Trump y la historia americana han sido asesinados

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Por Paul Craig Roberts

Cuando Trump fue elegido escribí que era improbable que él tuviera éxito en cumplir los tres objetivos para los cuales él fue elegido:

  • la paz con Rusia

  • la vuelta a casa de los empleos estadounidenses que fueron llevados al extranjero

  • limitar eficazmente la inmigración de gente no-Blanca,

…porque esos objetivos entraban en conflicto con los intereses de aquellos más poderosos que el Presidente.

Escribí que Trump no estaba familiarizado con Washington y fracasaría en designar un gobierno que apoyara sus objetivos. Escribí que a menos que la oligarquía dirigente pudiera poner a Trump bajo su control, Trump sería asesinado.

Trump ha sido puesto bajo control asesinándolo con palabras más bien que con una bala.

Con el despido de Steve Bannon, no hay nadie ahora en el gobierno de Trump que lo apoye. Él está rodeado por generales rusófobos y sionistas.

Pero eso no es suficiente para la Izquierda liberal y progresista. Ellos quieren que Trump sea acusado y expulsado del cargo.

Marjorie Cohn, a quien siempre había admirado por su defensa de las libertades civiles, me ha decepcionado. Ella ha escrito en Truthout – que tristemente se ha convertido más bien en PropagandaOut – que la Cámara baja debe presentar escritos acusatorios contra Trump por su abuso de poder, antes de que él lance una nueva guerra civil y/o nuclear.

Ésta es una conclusión extraordinaria para que la alcance una persona normalmente inteligente.

  • ¿Qué poder realmente tiene Trump?

  • ¿Cómo abusa él de su inexistente poder?

El Establishment dirigente lo ha castrado. Él está neutralizado. Impotente. Él ha sido completamente aislado dentro de su propio gobierno por la oligarquía.

Incluso más asombrosamente, Marjorie Cohn, junto con el 100% de la Izquierda liberal y progresista, están ciegos ante el hecho de que ellos han ayudado al complejo militar y de seguridad a destruir al único líder que abogaba por la paz en vez del conflicto con la otra principal potencia nuclear.

Cohn está tan enloquecida por su odio contra Trump que ella piensa que es Trump quien traerá la guerra nuclear al normalizar las relaciones con Rusia.

Claramente, la Izquierda liberal y progresista estadounidense ya no es capaz de pensar racionalmente. El odio predomina. No hay nada en su léxico sino odio.

La Izquierda liberal y progresista ha degenerado hacia la idiotez. Ellos piensan que están combatiendo al “nacionalismo Blanco” en la Casa Blanca y que Trump es un campeón o el símbolo del “nacionalismo Blanco”, y que no habrá ninguna victoria sino hasta que Trump y todos los símbolos del “nacionalismo Blanco” sean borrados.

Poco entienden ellos realmente.

Ajamu Baraka lo explicita para ellos en CounterPunch.

La Supremacía Blanca, escribe él, es inculcada en las instituciones culturales y educacionales de Occidente.

Los Blancos liberales e izquierdistas son también supremacistas Blancos, dice Baraka, y Trump y la “Derecha Alternativa” son solamente una superficial plataforma útil sobre la cual la Izquierda liberal y progresista estadounidense y supremacista Blanca puede ostentar su aire de superioridad moral.

La conclusión de Ajamu Baraka es que,

“para que el mundo viva, el patriarcado supremacista Blanco pan-europeo y colonial/capitalista de 525 años de antigüedad [desde 1492]debe morir”.

No es difícil ver en esta declaración que el genocidio es la solución para la plaga Blanca sobre la Humanidad.

No es gran sorpresa que la “Derecha Alternativa” sea adiestrada por la propaganda anti-Blanca de la Política de Identidad.

La inmigración de gente no-Blanca acabará con los fragmentos de la civilización europea restante. Todos los datos demográficos actuales indican que toda Europa y Norteamérica, más pronto de lo que usted espera, van a ser ocupadas por mayorías de gente no-Blanca.

El problema no son tanto los inmigrantes mismos sino el que a ellos los Blancos izquierdistas liberales y progresistas les enseñan a odiar a los Blancos. La destrucción de estatuas no terminará con la del general Robert E. Lee.

Thomas Jefferson y George Washington son los siguientes…

Ellos poseían esclavos, mientras que los esclavos de la familia del general Lee fueron liberados por propia voluntad tres años antes de la invasión del Sur que efectuó Lincoln.

Los monumentos conmemorativos de Washington, Jefferson y Lincoln tendrán que ser destruidos también ya que ellos, igualmente, son monumentos al racismo. En efecto, según la Política de Identidad de la Izquierda liberal y progresista, la Declaración de Independencia y la Constitución estadounidense son documentos de la Supremacía Blanca escritos por racistas.

Esto aumenta la acusación contra Thomas Jefferson y añade a todos los Padres Fundadores a la acusación. Todos son culpables de institucionalizar la Supremacía Blanca en Estados Unidos.

El desinformado e indiferente estadounidense promedio puede pensar que esto es un chiste. Pero no. Es la ortodoxia de la clase intelectual estadounidense Blanca. Y es enseñada en todas las universidades.

En Atlanta ellos están hablando de borrar las cabezas de los generales del Sur esculpidos en la Stone Mountain.

El monte Rushmore en Dakota del Sur será el siguiente. Tiene esculpidas en él las cabezas de Washington, Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln. Todos racistas.

Y Roosevelt eran un colonialista e imperialista, además. Lincoln era el peor racista de todos…

El economista e historiador Thomas DiLorenzo nos recuerda que,

“hasta su último día, Lincoln estuvo ocupado planificando la deportación de toda la gente negra que había en Estados Unidos, incluyendo a los esclavos pronto a ser liberados”.

Fuente

Las siguientes declaraciones son todas declaraciones que están en las Collected Works de Abraham Lincoln:

“He dicho que la separación de las razas es la única prevención perfecta de la mezcla… tal separación debe ser efectuada por medio de la colonización [envío de negros a Liberia o América Central]”.

(Lincoln, Collected Works, vol. II, p. 409)

“Seamos llevados a creer que es moralmente correcto, y… favorable a… nuestro interés, transferir al africano a su clima nativo”.

(Lincoln, vol. II, p. 409)


“No estoy ni he estado nunca a favor de producir de ninguna manera la igualdad social y política de las razas blanca y negra…

No estoy ni nunca he estado a favor de hacer votantes o jurados de los negros, ni de capacitarlos para que tengan cargos, ni para que se intercasen con la gente Blanca”.

(Lincoln, vol. III, pp. 145-146)

¿Cómo Lincoln, en vista de sus propias palabras y hechos, consiguió ser el héroe que liberó a los negros de la esclavitud?

La Proclamación de Emancipación no liberó a un solo esclavo, como se quejó el Secretario de Estado de Lincoln.

Aquélla fue una medida de guerra que sólo se aplicó a los esclavos que estaban bajo la jurisdicción de la Confederación del Sur, con la esperanza de instigar una rebelión de esclavos que haría retirarse a los soldados del Sur de las primeras líneas para precipitarse a proteger a sus mujeres e hijos.

En 1861, el año en que el Norte invadió el Sur, el Presidente Lincoln dijo:

“No tengo ningún propósito, directa o indirectamente, de interferir con la institución de la esclavitud en los Estados donde existe. Creo que no tengo ningún derecho legal de hacer aquello, y no tengo ninguna inclinación a hacerlo”.

(Primer Discurso de Inauguración)

En 1862, durante la guerra, Lincoln escribió a Horace Greeley:

“Si yo pudiera salvar a la Unión sin liberar a ningún esclavo, yo lo haría”.

Lincoln fue elevado a la inmerecida posición de libertador de los negros por las mentiras históricas compuestas por los izquierdistas liberales progresistas Blancos que odian al Sur.

Ellos están tan consumidos por el odio que no entienden que el odio que ellos enseñan también los devorará. Ellos deberían leer el libro de Jean Raspail “El Campamento de los Santos” (también traducido como “El Desembarco“).

La gente a la que se le ha enseñado el odio racial no hace ninguna diferenciación entre miembros buenos y malos entre las personas a las que se les enseñó a odiar. Todos son igualmente culpables.

Como un tercermundista me escribió, “Todos los Blancos son culpables”, incluso aquellos como yo mismo que hablan claro contra las atrocidades de Occidente contra los pueblos de piel más oscura.

La Izquierda liberal y progresista estadounidense ha estado durante mucho tiempo ocupada en demonizar a la gente Blanca exactamente como los nacionalsocialistas demonizaron a los judíos y como los comunistas demonizaron a los capitalistas.

Uno pensaría que los izquierdistas liberales y progresistas estarían conscientes de lo que le sucedió a los judíos y a los capitalistas rusos, chinos y de Europa del Este y a la clase media burguesa.

  • ¿Porqué piensan los izquierdistas liberales y progresistas que ellos evitarán las consecuencias de enseñar el odio?.

  • Los sucesos ocurridos recientemente en Charlottesville, ¿qué nos han enseñado además de que el odio expresado por la Izquierda liberal y progresista excede al odio expresado por los propios nacionalistas Blancos?

Cuando se trata de odio, los Supremacistas Blancos son sobrepasados en poder de fuego por la Izquierda liberal y progresista.

El odio es el sello de la Izquierda liberal y progresista estadounidense, y el odio siempre termina en violencia. Los intereses económicos dirigentes del Norte no tenían ninguna disposición a dedicar recursos a una guerra para liberar esclavos.

Ellos querían que la Unión se mantuviera unida de modo que no hubiera ningún competidor por las tierras al Oeste del Missisipi y hubiera así un sector agrario al cual venderle productos manufacturados del Norte protegidos por tarifas contra los bienes británicos de menores precios.

La fuerza de trabajo del Norte no quería ningún esclavo liberado tampoco. Los muy numerosos recientes inmigrantes irlandeses, obligados a salir de Irlanda por la política británica de hambruna, llamaron a la guerra de Lincoln,

“la guerra de un hombre rico y la lucha de un hombre pobre”.

Lo que esclavos liberados significaba para la clase obrera del Norte era una mayor mano de obra y salarios más bajos.

En 1863, cuando los Republicanos aprobaron el borrador [de la Proclamación de Emancipación], los irlandeses en Detroit y Nueva York se amotinaron.

Los alborotadores llevaron su cólera y frustración contra los negros del Norte, muchos de los cuales fueron linchados. No está claro para mí si más negros fueron linchados en el Norte durante la guerra o en el Sur durante la Reconstrucción. Si hay algún monumento conmemorativo a los irlandeses, aquellas estatuas racistas tendrán que ser echadas abajo también.

Quizá hasta la Estatua de la Libertad es racista.

Y no hemos tenido noticias aún de los indios norteamericanos.

En su penosa historia, “The Long Death: The Last Days of the Plains Indians”, Ralph K. Andrist describe el genocidio de los indios de las llanuras por los generales de la Guerra Civil de Lincoln,

  • William Tecumseh Sherman

  • Philip Sheridan

  • Grenville M. Dodge,

…y otros de los primeros criminales de guerra de la época moderna que encontraron mucho más fácil conducir la guerra contra mujeres y niños del Sur que contra tropas armadas.

Contra los indios norteamericanos los generales de Lincoln ahora condujeron una política de genocidio que fue aún más horrible y bárbara que la destrucción hecha por Sheridan del valle Shenandoah de Virginia.

El profesor e historiador de Lincoln Thomas DiLorenzo proporciona una sinopsis del genocidio de los indios norteamericanos aquí.

Durante la presidencia de ocho años del general Ulysses S. Grant, 1868-1876, los generales de la Unión condujeron una política de exterminio contra los indios norteamericanos. Pueblos enteros, cada hombre, mujer y niño, fueron borrados.

La política de tierra quemada del Ejército de la Unión privó de comida hasta la muerte a aquellos indios que escaparon del fuego y la espada.

El profesor DiLorenzo escribe:

“Sherman y las tropas de Sheridan llevaron a cabo más de mil ataques contra pueblos indios, sobre todo en los meses de invierno, cuando las familias estaban reunidas.

Las acciones del Ejército estadounidense correspondían a la retórica de exterminio que manifestaban sus líderes.

Como ya se mencionó, Sherman dio órdenes de matar a todos y a todo, incluyendo a los perros, y quemar todo lo que ardiera para aumentar la probabilidad de que cualquier sobreviviente pasara hambre o muriera de frío.

Los soldados también emprendieron una guerra de exterminio contra el búfalo, que era la principal fuente para los indios de alimento, ropa de invierno y otros bienes (los indios incluso hacían anzuelos de pesca con huesos secos de búfalo, y cuerdas de arco con los tendones).

Hacia 1882, los búfalos estaban casi extinguidos”.


Los guerreros indios que fueron capturados fueron sometidos al tipo de juicios y ejecuciones al que el régimen de George W. Bush sometió a Sadam Hussein:

“Cientos de indios que habían sido tomados prisioneros fueron sometidos a ‘procesos’ militares que duraban aproximadamente diez minutos cada uno, según Nichols (1978).

La mayoría de los prisioneros varones adultos fueron encontrados culpables y condenados a muerte, sin ninguna evidencia de que hubieran cometido algún delito, sino en base a su mera presencia al final de los enfrentamientos”.

En otras palabras, los prisioneros de guerra eran ejecutados, que es la razón por la cual Estados Unidos ejecutó a oficiales alemanes en Nuremberg en 1946.

La masacre de los indios llevada a cabo por la Unión comenzó antes de que la Guerra Civil fuera ganada.

DiLorenzo informa:

“Uno de los incidentes más famosos del exterminio de los indios, conocido como la Masacre de Sand Creek, ocurrió el 29 de Noviembre de 1864. Había un pueblo cheyenne y arapaho localizado en Sand Creek en el Sudeste de Colorado.

A esos indios el gobierno estadounidense les había asegurado que ellos estarían seguros en Colorado. El gobierno los instruyó para que pusieran una bandera estadounidense sobre su pueblo, lo que ellos hicieron, para asegurar su seguridad.

Sin embargo, otra ‘lumbrera’ de la Guerra Civil, el coronel John Chivington, tenía otros planes para ellos cuando él asaltó el pueblo con 750 soldados fuertemente armados.

Un relato de lo que sucedió aparece en el libro ‘Crimsoned Prairie – The Indian Wars on the Great Plains‘ (1972) del renombrado historiador militar S.L.A. Marshall, quien tuvo el título de historiador principal del teatro europeo de la Segunda Guerra Mundial y que escribió treinta libros acerca de la historia militar estadounidense.

“Las órdenes de Chivington eran:

‘Quiero que ustedes maten y saquen el cuero cabelludo a todos, grandes y chicos.’

(Marshall 1972, p. 37)

Entonces, a pesar de que esos pacíficos indios mostraron la bandera estadounidense y banderas blancas de rendición, las tropas de Chivington, ‘comenzaron un día completo dedicado a la sed de sangre, orgiástica mutilación, rapiña y destrucción, con Chivington mirando y aprobando’.

(Marshall 1972, p. 38)

Marshall señala que la estimación más confiable del número de indios muertos es “163, de los cuales 110 eran mujeres y niños” (p. 39).

‘Tras volver a su fuerte, Chivington ‘y sus saqueadores marcharon por Denver, agitando sus trofeos, más de cien cueros cabelludos secos.

Ellos fueron aclamados como héroes conquistadores, lo cual fue lo que ellos habían buscado principalmente’.

Un periódico del Partido Republicano anunció:

‘Los soldados de Colorado se han cubierto de gloria una vez más’.

(Marshall 1972, p. 39)”

DiLorenzo reporta:

“Los libros de Brown y Marshall muestran que la clase de barbarie que ocurrió en Sand Creek, Colorado, fue repetida muchas veces durante las siguientes dos décadas”.

El general Sherman, un criminal de guerra por lejos superior a cualquier cosa que los nacionalsocialistas hubieran sido capaces de realizar, escribió a su esposa a comienzos de la Guerra Civil que su objetivo era el,

“exterminio, no sólo de soldados, que es la menor parte del problema, sino de la gente [del Sur]”.

Su esposa le respondió que llevara a cabo una “guerra de exterminio” y que condujera a todos los habitantes del Sur,

“como los cerdos al mar. Podamos nosotros llevar fuego y espada a sus Estados hasta que ninguna residencia quede en pie”.

(Walters 1973, p. 61)

Thomas DiLorenzo observa que Sherman hizo todo lo posible para aplicar el consejo de su esposa.

El extremo odio y barbarie a los cuales los criminales de guerra del Norte habían sometido a no combatientes del Sur irrumpió con furia sobre los indios de la llanuras.

Distinguidos historiadores militares han descrito las órdenes dadas al general George Custer por Philip Sheridan como,

“las órdenes más brutales alguna vez dadas a tropas estadounidenses”.

Claramente, si estamos echando abajo estatuas, no podemos detenernos con Robert E. Lee.

Tendremos que derribar las estatuas de Lincoln, Grant, Sherman, Sheridan y todo el resto de los criminales de guerra de la Unión que pusieron en práctica lo que ellos mismos llamaron,

“la solución final al problema indio”.

Designar a la invasión del Sur por parte del Norte como una “guerra civil” es una mentira.

El término “guerra civil” es usado para encubrir el hecho de que el Norte inició una guerra de agresión, quitando de esa manera del Norte el pecado de la guerra. Una guerra civil es cuando dos lados luchan por el control del gobierno.

Sin embargo, el Sur no tenía ningún interés o intención de controlar el gobierno en Washington.

Todo lo que los Estados del Sur hicieron fue usar el derecho constitucional de finalizar su asociación voluntaria con otros Estados en los Estados Unidos.

El Sur luchó porque fue invadido. Los habitantes del Sur no consideraron la Guerra de Agresión del Norte como una guerra civil. Ellos entendieron claramente que dicha guerra era una guerra de agresión del Norte.

Tan brutal como lo fue la acción de los ejércitos criminales de guerra de Lincoln para los civiles del Sur, la inhumanidad de la brutalidad hacia la gente del Sur se intensificó durante el largo período llamado la Reconstrucción.

Los Republicanos dirigentes del Norte hicieron todo lo posible para someter al Sur al gobierno de los negros mientras los “políticos oportunistas” (carpetbaggers) del Norte robaron todo lo que pudieron.

Ninguna mujer Blanca del Sur estaba a salvo de ser violada.

Estudiosos de la “guerra civil” me han dicho que hubo ciudades del Sur en las cuales todas las mujeres fueron escondidas en los bosques fuera de la ciudad para protegerlas de los soldados de la Unión Republicana y de los antiguos esclavos a los que los agentes Republicanos de la Reconstrucción animaban.

Lo que le sucedió al Sur a manos de los Republicanos no fue diferente de lo que los rusos y los estadounidenses hicieron en Alemania cuando la Wehrmacht se rindió.

El demonizado Ku Klux Klan fue una organización que surgió para proteger lo que quedaba del honor del Sur contra insoportables humillaciones.

Por consiguiente, durante décadas ninguna persona del Sur votaría por los Republicanos. Los Demócratas perdieron el “sólido Sur” al emular a los Republicanos de la Reconstrucción y otra vez llevando la Reconstrucción al Sur, usando la fuerza federal en vez de la persuasión.

Ya ningún hecho real es enseñado en Estados Unidos acerca de la así llamada “Guerra Civil”. En lugar de la historia real hay sólo mentiras.

En otra contribución, el economista e historiador profesor DiLorenzo explica la verdadera razón de que Lincoln invadiera el Sur. Él muestra que el éxito de Lincoln en conquistar el Sur destruyó el carácter político de Estados Unidos que había sido formado por los Padres Fundadores.

Él también muestra que la política de la Unión de emprender la guerra contra civiles creó los precedentes para los masivos crímenes de guerra de los siglos XX y XXI.

Rara vez surge la oportunidad para adquirir una lección de Historia ilustradora y exacta gracias a un artículo.

Pero eso es lo que el profesor DiLorenzo ha entregado.

Fuente: Biblioteca Pléyades

Trump and American History Have Been Assassinated

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