Jóvenes urbanos en busca de identidad

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En este reportaje se analiza el origen y llegada de los principales movimientos juveniles a México.

Por Romeo Valentín Arellanes

Ciudad de México.- Son visibles en los lugares públicos. Resaltan entre la multitud por sus vestimentas y peinados; son jóvenes que rechazan lo convencional y se reafirman a sí mismos en la compañía de sus pares, crean lenguajes propios que a veces vuelven arte, pero sus valores transgresores suelen provocar rechazo, burlas, prejuicios y hasta violencia en el peor de los casos.

Hay reguetoneros, punks, rudeboys, emos, hipsters, colombias, metaleros, darks, rastas, tribaleros, otakus, cholos, roqueros a secas, roqueros urbanos, rockabileros, hiphoperos, skinheads neofascistas, skinheads antifascistas, mirreyes, frikis y una gran lista de etcéteras con cuantas ramificaciones e hibridaciones se puedan ocurrir.

Suelen mostrar rechazo abierto con las generaciones que los precedieron, y a su vez esas generaciones suelen minimizar y rechazar los nuevos valores que no comprenden.

Pero la existencia de estos movimientos o colectivos juveniles va más allá de la inevitable brecha generacional, porque su justificación es la búsqueda de una identidad y de un sentido de pertenencia a partir de afinidades musicales, actividades, forma de vestir o de ver la vida, y en ese camino marcan diferencia tanto con generaciones previas como con sus contemporáneos.

Coloquialmente se les conoce como tribus urbanas y se atribuye al sociólogo francés Michel Maffesoli el cuño y expansión del término en su connotación actual; pero este investigador de lo cotidiano que declara el fin de la era moderna, no se refiere únicamente a la existencia de movimientos o grupos juveniles en su obra.

De hecho, en su libro “El tiempo de las tribus”, asegura que las sociedades postmodernas en general –y no sólo los jóvenes- se han fragmentado en “tribus” que abarcan todos los ámbitos de la vida cotidiana y que todos pertenecemos a varias de ellas y tomamos decisiones de vida en función de ellas, movidos más por los sentimientos de pertenencia que por la razón.

Por ello usar el término “tribus urbanas” para referirse a únicamente a los movimientos e identidades juveniles puede adquirir un sentido peyorativo y más que servir para describirlos abona a su común estigmatización, asegura el antropólogo Alfredo Nateras, del Seminario de Investigación en Juventud de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Nateras y otros investigadores sociológicos y antropólogos, llaman “adscripciones identitarias”, “culturas juveniles” o “identidades urbanas” a estas agrupaciones de jóvenes, porque coinciden que su principal característica es la búsqueda de identidad propia y el sentido de pertenencia a un grupo.

A su vez el psicólogo social Alejandro Zuvire Cabello, del Instituto de Psicología Clínica y Social afirma que estas formas de socialización son naturales y no deben satanizarse; a lo que Nateras agrega por separado que ante la crisis de la familia como institución estos grupos cumplen funciones materiales y simbólicas de cuidado y solidaridad que la familia dejó de cubrir.

“Se comparte un estilo de vida, gustos musicales, diseños y estéticas corporales que construyen una identidad”, que les da un lugar que las instituciones formales no logran asignarles, añade el antropólogo.

Una descripción de estas identidades la escribió Octavio Paz en 1950, en su célebre ensayo sobre la mexicanidad “El Laberinto de la soledad”, al referirse a los jóvenes de origen mexicano en Estados Unidos conocidos como “pachucos”. Paz dice que ellos “señalan no tanto la injusticia o la incapacidad de una sociedad que no ha logrado asimilarlos, como su voluntad personal de seguir siendo distintos”.

Las identidades juveniles más representativas en México

Hasta 2010, en el país había 36.2 millones de jóvenes –oficialmente se considera joven a quien tiene entre 12 y 29 años- y 27. 4 millones de ellos tenía entre 12 y 24 años, que es la edad promedio de las personas que se adhieren a alguno de estos movimientos o colectivos, pero de acuerdo con el Seminario de Investigación en Juventud de la UNAM no hay cifras precisas ni censos sobre el número de integrantes de estas agrupaciones.

Hay estudios académicos sobre algunas de las más importantes, de otras no tantos, pero abundan en Internet sitios donde los propios integrantes de estas culturas juveniles hacen referencia a su estilo de vida, forma de pensar y música que les gusta. Con base en ello, realizamos la siguiente lista.

Las originarias

Cholos.- Su identidad se reafirma en torno a la mexicanidad y a cuestiones raciales, pues originalmente son descendientes de mexicanos que viven en Estados Unidos, en ese sentido son herederos de los pachucos y el movimiento chicano. Se encuentran principalmente en el sur de Estados Unidos y el norte de México aunque también hay en Nezahualcóyotl, Ecatepec e Iztapalapa en el centro del país. Su aspecto clásico es un paliacate en la cabeza, camisolas de cuadros abotonadas únicamente de la parte del cuello y pantalones muy holgados. La virgen de Guadalupe y los colores de la bandera mexicana son importantes en su iconografía.

Los colombias.- Pertenecen a las colonias y barrios populares de Monterrey, Nuevo León y su identidad se reafirma en su gusto por bailar cumbia vallenata y cumbia sonidera, de ahí que su denominación haga referencia a Colombia, país de origen de la cumbia. Su vestimenta de pantalones aguados, tenis, paliacates y playeras ajustadas. En Monterrey suelen ser discriminados y su gusto musical y aspecto rompe completamente con el estereotipo del regiomontano de sombrero y botas vaqueras.

Tribaleros.- El tribal guarachero es un género musical reciente que básicamente es el ritmo de guaracha y de cumbia interpretado con tornamesas y cajas de ritmos lo que le da un sonido singular que se baila en discotecas. Los que se identifican con el tribal destacan por su aspecto de “norteño futurista” utilizan sombreros texanos, camisas a cuadros de colores brillantes, enormes hebillas en el cinturón, pantalones ajustados y lo más notorio: botas vaqueras con puntas exageradamente largas que suelen brillar en la oscuridad. Los tribaleros se concentran principalmente en Nuevo León y Oaxaca pero su gusto está creciendo.

Roqueros urbanos.- El rock urbano es la versión mexicana del rock clásico. Su singularidad radica en que se canta en español, que no ha perdido la estructura de blues y que sus temáticas tratan sobre los problemas cotidianos de los barrios populares de la ciudad. Quienes se identifican con esta identidad urbana se concentran principalmente en los municipios conurbados del estado de México, como Tlalnepantla, Naucalpan, Nezahualcóyotl y La Paz. Aunque se ha extendido prácticamente a todas las ciudades de provincia.

Las globales

Emos.- La identidad emo se basa en el gusto por un género musical -originalmente llamado emotive-hardcore ahora simplificado a emo- una visión pesimista del mundo y por una estética corporal asexuada que ha causado rechazo de varios grupos. El color básico de su vestimenta es negro, muy ajustada, con accesorios de colores, tenis, se delinean los ojos de color negro. Lo más característico es su peinado, casi siempre con un fleco que les cubre parte del rostro.

Otakus.- La palabra otaku es de origen japonés y literalmente puede significar obsesivo o pervertido. Los adscritos a esta identidad se caracterizan por el consumo “obsesivo” de productos culturales provenientes de Japón como películas Anime, historietas Manga, videojuegos, juegos de rol y música proveniente del lejano oriente sin importar su género. Algunos también buscan literatura japonesa y coleccionan todo tipo de objetos relacionados con ese país. Generalmente no tienen una forma singular de vestir, pero dentro de esta identidad hay una variante conocida como cosplay –moda originaria de Japón- que consiste en disfrazarse como muñecas o como personajes de alguna caricatura japonesa. Es una tendencia global y en México, es común verlos en el centro de la ciudad.

Punks.– Tal vez la identidad punk sea la que más variantes tiene tanto en géneros musicales como en ideologías y actitudes ante la vida, que llegan a ser contradictorias. Los más comunes en México son los anarcopunks, que más que un género musical suscriben la ideología política anarquista , están en contra del capitalismo, la autoridad y el fascismo. Simpatizan con varios movimientos sociales y con el altermundismo. Publican múltiples revistas y blogs por lo que tienen un lenguaje escrito singular, escriben con “k” y “z” en vez de “c” o “s”, fueron los primeros en usar el arroba para evitar el género en los adjetivos. Su música es de estructura sencilla, rechazan la técnica para tocar y tienen un sonido “sucio”, sus letras son politizadas. Aunque el aspecto es muy variado, los típicos visten con pantalones entubados, botas militares, chamarras con estoperoles y parches, así como un peinado tipo mohicano de colores. También existen happy punks o punk rockers, que escuchan un subgénero del punk más melodioso y elaborado, carecen de una ideología política común y tienen un vínculo muy estrecho con quienes practican skate board, ciclismo urbano y otros deportes extremos. Los happy punks se visten como los que practican skate boad, pantalones holgados, playeras de colores y tenis de la misma marca que usan los patinadores.

Cultura del Hip-Hop.- Es una adscripción identitaria de carácter global que tiene su origen en las comunidades afroamericanas de los Estados Unidos. La cultura del hip-hop engloba tanto a la música rap, como al grafiti y al estilo de baile conocido como break dance. En México y otras partes del mundo la música de rap y la práctica del grafiti son muy populares. El hiphopero típico regularmente viste con playeras de futbol americano grandes, gorras de beisbol, pantalones holgados, tenis, usa anillos y cadenas. Sin embargo dentro del hip-hop hay múltiples identidades que rechazan este estereotipo y visten de diversas formas y se adscriben a algunas ideologías políticas.

Metaleros.- También es de carácter global pero la adscripción a esta identidad urbana está casi por completo supeditada al gusto por la música de tipo heavy metal, black metal, death metal, metal sinfónico, épico, folclórico, etcétera. Regularmente a los metaleros les gustan todas las variantes y aunque su aspecto a veces varía de acuerdo al subgénero preferido, en general visten con pantalones de mezclilla, botas negras, playeras con el nombre de alguna banda, chamarras de piel negras, tienen tatuajes y traen el cabello largo.

Oscuros.– Se denomina así a los adherentes a las identidades gótica, dark, vampírica y otras variantes que son muy similares. También es una corriente global marcada por el gusto hacia una música depresiva que en ocasiones tiene influencia del punk, el electrónico y el metal aunque es común que los oscuros también escuchen música clásica como las obras para órgano de Bach, y establezcan afinidades en torno a la poesía, el teatro, la escultura o la literatura de terror y de vampiros. Visten de negro con abrigos y gabardinas, tienen el cabello largo, usan maquillaje blanco y negro, botas. Las mujeres suelen usar faldas rojas o negras, corsette, medias de red y botas. Aunque hay muchas variantes en la vestimenta de los oscuros.

Reguetoneros.- Seguidores del género musical reggaetón, que es una fusión del reggae, el rap y varios ritmos caribeños. Tiene como epicentro comercial a Puerto Rico, sus letras se caracterizan por tener alusiones sexuales explícitas aunque hay varios estilos más cursis. En México sus adherentes provienen principalmente de los barrios populares del centro de la ciudad y la zona conurbada. Su vestimenta es similar a la del hiphopero clásico pero con ropa menos holgada, usan a veces pants deportivos, suelen traer el cabello corto casi a rape, se depilan las cejas con formas extrañas. El estilo para bailar reggaetón se conoce como “perreo” y se baila en pareja. Es básicamente una simulación del acto sexual en el que la mujer lleva la iniciativa. Sobra decir que el perreo ha perturbado a los más conservadores y a los que creían no serlo hasta ver el baile.

Hipsters.- Son jóvenes adultos contemporáneos de clase media y media alta, en su mayoría universitarios con gustos eclécticos, aficionados al arte, literatura, música y cine, prefieren lo alternativo e independiente a lo explícitamente comercial. Son intelectuales o pretenden serlo y también son críticos del sistema. Su atuendo estereotípico está compuesto por ropa que emula modas pasadas, sacos o cazadoras desgastadas, lentes con un armazón grueso de pasta, suelen usar sombreros, a veces usan aretes en la nariz y tatuajes. Sus centros de reunión son la colonia Roma, La Condesa, el Centro Histórico y la Cineteca Nacional.

Los mirreyes.- Son jóvenes de clase alta que se identifican por hacer apología del lujo y de un estilo de vida basado en fiestas. Asisten a los antros más exclusivos del país y las escuelas privadas más prestigiadas. A diferencia de otros jóvenes de clase alta, los mirreyes encuentran su identidad presumiendo sus fotos bañándose en champaña, consumiendo drogas, posando con mujeres guapas o simplemente mostrando su ropa y accesorios nuevos con sus respectivos precios. Su nombre tiene como origen la frase “mi rey”, que es como suelen nombrarse entre sí.

Fuente: Notimex

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