Decisiones: éxitos o desastres

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Por Carlos Murillo González

Ensayo de una nación

Cuántas reformas en tan poco tiempo. Vertiginosas y a la vez tan poco percibidas. Toda una proeza política sin duda. España tardó ocho siglos para romper con el dominio árabe musulmán e independizarse.  México tiene, ¡cuántos siglos! De existir, es joven y vieja a la vez. ¿Cuándo es tiempo de las mutaciones?, ¿cuándo se cierra un ciclo e inicia otro?

El juego de la democracia contemporánea obedece todavía, a los grupos de poder. Las combinaciones son muchas y variadas: desde lo electoral, hasta el intervencionismo militar y un largo etcétera. Lo militar, lo económico, incluso el arte y la cultura, obedecen también a ese juego de poder.  Las religiones, aún con su tufo conservador, por ende son aliadas del poder rígido y vertical.

Enrique Peña Nieto, de quien nos reímos tanto, finalmente se ríe en nosotras, nosotros. Sus reformas a todo vapor, han pasado prácticamente de manera pacífica y ordenada, en nuestras narices, a la vista de todos y todas. La pasividad y apatía social frente a este hecho, seguramente terminará por transformar al país en otra cosa, como bien quieren sus dueños. Pero por lo pronto no es noticia importante.

Las victorias implican también la derrota del adversario. La derrota de la sociedad mexicana, incapaz de verse a sí misma como un todo, es el gran derrotado de este asalto a la autonomía del país. Es el tránsito del incipiente ensayo electoral, aspirante a democrático, hoy prematuramente difunto, a un acelerado Estado policiaco en lo social y con total dependencia político-económico de EEUU.

¿Quién iba a decir que el siglo XXI mexicano tendría un abrupto regreso cronológico a la Colonia? De nada han servido universidades ni profesiones,  nos persigue el “síndrome de Estocolmo” y por eso mucha gente rechaza la democracia: por que lo poco que ha conocido, le ha perjudicado. Pero falta ir más allá, a las raíces, comenzando con reconocer el autoritarismo patriarcal del machismo mexicano, que será incrementado por capitalismo neoliberal, también patriarcal.

¿Qué esperar para el 2014? Algunos cambios ya los empezamos a vivir, con la desaparición gradual de los derechos laborales de la reforma laboral. También continuará el etnicidio y ecocidio con la industria la minera y no debe de sorprendernos cosas como la privatización del agua potable (por ejemplo, en Puebla) generando más conflictos, violencia y desplazamientos, como ya sucede en Chihuahua. Ni que decir de la otra estratégica autosuficiencia vulnerada: la incapacidad del país de producir suficiente para alimentar a su población, dependiendo del exterior. El problema irresuelto del combate contra las drogas se prolongará como justificación hacia el Estado militar; el engaño de la recuperación de la paz, robada con el pretexto de la “guerra” por los mismos que gobiernan, seguirá con el discurso de la seguridad, no ciudadana, sino del régimen de quienes la implementan.

No es el mejor de los horizontes para el pueblo de México. Con buena parte de la sociedad despolitizada, resultado de décadas de analfabetismo político, hija programada de la televisión y el consumismo, son ahora las drogas masivas de una sociedad mexicana enajenada,  con el alma perdida en su realidad de costumbres y aspiraciones de doble moral y sufrimiento eterno. Hoy sonríen priistas y panistas por sus miserias, no caben en sí, junto con sus partidos compinches y comparsas, con sus amos nacionales y extranjeros. Ríen también sus subordinados, afiliados y simpatizantes, sus acarreados desechables, aunque no sepan por qué.

En Chihuahua, donde sabemos las afinidades de panistas y priistas por experiencia; donde la izquierda fue perseguida y casi desaparecida; ahora intenta recuperarse una sociedad que descubre en su historia reciente, su presente en conflicto, su pasado heroico y su poder de lucha, pese a la represión, acoso y asesinatos de activistas. La adversidad en Chihuahua se adelantó sólo unos años al resto de los estados mexicanos, pues el neoliberalismo se instaló desde mediados de los años ochenta del siglo pasado y, como verdadero campo de experimentación, hemos vivido un poco de todo y muy intensamente la economía maquiladora, el narcotráfico, el feminicidio, las masacres, el abuso policiaco, el autoritarismo o el fraude electoral.

El triunfo de las reformas peñanietistas, es el triunfo de Salinas de Gortari, de Washington, y en menor medida, de otros ganadores como las fuerzas armadas, que poco a poco van ganando presencia e influencia política o la Iglesia católica, silenciosa en estos momentos tan aciagos en un país predominantemente católico. Las poderosas petroleras transnacionales, seguramente seguirán riendo a carcajadas su gran venganza contra las y los mexicanos, desquitándose de la expropiación de hace 75 años; hoy regresan por todo con la ayuda de políticos y empresarios mexicanos bien colocados en puntos claves de gobierno y empresas.

El pueblo de México es sin duda aguantador. Esta prueba se ve difícil, ¿cuánto tardará este sistema tan contradictorio e injusto en caer? Tantas reformas equivalen a una involución, una dialéctica negativa, sin duda. La síntesis de estos cambios  no tardan en llegar.

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