Fanatismo religioso y anticomunismo cobraron vidas en San Miguel Canoa

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Hace 50 años una turba azuzada por el párroco atacó a un grupo de estudiantes

Por Gustavo Castillo García/ La Jornada

Hace 50 años la intolerancia a los grupos opositores impulsada desde el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, el fanatismo religioso y el anticomunismo provocaron en el pueblo de San Miguel Canoa, en Puebla, uno de los hechos más violentos en contra de personas que por parecer estudiantes y pensar que eran comunistas fueron asesinadas por una comunidad azuzada por el párroco.

La noche del 14 de septiembre de 1968, desde un magnavoz que estaba colocado en el centro del pueblo se dejó escuchar la voz de alarma, haciendo saber que allí se encontraban comunistas y que repartirían propaganda. Por tal razón (los pobladores, obedeciendo la voz del párroco) impidieron tal cosa, golpeando a los que en esos momento eran señalados como enemigos de la creencia católica y del buen gobierno, publicó el Diario de Puebla en su edición del 18 septiembre de aquel año.

Dos versiones

Notas periodísticas de la época que se publicaron en algunos diarios nacionales y principalmente en rotativos poblanos refieren dos versiones de lo ocurrido. La primera es que a la comunidad llegaron 10 jóvenes –estudiantes y trabajadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla– que iban de excursión y pidieron alojamiento en la iglesia del pueblo, pero el párroco Arcadio Muñoz se negó a ello, en tanto que un habitante les abrió las puertas de su casa.

Minutos después, el religioso y cuatro fieles tocaron las campanas de la iglesia y convocaron a toda la población porque consideraron que los recién llegados eran comunistas que colocarían una bandera rojinegra en la torre más alta de la parroquia y atentarían contra la Virgen de Guadalupe.

Unas 2 mil personas respondieron al llamado de alerta y con machetes y palos en mano comenzaron a golpear a quienes después se sabría eran trabajadores y estudiantes de la Universidad Autónoma de Puebla que pretendían escalar el cerro de la Malintzin.

La segunda versión señalaba que un grupo de estudiantes intentó robar una tienda, lo que generó la agresión. Sin embargo, el ataque contra los supuestos comunistas duró más de cuatro horas y hasta casi la una de la madrugada del 15 de septiembre la policía local logró controlar a la turba.

La agresión ocurrió en fechas en que el gobierno condenó la colocación de una bandera rojinegra en el asta bandera del Zócalo de ciudad de México, acto que de manera oficial fue atribuido a quienes participaban en el movimiento estudiantil de 1968, pero que de acuerdo con documentos que se resguardan en el Archivo General de la Nación no se descarta que ese acto hubiera sido obra de personal del entonces Departamento del Distrito Federal.

En esas fechas en Puebla, los diarios tenían como notas principales los estragos que habían ocasionado fuertes lluvias en diversas entidades, la detención de un supuesto guerrillero guatemalteco y destacaban en primera plana información relacionada con el movimiento estudiantil en Francia, con títulos como “París está otra vez bajo la guerra fría”; también se publicaba el desarrollo del movimiento estudiantil mexicano, que compartía espacio con títulos como: Abandona Albania el Pacto de Varsovia; En Praga, la bandera continúa a media asta; Hoy, inauguración de las instalaciones olímpicas.

Extranjeros sospechosos

Diez días después de ocurridos los hechos en Canoa, el Diario de Puebla publicó la siguiente información sin firma: Extranjeros sospechosos como turistas, página tres. “Se tiene conocimiento de que están llegando a varias partes de la entidad sujetos extranjeros de ambos sexos, muy sospechosos, haciéndose pasar como estudiantes de diversas facultades internacionales y los que llevan, según dicen, planes de estudio que han cumplir, pero la realidad es que esta situación, tomando en cuenta los últimos actos de hampones internacionales que invaden el país y se dedican a cometer ilícitos actos, deben de tener mucho cuidado los presidentes municipales para identificarlos y vigilar sus actuaciones que pueden traer como consecuencia perjuicios para el país.

“Algunos llegan en automóviles, otros en camiones, haciéndose pasar también como turistas, llevando aparatos extraños pequeños como especie de radios y grabadoras y sus respectivas cámaras fotográficas.

Como nada difícil es que se trate de espías, se espera la acción de las autoridades para mantenerse alerta ante este problema que parece sin importancia, pero que puede ser muy grave en el fondo.

Fuente: La Jornada

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