Militarización fronteriza

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Ana María Aragonés

Parecería que uno de los principales obstáculos entre republicanos y demócratas para acceder a la regularización de los 11 millones de trabajadores indocumentados que se encuentran en Estados Unidos tiene que ver con la exigencia de los primeros de llevar a cabo un extraordinario refuerzo fronterizo antes de que estos trabajadores puedan acceder a la residencia.

Los congresistas republicanos Bob Corker, de Tenesi, y Joan Hoeven, de Dakota del Norte, están planteando la construcción de 700 millas de cerca fronteriza y el incremento de 20 mil agentes de la Patrulla Fronteriza, además de poner un importante número de aviones no tripulados, los llamados drones. Su propuesta también incluye radares para detectar movimientos y cercas optimizadas con sensores. En este sentido, el senador conservador Lindsey Graham afirma que hay una clara intención de militarizar la frontera, lo cual, señala, es correcto para evitar una tercera oleada de migrantes indocumentados.

Sin embargo, hay visiones aún más conservadoras que la de estos republicanos, tal como la de Mark Krikorian, director del Centro de Estudios Migratorios (CIS, por sus siglas en inglés), autor que se ha destacado por su posición furiosamente antinmigrante. En su artículo The border security ruse prácticamente se burla de la propuesta de estos legisladores, pues señala que se trata simplemente de buscar convencer a los legisladores republicanos que siguen reacios a aceptar la amnistía de los trabajadores indocumentados.

En primer lugar porque lo que están planteando los legisladores Corker y Hoeven son objetivos y no requisitos y, por tanto, no son una condición para que los trabajadores se beneficien con la amnistía. Por otro lado, Mark Krikorian afirma que el propio senador Corker señaló en un programa de radio (MSNBC), que no hay por qué preocuparse del refuerzo fronterizo, pues reclutar 20 mil agentes para la Patrulla Fronteriza no se puede hacer en un corto periodo, y si bien considera que es necesario incrementar los miembros de ese cuerpo de seguridad, puede tomar más de una década sólo para entrenar 10 mil.

¿Se trató simplemente de sacar este número del sombrero como una manera de deslumbrar a aquellos que se preocupan por la seguridad como supuestamente afirmó Corker en esa entrevista? Para Mark Krikorian esta propuesta es una farsa y, si piensa que el pueblo estadunidense va a votar por ella, entonces cree que son unos tontos crédulos.

Como se observa, parecería que las diferencias aun entre los propios conservadores son tan profundas que, planteen lo que planteen, no hay forma de llegar a ningún consenso acerca de la importancia de lograr una reforma migratoria que sea aprobada por el Congreso antes de su receso, el 2 de agosto.

Lo que es un hecho es que la propuesta de militarización de la frontera no es nueva. Timothy Dunn, destacado investigador de la Universidad Salisbury, Maryland, en su libro The militarization of the US-México border, 1978-1992: low intensity conflict doctrine comes home, analizaba precisamente la forma en la que Estados Unidos, ya desde esas fechas desarrollaba esta opción en la frontera, alternativa que por supuesto se ha mantenido sin pausa, sobre todo con los refuerzos fronterizos llevados a cabo por Bill Clinton en la última década del siglo pasado.

¿Y cuál ha sido el resultado? Que la migración de trabajadores indocumentados no sólo se ha mantenido, sino que se ha incrementado en forma extraordinaria, al grado de que ha alcanzado los 11 millones de migrantes, de los cuales casi 7 millones son mexicanos. No han importado los refuerzos fronterizos, con incremento de agentes de la Patrulla Fronteriza, bardas y muros cada vez más largos y altos, etcétera. Todo ello nos indica que si hay trabajo en el polo de destino y no hay quien lo ocupe, los migrantes lo harán. Y que lo que inhibe la migración es la falta de empleo en el país de acogida, como se demostró en la crisis 2007-2009, al punto de que se llegó a hablar de migración cero.

La migración de trabajadores indocumentados es producto de la incongruencia entre las condiciones económicas del país de destino y la falta de visas que respondan a las necesidades del mercado laboral. Situación que no parece resolverse en la propuesta de reforma migratoria, por lo que Estados Unidos mantendrá a un conjunto laboral de enorme vulnerabilidad, los indocumentados que se encuentran en ese país y que tendrán que esperar 13 años antes de poder intentar cambiar su situación y por otro lado, recibirán otros trabajadores, muchos de los cuales serán indocumentados, a los que se les pagará un costo unitario laboral aún más reducido. Y en eso consiste su importancia.

amaragones@gmail.com

Fuente: La Jornada

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