Juan Gabriel, el rostro de un país

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Por Luis Javier Valero Flores

Pocos, muy pocos artistas podrán ser tan representativos de un pueblo como Juan Gabriel. Su vida es la de una auténtica tragedia, la vivida –la que viven– por millones de mexicanos; los más pobres, los más marginados; pero también aquellos que, contando con un ingreso, éste es más que insuficiente.

La vida de Juan Gabriel es, también, la historia de los niños de la calle; la de los niños abusados por infinidad de léperos; la de quienes sufrieron agresiones indecibles en su tránsito por la calle, acrecentadas por las formas amaneradas de Juan Gabriel y, además, por sus preferencias sexuales, las que, incluso en las etapas iniciales de su vida exitosa como cantautor, fueron motivo de discriminación y exclusión.

Los primeros años de Juan Gabriel son la vívida imagen de la vida de los millones de migrantes, de las decenas de millones de familias campesinas protagonistas de la diáspora mexicana, víctimas de un régimen incapaz de ofrecer condiciones dignas de bienestar a la mayoría de los mexicanos.

Así, Juan Gabriel, integrante de una numerosa familia, disminuida casi a la mitad por la pobreza; enseguida migrante y más pobre habitante de Juárez, niño recluido en un orfelinato, luego niño de la calle; amigo de gays, prostitutas y adictos, también de la calle; cantante permanente y casi repudiado artista homosexual, se convierte en uno de los íconos de la cultura popular mexicana merced a un rasgo también típicamente mexicano: el de reírse de la muerte y de la adversidad, el de sobreponerse a todo con humor e ingenio, con cordialidad y mucho afecto.

Si a todo lo anterior le sumamos un indudable talento artístico, que no es el de los creadores de las “bellas artes”, el de los creadores de la música clásica, ni el de los poetas clásicos, sino el de la vena popular, el de las rimas simples, de la letra sencilla, con un muy pobre léxico, pero con un enorme sentido rítmico y, además, enormemente expresivo del patrón de sentimientos de los mexicanos; tanto, que su éxito abarca a prácticamente a todos, salvo contadísimas excepciones, hasta lograr que toda una nación cantara con él, y más allá, a prácticamente todo el continente.

Se convirtió en el referente musical de México; así se referían a él, el cantante mexicano cuya obra musical es, quizá, la más vasta de creador nacional alguno.

Es tan representativo de lo mexicano que hasta en las preferencias políticas se asemeja a lo que fue durante largas décadas la realidad del país del partido casi único, en el que el PRI era el referente del poder en México y que era extremadamente cautivador hacia quienes, como Juan Gabriel, se convertían en ídolos populares.

Por ello no es sorprendente que los ídolos de los 60 en adelante, entre ellos Juan Gabriel, Antonio Aguilar, Vicente Fernández, entre otros, formaran parte del elenco usado por el PRI para mantener su hegemonía y que, incluso, se sintieran parte del “sistema”.

Pese a ello, el culto del mexicano a Juan Gabriel, no sólo se mantuvo en la etapa de la alternancia partidaria, sino que superó hasta, por ejemplo, el extendido rechazo de los chihuahuenses al gobernador César Duarte, quien se convirtió en uno de sus más entusiastas seguidores, lo que posibilitó que, como nunca, Juan Gabriel le cantara a sus paisanos adoptados, los chihuahuenses.

Más allá de las preferencias políticas, los chihuahuenses, los mexicanos se entregaron a quien fue uno de sus más queridos ídolos.

Sin embargo, con su muerte se destapó, de manera muy extendida, un deplorable lenguaje homofóbico con motivo de su relación con César Duarte, a través de los memes que circulan en las redes sociales, en los que el acento, la intención es descalificar, no al artista, sino al político, al que se le intenta endilgar una supuesta homosexualidad para expresarle su repudio, en una aterradora regresión a ese pasado en el que, para criticar a los políticos y demostrar que eran nocivos para la sociedad, se les tachaba de homosexuales.

¡Qué lamentable! Justamente en momentos en que arrecia el lenguaje homofóbico y la intolerancia y se rinde un muy merecido homenaje a Juan Gabriel, no solamente en la radio y la televisión, sino, fundamentalmente en cada casa, y en cada reproductor de música en el que se escucha alguna canción del nacido en Parácuaro.

Por eso, mejor, cantemos:

… Para qué tanto problema

No hay como la libertad de ser, de estar, de ir

De amar, de hacer, de hablar

De andar así sin penas

Pero qué necesidad,

Para qué tanto problema,

Mientras yo le quiero ver feliz, cantar, bailar

Reír, soñar, sentir, volar…

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