El niño que le quitó la sed a medio millón

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Un niño de 6 años ahorraba cada moneda que le daba su madre por ayudar en las tareas de hogar. ¿Su objetivo? Comprar un grifo. ¿Por qué? Todo empezó cuando su profesora dijo en clase que la mayoría de muertes en África se debían a una mala calidad del agua…

Por Wendy Jewell*

Ryan Heljac, canadiense, tenía sólo 6 años cuando decidió poner en orden su pequeño mundo. Si él podía disponer de agua potable abriendo un pequeño grifo, ¿por qué al otro lado del planeta no podían hacer lo mismo? Con esta lógica aplastante nació “Ryan’s Well” la empresa más fascinante que un niño haya emprendido jamás. Hoy, con tan sólo 17, preside una de las mayores ONG para la implantación de modelos de desarrollo en la crisis de agua. Desde entonces ha dado servicio de agua potable a 600,000 personas.

El magnetismo de sus acciones ha contagiado a miles de empresas y personas mayores que él. Esto ha permitido, a través de lo que Ryan describe como el “Ripple Effect” (Efecto onda), que el sueño de un niño se convierta en realidad.

En 1998, en Ontario, la profesora Nancy estaba dando una pequeña charla a su clase de primer grado sobre las condiciones y salubridad de los estudiantes de su misma edad que vivían en África. Preguntó a sus alumnos si sabían cuál era la primera causa de muerte entre los africanos. Todos los niños se sorprendieron al saber que es la mala calidad del agua lo que diezma las aulas de sus ‘antípodas‘.

Ryan preguntó a Nancy cuánto costaba un grifo en África. Ella contestó: 70 dólares por una bomba extractora.  Al llegar a casa, pidió a su madre el dinero para comprar un grifo y enviarlo por correo. Insistió durante toda la semana por el dinero y le propuso hacer las tareas domésticas durante todo un año para decidir qué hacer con un sueldo. “No lo entiendes mamá”, dijo, lleno de lágrimas. “¡Los niños están muriendo por no tener agua limpia!”.

Ryan aspiró, limpió las ventanas, trabajó y ahorró cada moneda. Su madre, cómplice del juego que no del propósito, le anticipaba las monedas ganadas desde enero de 1998 hasta finales de abril. Susan acompañó a su hijo a la oficina de la Watercan para entregar sus ahorros. La directora Nicole explicó al niño que con 70 dólares solamente se puede adquirir una bomba de mano. Para perforar un pozo se necesitarían unos 2.000. A lo que Ryan contestó: ¿Tendré que hacer más quehaceres entonces?

Nicole Bosley, nuestra segunda cautiva del ‘Efecto onda’, convenció a sus superiores y a la Agencia de Desarrollo Internacional de Canadá para pagar la factura del pozo a medias con Ryan. Lo que dejaba la cifra en 700 dólares de ‘trabajos forzados’ en el hogar de los Hreljac. Una familia de clase media-baja con recursos económicos limitados.

La onda del ‘Ripple Effect’ se propagó por la comunidad y vecindad de Ryan, que no tardó en recolectar el dinero para su primer pozo. La Watercan lo recibió con el director para Uganda de todos sus programas de acción. Eligieron la escuela de Angolo en Otwal para el pozo, una localidad azotada por el SIDA y la sequía donde 1 de cada 5 niños moría antes de cumplir la edad de Ryan.

Pero cuando el niño se enteró de que los pozos se perforaban a mano transformó su obsesión en una nueva onda en busca de los 25.000 dólares que costaba un taladro móvil. Su madre consiguió una entrevista en el periódico ‘Ottawa Citizen’, que desembocó en un documental para la TV y la llegada de cheques y donaciones desde todas partes.

La profesora Nancy inició un intercambio de cartas con los alumnos de la escuela de Uganda y Ryan se hizo amigo de Jimmy, un estudiante que había logrado escapar del Ejército de Resistencia o LRA. El niño canadiense adoptó como suya la imagen de su nuevo amigo. ¿Podría reunirme con él? se preguntaba. Susan y su marido pensaron que quizás cuando su hijo cumpliera los 12. Pero Ryan no podría esperar tanto. El efecto rebote de la siguiente onda atrajo a un adinerado ejecutivo que donó a los Hreljac su tarjeta de puntos aéreos, recolectados en sus infinitos viajes, lo que permitió a Ryan viajar a conocer a su amigo.

Cuando en julio de 2000 Ryan llegó a Otwal acompañado de sus padres, 5.000 niños le esperaban coreando su nombre. “- ¡Saben mi nombre!”, dijo asombrado. “- Todos los que viven a 100 kilómetros saben tu nombre, Ryan” dijo su anfitrión.

Allí le esperaba su amigo Jimmy. Éste agarró de la mano a Ryan y se lo llevó a ’su’ pozo para que pudiera cortar la cinta. Inauguraba entonces el primero de los 432 pozos que a través de 15 países ha perforado con las inversiones de su Fundación.

* Wendy Jewell. Periodista

Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

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