazar la responsabilidad del Estado para atender a los más vulnerables con las limosnas de las empresas monopólicas del país. El artículo 4 de la Constitución señala sin rodeos que “toda persona tiene derecho a la protección de la salud”. El hecho de que el gobierno no cumpla con esa tarea se debe precisamente a oligarcas como Azcárraga y Slim. Dejemos de alimentar a los monstruos que generan nuestra desgracia y trabajemos juntos para lograr un nuevo régimen donde el Estado cumpla con sus obligaciones.
Los oligarcas y sus empresas utilizan una infinidad de exenciones, trucos y paraísos fiscales para reducir al mínimo sus contribuciones al Estado. También intervienen en la política nacional para garantizar la continuidad de las políticas neoliberales que dan la espalda a los discapacitados.
Además, los dueños del país reciben contribuciones millonarias del Estado por medio de la contratación de publicidad gubernamental y obras públicas, así como con el otorgamiento de generosas concesiones para la explotación de recursos nacionales y del espectro radioeléctrico. En lugar de pedirnos donar dinero a los más ricos, nosotros deberíamos exigirles a ellos que contribuyan al desarrollo nacional.
En un Estado democrático, todos tenemos la obligación de contribuir para resolver las necesidades generales de la población. En particular a los más afortunados corresponde contribuir con el sector público para que el Estado pueda invertir en servicios indispensables para el desarrollo nacional, como carreteras, drenaje, salud, educación, atención a discapacitados, etcétera.
Pero en un contexto oligárquico, como el que hoy tenemos en México, todo se encuentra de cabeza: El Estado aporta recursos a las empresas monopólicas. Las insultantes donaciones que realizan las instituciones públicas directamente al Teletón constituyen una confirmación de este fenómeno.
Televisa tiene miedo. El año pasado no se alcanzó la meta de recaudación para el Teletón, y de último momento tuvieron que maquillar las cifras para simular que la población mexicana aún confía en este consorcio mediático. La cara de su vocero, Carlos Loret de Mola, al igual que la de sus acompañantes la noche del cierre del Teletón 2014, evidenciaron su profunda decepción y preocupación con los resultados. Cada día menos personas creen en las mentiras de Televisa y recurren a fuentes alternativas de información.
Es por ello que ahora Teletón ha gastado tanto en una indignante campaña propagandística a favor de sí misma. Como si se tratara de una campaña política, buscan chantajear a los mexicanos para obligarlos a donar sus pocos ahorros al proyecto privatizador. También han lanzado un ejército de #TelevisaBots para intimidar e insultar a quienes expresamos críticas hacia el proyecto.
Pero Televisa y Carlos Slim cavan su propia tumba. Entre más gastan en promover el proyecto, más clara queda la estafa que es el Teletón. Las donaciones de los ciudadanos despistados ni siquiera servirán para apoyar a los centros de rehabilitación privatizados, sino que serán arrojados al hoyo negro de la propaganda y la autopromoción.
No tiene ningún sentido destinar un solo peso a financiar los anuncios del Teletón. Regalar nuestro dinero a Televisa o a Telcel es como votar por el PRI. Dejemos de amar a nuestros verdugos y asumamos nuestra responsabilidad de participar en la construcción de una nueva República, donde todos los niños discapacitados y jóvenes enfermos tendrían garantizada una atención especializada de calidad, tal y como lo mandata nuestra Constitución.

www.johnackerman.blogspot.com

Twitter: @JohnMAckerman
 
(C) John M. Ackerman, todos los derechos reservados
Publicado en Revista Proceso No. 2039

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