El atraco en Chihuahua

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Por Luis Javier Valero Flores

Sin duda que el gasto ejercido por el gobierno de César Duarte a lo largo del sexenio anterior, publicado por el gobierno de Javier Corral, es insultante; es un atraco a las finanzas estatales, que muestra a plenitud, con una increíble crudeza, la perversa política de ese gobierno (sin ser el único) en materia de comunicación social y de publicidad gubernamental.

Era uno solo el objetivo: Usar el presupuesto público para intentar crear una imagen de eficiencia y buen gobierno, por medio de la información falseada, ya sea inventada o exagerada en lo logros alcanzados y, al mismo tiempo, para denostar a la oposición (la política, la social, toda) y construir y/o mantener la hegemonía política como fuerza partidista.

Devela salvajemente el patrimonialismo de los regímenes priistas desgraciadamente copiados, (por supuesto, con altibajos y diferencias) casi de manera idéntica por los gobiernos emanados del PAN, PRD, MC y Partido Verde, que ejercen el presupuesto público como si fuera de su patrimonio y que usan, o intentan usar, a los medios de comunicación (y en general al gremio periodístico) como simples correas de transmisión del pensamiento de los gobernantes.

Si en Veracruz el gobierno de Javier Duarte combinó ese mecanismo con el otro, el de la violencia ejercida contra los periodistas incómodos, en Chihuahua, César Duarte utilizó preferentemente el del sometimiento a través del típico premio-castigo a la prensa local. Aplicaron ejemplarmente el dicho del presidente José López Portillo: No pago (publicidad) para que me peguen.

Tal frase refleja la profundidad de la concepción acerca del gasto en publicidad gubernamental. Por una parte, los gobernantes creen que le hacen “un favor” al medio de comunicación y/o al reportero/periodista al otorgarle cuantiosos (y a veces no tan elevados) recursos públicos de “publicidad” y estos creen que han obtenido una graciosa concesión del gobernante en turno.

Es la plena discrecionalidad, porque en los recursos entregados a los medios de comunicación (propietarios o reporteros, a ambos) no existen parámetros que le permitan a la ciudadanía esclarecer las razones para saber el porqué a unos medios de comunicación se les entregan unos dineros y a otros cantidades mayores o menores.

No aparecen –y no es de ahora, o en solamente en el sexenio anterior– los mecanismos mensurables, cuantificables que puedan llevarnos al patrón usado por la Coordinación de Comunicación Social para ejercer el presupuesto asignado por el Congreso del Estado año tras año –que debiera ser como todas–.

El único criterio visible es el descrito por la frase usada por el gobernador Javier Corral en la presentación de los sitios de internet en los que, a partir de la fecha, se publicarán los convenios-contratos de los gastos en publicidad gubernamental: “En esa materia, la política era la de la zanahoria y la del garrote”.

Durante el gobierno de Duarte se aplicó a plenitud la consigna de que los amigos serían los preferidos del presupuesto de Comunicación Social. Personalmente, el ballezano revisaba las listas de los medios de comunicación y fijaba las cifras y los tiempos de los pagos, siempre bajo su personalísimo criterio.

De ahí, por ejemplo, la intensidad de los “rumores” que se presentaban acerca de su supuesta y permanente llegada al gabinete presidencial de Peña Nieto. Desde Palacio se “filtraba” la información para que convenientemente apareciera en las columnas políticas y los reporteros le preguntaran frecuentemente al mandatario acerca de su posible salida del gobierno de Chihuahua y su llegada a la presidencia del PRI, a la Secretaría de Gobernación, a la de Agricultura, etc.

La decisión de Javier Corral, de pretender terminar con esa malsana relación y de transparentar el gasto en publicidad gubernamental, debe ser concretada de la mejor manera posible; no puede caer en la máxima del anterior gobierno, no puede “castigar” a sus opositores y “premiar” a sus panegiristas.

Deberá, en tanto no exista la legislación pertinente (la que debe ser resultado, no de los supuestos “intereses ciudadanos”, sino de la más amplia discusión ciudadana) aplicar criterios que permitan cuantificar adecuadamente los recursos públicos ejercidos y difundir correctamente el ejercicio, tanto por el verdadero impacto de los medios de comunicación, como el de la importancia y características de la información difundida por cada uno de ellos, y en directa consonancia con su compromiso con el fortalecimiento de la cultura democrática, que pasa, necesariamente, por la existencia de medios de comunicación críticos, profesionales y cuyo desempeño pueda evaluarse a través de la información publicada.

Todo lo anterior deberá explicarse nítidamente, porque hay verdaderos monumentos al patrimonialismo y que por las cantidades entregadas a lo largo del sexenio, a cualquier tipo de medio de comunicación, no se tiene la certeza de las tarifas de las planas, o proporción de ellas (en el caso de los impresos), de los banners (anuncios en los portales digitales) o de los spots transmitidos en radio o televisión y, peor, en el caso de reporteros y conductores de radio y televisión cuyos servicios no se pueden cuantificar en materia de publicidad gubernamental.

Por ello sorprende, también, el excesivo número de portales digitales que aparecen como beneficiarios de los gastos gubernamentales, a pesar de que la enorme mayoría de quienes acceden a ellos es un muy bajo porcentaje de la población y, quizá, no pasen de tres decenas los portales realmente existentes en toda la entidad.

O en el caso de estaciones de radio y televisión impedidas legalmente a recibir pagos por publicidad, cosa que cambió, y solamente a partir de esa fecha,  a partir del 5 de octubre de este año, con la resolución de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la que dictaminó que las concesiones de radiodifusión con fines culturales sí podrían vender espacios publicitarios.

Por otra parte, el gobierno deberá entender (y no sólo el actual) que la publicidad gubernamental forma parte de la información pública a la que los ciudadanos, usuarios de algún medio de comunicación, tienen derecho a acceder y que el gobierno deberá emplear mecanismos, –incluso diferenciados, pero cuantificables, mensurables y bajo criterios establecidos– para emplear en ese medio, parte del presupuesto asignado por el Congreso a Comunicación Social y que, disponer de otras cantidades, de partidas ajenas a ese objetivo deberá contar con una estricta reglamentación, la misma que existe para los otros rubros de los presupuestos públicos, es decir, que no puede, arbitrariamente, reasignar partidas, más allá de los límites establecidos por la ley.

Crear la legislación adecuada es urgente pues no basta con la publicación defectuosa de lo ejercido en esta materia por el anterior gobierno.

¿Cuándo publicarán lo concerniente a la compra de medicamentos o de proveedores y contratistas, más allá del simple listado, como en aquel caso, de empresas sin que se puedan identificar los medios de comunicación a los cuales se destinaron los recursos públicos?

Y, además, publicarlas después de hacer las necesarias confrontaciones con toda la documentación existente pues de la primera revisión realizada se advierten claros errores, con la aparición de datos duplicados.

De lo contrario, puede caerse en la descalificación del total de la información publicada, a causa de la aparición de evidentes errores en lo que el gobierno de Corral difundió a principios de la semana y, entonces, dar pie a que la pretensión fue solamente revanchista, esto es, cobrarse los tantos años de bloqueo y veto al hoy gobernante de Chihuahua, Javier Corral.

Fidel. La América de nuestros días no podría entenderse sin la participación viva, directa, de Fidel (Para muchos de mi generación era, así, simplemente, Fidel; nuestros opositores, o algunos de nuestros amigos, para hacernos rabiar, nos repreguntaban ¿Cuál, Fidel Velázquez? Ya sabían la respuesta: Fidel, siempre Fidel).

Como todos los líderes políticos cometió muchos errores, pero su grandeza está determinada por el hecho honroso de haber sido el dirigente de una pequeña nación y de una extraordinaria Revolución que se enfrentó al imperio más poderoso de la historia y salió avante, para ejemplo de millones de hombres y mujeres honrados, luchadores, dignos, libertarios, que han militado en las filas de la izquierda –particularmente la socialista– en la búsqueda y construcción de un mundo mejor, partiendo de la base que es posible.

Dos fotos, de mediados de la década de los 80’s del siglo pasado, retrata a la Revolución de Fidel y del pueblo de Cuba. Se trata de las contenidas en sendos espectaculares con las leyendas: “8.5 millones de niños en el mundo trabajan en condiciones de esclavitud. Ninguno es cubano”. “200 millones de niños en el mundo duermen en las calles, ninguno es cubano”.

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