Ahora, los “barones” de las gasolineras

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Por Jesusa Cervantes

La semana pasada hablábamos en este espacio de la “limpia” que Enrique Peña Nieto y su equipo parecen estar llevando a cabo de la mafia panista que al amparo del poder se enriqueció.

De esa mafia panista que pronto se convirtió en proveedora del gobierno, de aquellos empresarios que reconstruyeron sus negocios al ser rescatados por políticos panistas para luego, mediante un ya conocido y vergonzoso ten percent, lograr entrar a la lista de los “elegidos”, a los que año con año y de manera transexenal se les aseguraron contratos millonarios.

Y para muestra está Oceanografía.

Pero contrario a lo que uno pueda pensar, existe otro tipo de “limpia” que no tiene que ver con simpatizantes de partido metidos a empresarios, donde las siglas partidistas no son motivo de purga sino más bien de grupos empresariales. Y es que el dinero no ve filias ni fobias, sólo ganancias.

Tenemos así a este otro tipo de “limpia” que hace el gobierno de Peña Nieto, aprovechando el que algunos empresarios se han visto envueltos en fraudes descomunales y delitos graves que rayan en delincuencia organizada.

Me refiero a Gasolineras Grupo Mexicano (GGM), propiedad de los hermanos Rodríguez Borgio y Martín Díaz Álvarez, sobrino de Francisco Gil Díaz, exsecretario de Hacienda del gobierno foxista.

Este grupo según se sabe tiene por lo menos 60 estaciones de servicio distribuidas a lo ancho y largo del país. Tan sólo de 2009 a febrero de 2014 –cuando se abrió una averiguación previa contra el grupo por participar de los beneficios de la “ordeña” a ductos de Pemex– logró ventas por más de 11 mil millones de pesos.

Pero, y aquí viene el otro tipo de “limpia” de Peña Nieto y su grupo político, mientras se investiga si estos gasolineros están o no involucrados en la “ordeña” a ductos de la paraestatal y tienen o no vínculos con el crimen organizado, o en su peor caso forman parte de él y no sólo como “clientes”, el gobierno deja el camino libre a otros grandes grupos empresariales del ramo de hidrocarburos.

Me refiere por supuesto a Grupo Energético del Sureste (GES), que tiene por lo menos 40 estaciones de servicio. ¿Se acuerda usted de sus accionistas? Pertenecen a una de las familias más beneficiadas del calderonato, los Mouriño.

Grupo GES, de la familia del extinto Juan Camilo Mouriño, tiene además “tiendas de conveniencia” en cada uno de sus establecimientos.

Los Mouriño, avecindados en Campeche, fueron ampliamente beneficiados por los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, pues les extendieron “franquicias” por parte de Pemex Refinación, como si se trata del bolo de un bautizo: a puños.

Tener una franquicia de Pemex y poder instalar cuando menos 40 estaciones de servicio requiere de muchísimo dinero, no cualquiera, aunque el beneficio es casi inmediato, sobre todo si la gasolina aumenta cada mes, como ocurre en nuestro país.

Pues bien, mientras el gobierno peñista “limpia” el espectro de estaciones de servicio, “ahorcando” a 60 de ellas, (y con esto no estoy tratando de decir que se les permita trabajar a los Rodríguez Borgio, pues si recurrían a la “ordeña” de ductos y obtuvieron ganancias millonarias a costa de los mexicanos, justo es que se les clausure), deja el espacio libre a otros grandes empresarios panistas que de manera poco clara lograron tanta franquicia.

Porque a la familia Mouriño también debieran restarle sus permisos, pues fueron obtenidos mediante el tráfico de influencias. “Barones de la gasolina” como los Mouriño pasan muy pronto de poseer gasolineras a la creación de hospitales. Tal como los Rodríguez Borgio pasaron de aquéllas a los casinos.

A Peña Nieto y su equipo parece no importarles mucho las filias partidistas sino más bien los dueños del dinero. Y con éstos es con quienes hay que hacer negocios, acordar golpes a unos para abrir paso a otros.

En el caso de las gasolineras, sin duda ocurrirá que los 60 puntos de venta y distribución del vital hidrocarburo serán materia de rebatiña, y ahí los Mouriño y su grupo GES estarán sin duda a la expectativa.

Peña Nieto y cualquiera que se diga a sí mismo “presidente de México” debe hacer una “limpia” de todos los grupos que han abusado del poder, que se han enriquecido al amparo de relaciones políticas, y no realizar estas purgas debido a acuerdos empresariales.

A fin de cuentas el dinero, globalizado o no, parece ser lo que mueve a Peña Nieto a renovar la lista de proveedores de su gobierno.

Twitter: @jesusaproceso

Comentarios: mjcervantes@proceso.com.mx

Fuente: Proceso

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