“Estamos mal, muy mal”, acusa Zedillo

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En México “estamos mal, muy mal, en materia de estado de derecho”, aseguró este jueves el expresidente Ernesto Zedillo. En el combate a la inseguridad y a la impunidad, agregó, “algunos golpes efectistas, espectaculares, posiblemente pueden servir de algo”. También pueden ser “un primer paso”, loables, los llamados a un “Pacto por la legalidad y la seguridad”.

Pero nunca son suficientes, dijo Zedillo, porque “al final de cuentas lo que cuenta, lo que vale, lo que perdura, lo que es sostenible, es la construcción de instituciones, de instituciones que funcionen”.

Nunca se refirió abiertamente el expresidente –que gobernó al país de diciembre de 1994 a noviembre de 2000– a la llamativa y mediática aprehensión, el martes 4, de José Luis Abarca, exalcalde de Iguala, Guerrero, y su esposa –implicados en la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa–, ni al llamado del presidente Enrique Peña Nieto, un día antes, a un pacto por la seguridad y la vigencia del estado de derecho en el país.

Pero la alusión era obvia.

Ernesto Zedillo participó este miércoles, junto con Alan García y Sebastián Piñera, expresidentes de Perú y Chile, respectivamente, en el panel “Productividad, clave para el desarrollo sostenible”, dentro de la “Sesión Plenaria 2014” del Consejo General de Banorte, en donde participaron consejeros regionales, todo el cuerpo directivo, accionistas y clientes relevantes del grupo financiero.

El panel iba a girar sobre temas económicos, como su nombre indicaba, pero derivó en temas de seguridad y estado de derecho.

Fue Alan García, dos veces presidente de Perú, quien desvió el tema. Al hablar sobre México, dijo que según “las informaciones mundiales” uno se entera de “este sobresalto (que vive México), que llega a todos los hogares, respecto de la seguridad y al costo de la inseguridad y la violencia”.

Entonces fue cuando dijo que lo que hacía falta en México era “hacer una fuerte demostración de autoridad democrática”, que el gobierno “debe mostrar al pueblo medidas fuertes que quiten esa sensación térmica que obstaculiza la ilusión del futuro a través de las reformas económicas”.

Más llano: la inseguridad y la violencia obnubilan y hacen ver pequeñas a las reformas que ha emprendido el gobierno de Peña Nieto.

Abundó el peruano en que “la autoridad democrática –no el autoritarismo– debe ser ejercida con toda la fuerza de la ley”.

Más: “Este es –en México y en nuestros países– un momento extraordinario para demostrar autoridad democrática y hacer una ruptura de paradigma: cuando el federalismo se vuelve invertebrado o fragmenta a la nación, cuando las familias sospechan de las autoridades, le toca a quien conduce (el gobierno) dar un fuerte golpe”.

A partir de lo dicho por García, fue cuando Zedillo Ponce de León subestimó los “los golpes efectistas y espectaculares” y los llamados a un pacto por la seguridad, que pueden servir de algo, pero que son insuficientes.

Abonó en la discusión el moderador del panel, el presentador estrella de Televisa, Joaquín López Dóriga, cuando dijo que “la corrupción es un aspecto fundamental que corroe a todos nuestros países”.

Y Zedillo volvió a la carga. Dijo que es un error considerar a la corrupción como el único problema o el problema fundamental de México y muchos países de América Latina.

Ojalá, dijo, “que nada más fuera la corrupción el problema del país. Pero la corrupción es sólo un aspecto de nuestra enfermedad más grande, que es la debilidad de nuestro estado de derecho”.

“Porque –explicó–, por definición, si tenemos leyes y hacemos valer esas leyes, y hacemos valer el principio de igualdad ante la ley, los corruptos estarían donde deben estar: en la cárcel.

“Pero no están en la cárcel, primero, porque en buena medida han tenido la capacidad de capturar ciertos aspectos del sistema económico y del sistema político, violando ciertos principios del estado de derecho.

“Y segundo, aun cuando no hayan capturado eso, tienen (los corruptos) la oportunidad de hacerlo, porque sabemos –que no es el caso privativo de nuestro país, desgraciadamente es en muchos países— que cuando el estado de derecho es débil, pues la justicia tiene un precio, y eso es una tragedia. Pero el gran tema es el estado de derecho”.

Reiteró que “mostrar la autoridad a través de una acción o un conjunto de acciones efectivas — como sugería el expresidente peruano–, puede ayudar, pero francamente el problema es mucho mayor”.

Dijo: “El problema, insisto, es un tema de construcción institucional, es un tema de reconstrucción de una cultura de apego al estado de derecho por parte de la autoridad y por parte de la ciudadanía; es un tema de formación de recursos humanos; es un tema de marcarse metas muy específicas.

“Si hoy sabemos que equis porcentaje de los delitos que se cometen en nuestro país no se denuncian porque simplemente la gente piensa que es inútil que se denuncien; si hoy sabemos que un altísimo porcentaje de los delitos que se denuncian en nuestro país no son castigados…

“Bueno, pues tenemos que tener metas, así como en cualquier otro ejercicio importante para la vida de un país o de una empresa, pues tenemos que ser congruentes entre las metas y los instrumentos que tenemos para alcanzar esos objetivos. Entonces yo sería un poco cuidadoso en simplificar esta tarea, porque no es un problema únicamente de voluntad.”

Dijo Zedillo no dudar de que “mi presidente y quienes nos representan en el Congreso de la Unión quieren tener un estado de derecho en nuestro país; no lo dudo, pero se tiene que hacer mucho para lograr eso”.

Tenemos que admitir, autoridades y ciudadanos, que lograr una mejor justicia “cuesta”, advirtió.

“Pero estaremos tomando en serio el tema, y lograremos una mejor justicia cuando estemos dispuestos a invertir lo que se tiene que invertir –que son varios puntos del PIB– para hacer esa construcción institucional, esa construcción de ese capital humano, esa construcción que nos permita realmente hacer valer las leyes y lograr ese verdadero estado de derecho”.

Y en un verdadero estado de derecho, concluyó, el “elemento fundamental es la igualdad ante la ley: que el pobre tenga la misma oportunidad que el rico cuando acude ante la justicia para ser protegido por ese estado de derecho”.

Fuente: Proceso

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