La fotógrafa que les puso sonrisa a los enmascarados del ébola

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Para la artista estadounidense Mary Beth Hefferman, ante la crisis de la epidemia de ébola en África y viendo a los trabajadores de salud con sus aparatosos trajes protectores, era obvio preguntarse: “¿Por qué no se ponen una foto por fuera?”.

Hefferman veía la fotografía del rostro por fuera del “temible traje” como una manera obvia de humanizar la traumática situación que padecían los enfermos.

“Tuve un deseo increíble de actuar. Dejé el resto de mis proyectos, los puse a un lado y me metí por completo en esto”, le contó Hefferman a BBC Mundo.

Así viajó a Liberia para “ponerle rostro” a los trabajadores de los centros de tratamiento de ébola.

“Fotografié a los trabajadores de salud, les decía que si miraba a la lente se verían como si estuvieran mirando al paciente y que intentasen poner la expresión que querrían que viera el paciente si no estuvieran bajo ese temible traje protector: la mayoría sonreía”, dice Hefferman.
“Intuitivamente se ponían la foto en la zona del corazón. Era como yo lo había previsto. Lo hicieron sin que siquiera les enseñara los materiales que había preparado. Como que sabían que eso tenía sentido”.
“Una sí que se lo puso en la frente. Pensé que era original. Me resultó original porque cuando estaba ensayando la idea, lo probé, pero al final decidí que por la zona del corazón sería lo más fácil para que lo vieran los pacientes, sobre todo los que estaban recostados”.
“La primera vez que los pacientes veían las fotos comenzaban a sonreír. Incluso uno los reconocían del pueblo. Se daban cuenta y les decían: ‘Oh, yo te conozco'”.
“Otros decían que les encantaba ver las fotos, que no sabían si eran hombre o mujer, o si era joven o mayor. Y decían: me gusta mucho poder ver tu apariencia”.
Hefferman estuvo en Monrovia entre febrero y marzo de este año con una simple cámara digital y una impresora con la que no necesitaba computadora. Allí los dejó.
Los trabajadores han continuado enviándole las imágenes que siguen tomándose para seguir haciendo un poco más personal el contacto con los pacientes del centro de ébola. “Para mí eso fue el verdadero éxito”, dice Hefferman.

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