Defensa del agua y el estado fallido

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Por Víctor M. Quintana S.

Lo que los últimos días ha cimbrado la capital y los campos de Chihuahua es una de las disputas que configurarán el siglo XXI: la lucha por el agua. Ejidatarios y colonos mestizos, de un lado, exigiendo su derecho al recurso; del otro lado, un grupo de colonos menonitas que llevan años aprovechándose de él. Retrasados, como siempre, dubitativos, no comprometidos, echándose mutuamente la responsabilidad, la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y el Gobierno del Estado.

El problema se originó en los municipios de Namiquipa, Buenaventura y Riva Palacio, en la cuenca del Río Santa Clara-Del Carmen, que fue decretada en veda desde 1955 por parte del Gobierno Federal, cuando se formó el distrito de riego del Carmen. Posteriormente un pequeño grupo de colonos menonitas han estado perforando pozos en las cercanías y han construído más de 150 represas en el río y sus afluentes. Esto ha provocado que, de las 20 mil hectáreas que se regaban en el distrito, luego no se pudieran irrigar más que 7 mil 500 y al año pasado, apenas tres mil. Las perforaciones y represas han hecho que muchos pozos de los ejidatarios y colones estén ahora secos y los que tenían un caudal de 50 litros por segundo ahora cuenten con un máximo de 25.

Muertas de sed sus tierras y hartos de que sus demandas no fueran atendidas ni por CONAGUA ni por el Gobierno del Estado, ejidatarios y colonos de varios municipios del norte del estado conformaron el colectivo Defensores del Agua del Desierto Chihuahuense, presionaron con acciones a las dependencias arriba mencionadas hasta que los hicieron acudir a detener los trabajos de perforación y de extracción de agua y a destruir las represas en los municipios de Namiquipa y Riva Palacio. El contingente que acompaña –y vigila- la acción de las autoridades representa a mil 315 productores de seis comunidades del municipio de Buenaventura y de mil 854 productores de 22 comunidades del municipio de Ahumada.

La batalla de los campos se fue a los medios y al Palacio de Gobierno. Los colonos menonitas, usualmente callados, acusaron de violentos a los líderes de El Barzón y del Frente Democrático Campesino (aunque esta organización no participó en las acciones), tachándolos además de flojos y de borrachos. Algún medio periodístico se basó en ello para emprender toda una campaña de linchamiento contra estas dos organizaciones campesinas y sus líderes, campaña tan intensa como la que semanas antes había emprendido para promover a Peña Nieto.

Los representantes de los menonitas más ricos, con toda candidez, en desplegados y en entrevistas con funcionarios del Gobierno del Estado y de CONAGUA defienden su postura, aducen que todos sus pozos tienen permiso. Cobran su factura electoral: dicen que, ahora sí acudieron a votar, como nunca y votaron por el PRI. Señalan que no podían votar por López Obrador “porque es comunista” ni por Josefina Vázquez Mota, “porque el lugar de la mujer está en la casa”. Atribuyen las acciones del colectivo Defensores del Agua del Desierto Chihuahuense a que su voto no fue ni por el PAN, ni por el PRD. Así de simple, la postura ha logrado ablandar al Gobierno del Estado, que manifestó que no prestará más su maquinaria a CONAGUA a realizar las operaciones.

Sin embargo, la presión de cientos de productores, Defensores del Agua del Desierto Chihuahuense, logró que por fin el martes pasado CONAGUA y Gobierno del Estado se comprometieran a clausurar los aprovechamientos irregulares y se abra una mesa regional del agua para atender la problemática.

El problema de la sobreexplotación de recursos hídricos en Chihuahua es muy añejo, y se ha agudizado con la apertura de nuevas tierras al riego: tan sólo del 2000 al 2012, la superficie agrícola bajo irrigación en la entidad prácticamente se duplicó, al pasar de un cuarto de millón a medio millón de hectáreas en números redondos, lo que implica una sobreexplotación de los mantos acuíferos y de las corrientes de agua. Buena parte de las nuevas perforaciones es llevada a cabo por colonos menonitas acaudalados.

Todo esto se ha favorecido por la negligencia, la omisión o la franca corrupción reinante en CONAGUA, muchas veces coludida con dependencias del Gobierno del Estado. Desde hace mucho, diversas comunidades campesinas y organizaciones como El Barzón han venido demandando el reordenamiento de los acuíferos, la veda total o parcial según la situación de cada uno de ellos, la regularización de permisos, la reforma a la Ley de Aguas Nacionales para acotar la figura de libre alumbramiento, etc. Han presentado múltiples denuncias contra funcionarios de CONAGUA, por el tráfico o la falsificación de permisos de perforación,; han reclamado que la PROFEPA otorgue permisos de cambio de uso de suelo para permitir que terrenos ganaderos sean desmontados para abrirlos al cultivo provocando daños ambientales muy serios; etc. Insisten en que su postura no es racista, no atacan a la comunidad menonita en general, sino denuncian a un grupo de privilegiados que se aprovechan del agua.

Las denuncias que involucran a CONAGUA han sido secundadas en años pasados, por muchos empleados de la dependencia, quienes señalan que el organismo, más que con una visión técnica se maneja como un botín político de la organización de extrema derecha El Yunque, muy fuerte dentro del PAN. Durante el sexenio pasado, denunciaron la colusión de funcionarios de la Comisión con otros del Gobierno del Estado, con “gestores” de programas oficiales y negociantes menonitas de equipo de riego y de bombeo, pero las autoridades no han hecho nada.

Por eso, la disputa por el agua que ahora observamos es otra de las consecuencias de la operación del Estado fallido. Un Estado que en sus tres órdenes de gobierno, por corrupción, por incapacidad o por las dos razones, no ha podido ni querido poner orden para garantizar el carácter público del bien más preciado del planeta en el contexto de la crisis climática y hacer valer los derechos de quienes fueron primero beneficiados con el distrito de riego de El Carmen: los ejidatarios y los colonos que ahora se manifiestan con energía.

Por todo esto, estamos convencidos que tienen razón los Defensores del Agua del Desierto Chihuahuense. La causa que enarbolan va más allá del rescate del agua para sus tierras; luchan por la viabilidad de la vida en esta vasta y sedienta región natural.. Del combate de ellos la Nación debe aprender que, ahora más que nunca, o hacemos que los bienes realmente sean de todos o aceleramos la catástrofe.

 

Cuenta de twitter: @VictorQuintanaS

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