El sueño de Luther King (y la Caravana por la Paz)

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Jaime Martínez Veloz

Mientras México se desangra y las calles se convierten en escenario de cruentos combates entre miembros de las fuerzas del crimen organizado y de los diferentes cuerpos policiales o del Ejército Mexicano, la Caravana por la Paz avanza en Estados Unidos en su propósito de poner en la agenda bilateral los temas de las adicciones y la venta ilegal de armas a los grupos delincuenciales, que han contribuido al infierno que ha vivido nuestro país en los últimos años.

La realidad no miente; los temas de la agenda de la sociedad y los movimientos sociales no han estado en la prioridad de las dirigencias partidarias. Mineros, indígenas, pescadores, migrantes, jornaleros agrícolas, trabajadores del campo y la ciudad, mujeres víctimas de la mafia de la trata de personas, familias con desaparecidos y demás, tienen que rascarse con sus propias uñas.

Por ello, el esfuerzo de más de 26 días de los caravaneros por la paz se convierte en estímulo para los movimientos sociales, que están claros de que sólo la movilización y la organización popular y comunitaria serán las que reviertan las actuales tendencias anodinas, monocordes y genuflexas dominantes en las burocracias de las elites partidarias y gubernamentales.

En conferencia de prensa en Álamo, Texas, Sicilia mencionó el propósito de la caravana: dijo que es una forma de llamar la atención de la gente pero, en especial, de los políticos en México y Estados Unidos: nosotros no existimos para ellos, no figuramos en su agenda, pero aun así insistiremos hasta llegar a Washington. Necesitamos hablar de una agenda binacional que nos importe a las dos naciones, ya que de todo lo que está pasando, ni el gobierno de México ni el de Estados Unidos quiere responsabilizarse, y eso es muy grave.

Luego de permanecer en Álamo, la Caravana por la Paz se trasladó a Brownsville, con la finalidad de participar en una vigilia en el parque Lincoln, ubicado cerca del río Bravo. Al concluir la vigilia, la caravana se dirigió al muro de metal ubicado al fondo del parque, mientras gritaban los nombres y las ciudades que han sufrido por la violencia. Permanecieron recargados en el muro varios minutos, en señal de duelo.

La caravana fue recibida en las puertas de la parroquia San Leonardo, con abrazos abiertos y la admiración de los miembros de este templo católico ubicado en el sur de Álamo. Texas ocupa el primer lugar en la Unión Americana con más armas decomisadas en la guerra contra las drogas, y a nivel local, Houston es la ciudad con más armas ligadas a hechos sangrientos en México. En ese lugar la caravana llevó a cabo una acción emblemática, destruyendo cuerno de chivo AK 47 y una Magnum 357. Si no somos capaces de detener la epidemia de la violencia provocada por las armas de asalto y los asesinos que las utilizan, vamos a seguir viviendo en el infierno, declaró Sicilia al concluir dicho acto.

Debido a la alerta del huracán Isaac, la caravana se vio obligada a suspender su visita a Nueva Orleáns, por lo que se adelantó su llegada a la ciudad de Jackson, capital de Mississippi, donde los integrantes de la Caravana por la Paz marcharon cruzando el puente Edmund Pettus, emblemático por la caminata que realizaron el 7 de marzo de 1965 miembros de la comunidad afroamericana, como parte de la lucha por los derechos civiles.

La caravana tuvo un encuentro en el capitolio estatal con líderes de la comunidad afroamericana de Jackson, para crear un movimiento de protesta entre latinos y afroamericanos, pues –dijeron– son segregados de la misma manera. Sicilia señaló que el negocio de las cárceles se basa sobre dicha segregación y está ligado a la llamada guerra antidrogas.

La comunidad de Atlanta, ciudad de nacimiento de Martin Luther King Jr., recibió a la caravana frente a la tumba del máximo líder del movimiento civil afroamericano. Tras depositar una ofrenda floral frente al monumento, los manifestantes marcharon hacia el capitolio estatal con consignas como: si Luther King viviera, con nosotros estuviera

En Chicago, Sicilia declaró: no es azar que lleguemos así a este lugar. Chicago no es sólo la cuna de la arquitectura moderna, el signo del concreto y el acero domesticados por el arte que la Escuela de Chicago entregó al mundo; no es sólo el lugar en que muchos de nuestros migrantes encontraron un sitio donde vivir y ganarse honradamente su pan. Es también el símbolo del gangsterismo y la barbarie que la prohibición del alcohol trajo a Estados Unidos en los años 20, y el signo de esa misma raza extraña, náufraga y solitaria, que durante esa década llevó también, como nosotros hoy, un pueblo de muertos consigo.

La caravana avanzó estos días, acompañada por las palabras del discurso memorable de Martin Luther King: ¡Hoy tengo un sueño! Pronunciado aquel 28 de agosto de 1963 en Washington DC, donde señaló: “Sueño que algún día los valles serán cumbres y las colinas y montañas serán llanos; los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada y se unirá todo el género humano.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres. Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado. Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a ti te canto. Tierra de libertad donde mis antecesores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña que repique la libertad. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

Artículo publicado originalmente en La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2012/09/07/opinion/021a1pol

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