Detroit recuerda el año de trabajo de Frida Khalo y Diego Rivera

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Por JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ

Entre el 21 de abril de 1932 y el 18 de marzo de 1933, durante casi un año, el elefante y la paloma, como les llamaban porque él era un gigantón de 1,86 metros y136 kilos y ella una mujer menuda que medía 1,60 y pesaba 44, vivieron en la ciudad de Detroit (EU), que entonces ostentaba el título de capital mundial de la industria del automóvil.

Rivera y Kahlo se habían casado tres años antes, en 1929. Una foto de la época de Detroit les muestra besándose con ternura bajo los andamios en los que él trabajaba.

La estancia de la pareja en la ciudad es recordada en la exposición Diego Rivera and Frida Kahlo in Detroit (Diego Rivera y Frida Kahlo en Detroit). Se celebra hasta el 12 de julio en el Detroit Institute of Arts (DIA), el museo que respira de nuevo tras haber estado a punto de vender lo mejor de su gran colección (65.000 obras de arte) a raíz de la quiebra del ayuntamiento.

La muestra de los artistas mexicanos tienen el carácter de una reafirmación: Rivera pintó en uno de los patios del museo uno de sus murales más logrados, los 27 paneles del enorme fresco Detroit Industry [la página web del museo ofrece una visita virtual y un tour guiado en castellano específicos sobre la obra].

Patrimonio nacional de los EE UU

La muestra exhibe todos los trece bocetos previos de Rivera para el mural, declarado en 2014 como uno de los hitos del patrimonio nacional de los EE UU, así como 27 cuadros de Kahlo, entre ellos algunos de los que pintó en Detroit, donde empezó a tomarse en serio la expresión plástica y a configurar el lenguaje artístico que la consagraría como una creadora capaz de fusionar poéticamente el sufrimiento, el dolor y la pérdida. Pocos sabían por entonces que la mujer estaba tanteando con el arte: en una entrevista que concedió a un diario de Detroit el titular destacaba, precisamente, que la esposa de Rivera también era pintora.

El 4 de julio de 1932 la pintora sufrió un aborto no deseado en un hospital de la ciudad y perdió toda posibilidad de quedar embarazada nuevamente. Uno de los cuadros de la exposición, Henry Ford Hospital, 1932, el primero que pintó sobre estaño, muestra a Kahlo desnuda sobre una cama con la sábana ensangrentada mientras alrededor flotan figuras anatómicas, entre ellas el feto de Dieguito, como deseaba llamar al niño, enlazadas al vientre de la mujer por filamentos que parecen cordones umbilicales.

‘Una pistola y un frasco de pastillas’

Separados por edad —Khalo había nacido en 1907 y Rivera en 1886— y forma de ser —”el llevaba una pistola; ella, un frasco de pastillas para el dolor”, dicen en el mueso—, eran parecidos en la explosividad del carácter. Mientras vivieron en Detroit se alojaron en el Wardell: cuando se enteraron de que el hotel no aceptaba huéspedes judíos, protestaron y anunciaron que abandonaban el lugar. La empresa cambió de inmediato la política de admisiones para no agraviar a los notables huéspedes.

A Rivera, personaje de grandes contradicciones, no le pareció nada mal, al contrario, recibir el encargo del mural de la familia Ford, propietarios de la gran empresa automovilística que había fundado el magnate Henry Ford, declarado admirador de los nazis, antisemita y anticomunista. Aunque había pactado inicialmente una tarifa de 10.000 dólares por el mural, Edsel Ford, hijo de Henry, quedó tan impresionado con el resultado que el artista mexicano recibió más del doble, 20.889 dólares.

Los bocetos, mostrados por primera vez en 30 años

Junto con siete ayudantes, el pintor trabajó directamente sobre el yeso, utilizando una técnica de pintura al fresco totalmente tradicional. Los 27 paneles que cubren los cuatro lados del patio del museo —algunos situados a cinco metros de altura y la sección más larga tiene casi 23 metros de longitud— son muy frágiles y nunca han sido cedidos a otros museos. Los bocetos de Rivera, que no habían sido mostrados en público desde hace 30 años, fueron digitalizados por primera vez en 2014.

Para Detroit Industry, también titulado Man and Machine (Hombre y máquina), Rivera pasó meses visitando factorías, sobre todo el inmenso complejo de Ford en River Rouge, en el que en aquel tiempo trabajaban 100.000 personas, y tomando apuntes del natural sobre los procesos industriales y las líneas de producción mecanizadas. El artista quería mostrar las conexiones entre los procesos naturales de la Tierra y los logros humanos y estaba muy interesado en la técnica, sobre todo la ingeniería.

El secuestro del bebé de Lindbergh

Al parecer, en los murales hay una referencia, que Rivera nunca confirmó pero tampoco rechazó, al secuestro de y asesinato del hijo del aviador Charles Lindbergh, una de las noticias que mayor conmoción causó en la opinión pública de los EE UU durante la época. El bebé, según la especulación, habría sido el modelo elegido por el pintor para el mural Vaccination.

Kahlo no compartía el fervor de su marido por la ciudad. No le gustaban ni el estilo de vida del país ni la frenética actividad urbana. Durante los meses en Detroit pintó cuadros notables que reflejaron su estado de ánimo. En Autorretrato en la frontera entre México y los Estados Unidos sostiene una bandera de su país natal mientras deja que la enseña estadounidense sea ondeada por las emisiones de grandes chimeneas industriales y en Autorretrato con un mono el animal es una figura simbólica del hijo que nunca podría tener.

También se expone uno de los primeros óleos pintados por la que habría de ser un icono de la pintura mundial, Escaparate de una tienda de Detroit, en el que Kahlo presenta, en un estilo naíf y muy torpe, los objetos que expone una tienda de la ciudad que le llamó la atención. El museo ha seleccionado fotos de sus archivos que muestran a la pareja trabajando y en momentos de ocio.

Pintando a Lenin para Rockefeller

Tras Detroit la pareja fue a Nueva York, donde Rivera había recibido el encargo de pintar un mural para el impresionante lobby del edificio art decó de la RCA (que cambió su nombre en 1986 por el de GE, siglas de General Electric), uno de los rascacielos emblemáticos de Nueva York y corazón del complejo inmobiliario que promovía el multimillonario John D. Rockefeller. Rivera tuvo la osadía de pintar a Lenin en los bocetos, el magnate consideró aquello un insulto y mandó destruir los dibujos. El artista repitió más tarde el mismo mural en el Palacio de Bellas Artes de México.

Fuente: 20MINUTOS.COM.MX

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