¿Hubo sabotaje en la explosión?

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Metano como causa de la tragedia en el B2 de Pemex: ¿Una explosión sin fuego?

Por Lúar Moreno Álvarez*

Jesús Murillo Karam, procurador general de la república, aseguró esta noche en conferencia de prensa que la causa técnica de la explosión del edificio B2 del complejo administrativo de PEMEX fue una acumulación de gas metano en el sótano del mismo [1].

El metano es un gas incoloro (sin color) e inodoro (sin olor) altamente inflamable al contacto con el aire, razón por la cual ha sido motivo de estudio constante en la industria minera del carbón –donde es conocido como gas “grisú”– ya que ha provocado incontables explosiones fatales a lo largo de la historia, como la de la mina Kozlu en Turquía en enero de este año [2], o las ocurridas en la región de Sabinas (Coahuila) en 2011 y en 2006, donde murieron 65 trabajadores en Pasta de Conchos [3]. Las investigaciones de la ciencia minera han determinado que para que pueda darse una explosión de metano éste debe existir en una concentración de entre 5% y 15% en una mezcla con el aire (siendo la de 9.5 a 10% la de mayor explosividad), ya que en otras concentraciones arde en una llama súbita sin explotar (deflagración) [4]. Cuando existe la concentración propicia de metano, la explosión solamente puede suscitarse en presencia de una chispa, una llama, un arco voltáico, o un objeto con una temperatura mayor a 600 °C durante un tiempo de ignición mayor a los 7 segundos en la mezcla explosiva. Si la explosión ocurre, ésta se desarrolla como una onda de presión repentina seguida de una llama [4]. Debido a que el metano tiene una densidad menor a la del aire, generalmente se concentra en las partes altas de los sitios donde se acumula, por lo que para prevenir accidentes se procura que en las galerías de las minas se establezca una corriente de aire con una velocidad superior a los 0.5 m/s para conseguir un flujo turbulento que diluya el metano de manera más uniforme en todo el volumen de la mezcla, evitando con ello las concentraciones peligrosas y teniendo siempre un valor límite permisible del 1% para la actividad segura [4]. Por carecer de olor, el metano puede producir intoxicaciones o asfixia en los trabajadores por desplazamiento de oxígeno aunque no se presenten todas las condiciones de explosividad [5]. Es por esto que cuando se utiliza como combustible en el hogar o en la industria (donde se le conoce como “gas natural”) se distribuye adicionándole mercaptano, un compuesto sulfurado de olor penetrante que permite detectar las fugas en las tuberías o en los contenedores de forma inmediata [6], ya que el metano puede penetrar al interior de los edificios a través de las grietas y poros de sus pisos y paredes poniendo en peligro a sus ocupantes, motivo por el cual construcciones cercanas a vertederos de este gas como el Dakin Building en Brisbane, California, tienen sistemas de captura y ventilación del mismo en sus basamentos [7].

Los conocimientos sobre el metano aportados por la minería nos permiten articular algunas consideraciones a propósito del reporte técnico de la Procuraduría General de la República:

Si hubo una explosión debida a la acumulación de metano (utilizado presumiblemente como gas natural en el edificio B2), ésta debió suscitarse en una concentración de alrededor del 10% (la concentración que requiere de una menor energía para explotar) en el sótano del edificio, en el que no debieron experimentarse corrientes de aire superiores a los 0.5 m/s para permitir la concentración explosiva mínima. Esto implica que debió presentarse un fuerte olor a mercaptano (olor a gas) en las inmediaciones del sótano del edificio y en el piso superior mientras se daba la acumulación, la cual sólo pudo suscitarse en condiciones de ventilación deficiente (reconocidas por el procurador en la conferencia [1]) y falta de supervisión humana durante un tiempo razonable, lo cual implicaría una negligencia en la disposición de los contenedores de gas y de las tuberías de distribución en el edificio, así como en su mantenimiento.

Una explosión de metano acumulado mayormente por gravedad en el techo del sótano del edificio siniestrado es consistente con la descripción del procurador Murillo Karam que refiere “un efecto en su estructura (del B2), de los pisos del edificio, primero (la explosión) fue hacia arriba y luego vino la caída”, pero es contradictoria con la parte de su relato en la que indica que se trató de una explosión “difusa, lenta, horizontal y […] perfectamente definida característica de las explosiones de gas” que no dejó rastros de fuego ni daño en los oídos de las víctimas [1], como habría de esperarse de la onda de choque y el frente de reacción (la llama) que acompaña a las explosiones de gas metano en galerías con escasa ventilación, aunque posteriormente rectifica al afirmar que algunos de los fallecidos sí presentaban quemaduras debidas a la explosión.

  1. La negligencia implicada en las consideraciones establecidas en (1) así como la evidencia de una llama repentina de corta duración en (2), hacen factible la suposición de un sabotaje a las instalaciones que aprovechara la colocación incorrecta de los dispositivos para manejar el gas dentro del edificio, pues el simple desprendimiento de una sección de los tubos de distribución habría permitido una acumulación rápida del metano en el sótano sin que el olor del mercaptano alcanzara a difundirse por las inmediaciones durante un tiempo suficiente para establecer un estado de alerta general que promoviera la búsqueda de la fuga así como la evacuación del inmueble, suscitándose la explosión sin requerir de un explosivo adicional y sin dejar rastros mayores de fuego, como habría ocurrido en una explosión “lenta” de una mezcla explosiva difusa en condiciones de flujo laminar como la referida contradictoriamente por la Procuraduría en su reporte técnico.

Ya que la hipótesis presentada en (3) implica el conocimiento detallado de la disposición de los ductos de gas en el complejo administrativo, la información proporcionada hasta el momento sugiere que las investigaciones deben concentrarse en agotar la posibilidad de un atentado provocado por una persona muy familiarizada con las instalaciones y el funcionamiento técnico operativo del edificio B2, pero además determinar sin demora las evidentes responsabilidades por negligencia en el diseño seguro y el mantenimiento del mismo.
Referencias:

  1. http://www.24-horas.mx/estallido-en-pemex-fue-por-gas-no-hay-rastro-de-explosivos-pgr/
  2. http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/86f2db93558739997ae92b7ce7d67dcc
  3. http://www.laprensa.com.ni/2011/05/04/internacionales/59445-nueva-explosion-mina-mexicana
    http://es.wikipedia.org/wiki/Desastre_minero_de_Pasta_de_Conchos
  4. http://www.fenalcarbon.org.co/fenalcarbon_2012/memorias/gas_metano.pdf
    http://es.wikipedia.org/wiki/Gris%C3%BA
  5. http://es.wikipedia.org/wiki/Metano#Riesgos_potenciales_sobre_la_salud_.28seguridad.29
  6. http://edant.clarin.com/diario/2000/03/22/e-03901d.htm
  7. http://en.wikipedia.org/wiki/Dakin_Building

Fuente: http://www.colloqui.org/colloqui/2013/2/5/metano-como-causa-de-la-tragedia-en-el-b2-de-pemex-explosion.html

 

* Lúar Moreno Álvarez. Mexicano, Licenciado en Física por la Facultad de Física e Inteligencia Artificial de la Universidad Veracruzana, Maestro en Ciencias (Física) por el Instituto de Física y Doctor en Física Aplicada por la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Sus áreas de interés son la Termodinámica, la Física Estadística, la Óptica y los Sistemas Complejos aplicados a fenómenos biológicos y sociales. Desde el 2010 ha impartido el curso introductorio de teoría de errores para el laboratorio de docencia en Óptica de la FCFM-BUAP, y se desempeña como consultor estadístico independiente en la incitativa privada. 

 

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