Campaña de Hillary minimizó el enojo de los blancos

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Por David Brooks

El gran misterio de cómo fue posible que una figura como Donald Trump haya ganado la elección presidencial sigue generando un debate que tal vez nunca llegará a una conclusión, mientras se busca el quién, el cómo y el porqué del veredicto en las urnas que sacudió al mundo.

La composición del voto ofrece algunas indicaciones, y algunos sondeos registran motivaciones, mientras que los expertos, los ingenieros de los sofisticados modelos de pronóstico y sondeos, y sobre todo los grandes estrategas de la derrotada Hillary Clinton y su partido, buscan indagar cómo se equivocaron.

Las estadísticas preliminares no son precisas ya que están basadas sobre todo en proyecciones con base en encuestas a boca de urna u otros medidores que ayudan a calcular el mosaico electoral.

Tal vez el dato preliminar más notable es que se proyecta que sólo un 55 por ciento de los empadronados (aproximadamente 200 millones) votaron en esta elección, el nivel de participación más bajo desde 1996, calculó CNN.

Pero si se mide ante el número total de personas con derecho al voto, solo poco menos del 60 por ciento del electorado total participó, y por lo tanto Trump ganó la elección con el apoyo de un poco más de la cuarta parte de la población con derecho al voto en Estado Unidos.

Vale recordar que la tasa de participación electoral en Estados Unidos está entre las más bajas en el mundo desarrollado, donde durante décadas casi una mitad del electorado opta por no participar por diversas razones (incluyendo la obvia de que no siente que su voz ni voto cuenta en este país).

La clave al triunfo de Trump, coinciden analistas, es un electorado cuya fuerza no fue correctamente calculada por la mayoría de los encuestadores y medios: una clase trabajadora blanca tanto en zonas urbanas como en rurales, pero sobre todo con un nivel de ira mayor de lo pensado contra las cúpulas políticas y económicas.

El triunfo, sorprendente para las elites, fue resultado de que ese voto blanco se multiplicó a favor de Trump al combinarse el voto tradicionalmente conservador y rural del sur y el oeste con el de millones que habían sido una de las bases tradicionales demócratas durante décadas en las zonas industriales del medioeste.

A ellos se refería Trump cuando una y otra vez hablaba del efecto devastador del libre comercio y de “los olvidados” del país.

El equipo de Trump detectó que esta corriente era mayor de lo pensado, y en las últimas semanas de la campaña se enfocó ahí, tanto en su mensaje como en sus actividades, incluyendo visitas del candidato a estados que Clinton y los medios suponían que se estaban inclinados hacia ella, incluyendo Pennsylvania, Michigan y Wisconsin, aun cuando nadie pensaba que los podía ganar (ganó los tres), informó Bloomberg BusinessWeek.

La coalición de votantes, reportó Bloomberg, lo llevó al triunfo transformando las posiciones y bases del Partido Republicano a uno que “es más populista, más rural en carácter (menos sometido a Wall Street) y orientado a una clase de estadunidenses -no todos ellos conservadores o aun republicanos- cuyas preocupaciones no fueron abordadas por los partidos Demócrata y Republicano que se desmoronaron el 8 de noviembre”.

Algunos indican que en parte, este sector fue el mismo que había nutrido la campaña insurgente de Bernie Sanders dentro del propio Partido Demócrata, y que junto con él, varios -desde el sindicato de enfermeras y de comunicaciones, hasta a el cineasta Michael Moore, el legendario periodista Bill Moyers y al ex secretario de Trabajo Robert Reich-, habían advertido que eran claves para esta elección.

Pero la campaña de Clinton suponía que no tenían dónde ir más que con ella, y que su sofisticada maquinaria electoral los llevaría a las urnas. Muchos de ellos fueron, pero no para votar por ella.

A nivel nacional, según las encuestas a boca de urna realizadas para los medios nacionales por Edison Research, Trump gano un 58 por ciento del voto blanco, pero sólo un 21 por ciento del no blanco (el blanco es un 70 por ciento del voto total).

Según esta encuesta, Trump gano un 43 por ciento de los hogares donde había un residente sindicalizado, y la mayoría de los blancos en los segmentos de ingresos inferiores (Clinton ganó a los prósperos).

De cierta manera, esto es el epicentro del sismo político, donde el Partido Republicano se volvió así en el partido de los trabajadores (blancos), pero también ganó el voto blanco de clase media sobre todo en los suburbios.

La mitad de los que votaron por Trump lo hicieron por votar en contra de Clinton, y sólo un 42 por ciento porque lo apoyaban firmemente

La economía fue identificada como el tema más importante para los votantes (un 52 por ciento), y Clinton ganó por 52 a 42 por ciento sobre este tema, pero de los 13 por ciento que indicaron que el tema más importante que enfrenta el país es la migración, Trump ganó a un 64 por ciento de éstos.

El voto latino

Los más sorprendente es que a Trump no le fue peor que al anterior candidato presidencial de su partido Mitt Romney en 2012 entre los votantes latinos y afroestadunidenses, a pesar de pronósticos de que sus declaraciones racistas y sus amenazas contra latinos, mexicanos y musulmanes le costarían muy caro en la elección general.

De hecho, aunque Clinton ganó la gran mayoría del voto latino, en las encuestas de salida es notable de que Trump obtuvo un 29 por ciento de este sector, dos puntos más que Romney.

Sin embargo, el voto latino estaba proyectado para romper récords con más de 13 millones de votos de los 16.2 millones de latinos empadronados, o sea, 2 millones más que hace cuatro años, informó Antonio González, presidente del Instituto William C. Velasquez.

En torno del voto para Trump, González recordó que “existe una derecha en la comunidad latina aquí, igual que hay una derecha en América Latina”, y que no fue notable el voto este año, ya que era consistente con los dos ciclos anteriores.

Las mujeres

La otra sorpresa fue que Trump casi no perdió terreno con el voto de las mujeres comparado con las elecciones anteriores, a pesar de pronósticos de que este sector votaría en porcentajes mucho más elevados por Clinton no solo porque era mujer, sino como resultado de los escándalos de Trump sobre su trato a mujeres, incluyendo agresiones sexuales.

Un 42 por ciento de todas las mujeres votaron por Trump (Clinton ganó el 54 por ciento), y un 53 por ciento de las mujeres blancas votaron por él (mayorías de las mujeres latinas y afroestadunidenses votaron por Clinton).

Trump fue repudiado por amplias mayorías del voto joven, capturando sólo poco más de un tercio de los votantes de entre 18 y 29 años de edad.

Mientras se estudia todo esto, y en las próximas semanas se esperan datos más precisos, todos saben que algo cambió de manera dramática en el mapa electoral de Estados Unidos, y que, ni los expertos, ni la candidata y el equipo con mayor experiencia política, lo registraron. Tal vez deberían de dejar sus pantallas y sus http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/11/11/eu-el-nuevo-mapa-politicoalgoritmos y bajar de sus lujosas oficinas para platicar con la gente en sus trabajos y cantinas de vez en cuando.

Fuente: La Jornada

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