Video tumba aureola a Zerón

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Por Julio Hernández López

Sólo unas horas duró el intento de Tomás Zerón de Lucio de construirse una historia de héroe justiciero que, por ser perseguido por la Fiscalía General de la República, merecería ser acogido en Canadá como refugiado político.

Las publicaciones a modo, en que se mostraba a dicho personaje con tintes supuestamente nobles, fueron arrasadas mediante un video en el que se exhibe a Zerón en pleno ejercicio sombrío y nefasto de la parte menos bestial del sistema institucionalizado de interrogatorios; es decir, del uso de la tortura para extraer información o para hacer que presuntos culpables acepten cargos en los términos que sus captores indiquen.

Dominante y amenazador (a la primera mamada te mato, güey), pero al mismo tiempo generoso oferente de una vía suave de diálogo con un presunto jefe de sicarios del cártel regional Guerreros Unidos, Felipe Rodríguez Salgado, El Cepillo, quien aparece en escena sentado en una silla, con el torso desnudo, la cabeza cubierta, esposado y con toda la apariencia de provenir de una sesión clásica de tortura policiaca física a cuyo fin habría aparecido el mencionado Zerón de Lucio (ya en la fase de la tortura sicológica) para enterarse del condensado noticioso que le habrían preparado sus muchachos.

Tomás Zerón de Lucio, como es sabido, fue director de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la entonces Procuraduría General de la República (PGR), con Jesús Murillo Karam como superior y, en ese contexto, uno de los principales constructores de la falsa y criminal verdad histórica respecto a los jóvenes normalistas de Ayotzinapa. El fiscal Alejandro Gertz Manero informó el pasado 30 de junio que Zerón había abandonado el país, pero que ya había una orden internacional de detención como presunto responsable de graves irregularidades y delitos en el proceso de investigación que desembocó en la citada verdad histórica.

Llamado Zembrón en esta columna, por haber sembrado los restos óseos de uno de los normalistas para así sustentar la mencionada tesis murillokaramista, el ex jefe policiaco está en Canadá, según las indagaciones de la actual administración, que ya ha formulado la demanda de que sea detenido y extraditado. Por lo pronto, el video antes mencionado es una prueba de los métodos irregulares y delictivos que se utilizaron para fabricar la versión sostenida durante la administración presidencial recién pasada.

El caso de Murillo Karam y Zerón de Lucio forman parte del catálogo súbitamente integrado de cartas delictivas que convergen en Enrique Peña Nieto como corresponsable, así fuera por omisión. En ese catálogo también está el ex director de Pemex, Emilio Lozoya, quien llegará al país, procedente de una cárcel española, para dar a conocer testimonios y videos que hacia arriba sólo pueden involucrar a Luis Videgaray Caso, el virtual vicepresidente del sexenio anterior, y a Enrique Peña Nieto como máximo jefe del cártel político 2012-2018, y hacia abajo a un conjunto de políticos y ex legisladores. Otro asunto delicado para el peñismo lo constituye la próxima extradición a México del ex gobernador priísta de Chihuahua, César Duarte.

En otro tema: múltiples especulaciones generó el anuncio de Alfonso Durazo Montaño, secretario federal de Seguridad Pública Ciudadana, de que no desarrollará actividades públicas en esta semana en que el Presidente de México visitará tres de las entidades con mayor incidencia delictiva relacionada con el crimen organizado: Jalisco, territorio dominado, aunque siempre en pugna violenta con otros grupos, por Nemesio Oseguera, El Mencho, jefe del cártel Jalisco Nueva Generación; Guanajuato, con José Antonio Yépez Ortiz, El Marro, al frente del cártel Santa Rosa de Lima, y Colima, donde hace semanas fue asesinado un juez federal. Pareciera que Durazo ha vuelto a ser amenazado por el grupo jalisciense que ya atentó contra el secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, o que debe quedarse en la capital del país para cumplir encargos que no le permiten andar de gira. ¡Hasta mañana!

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Fuente: Jornada

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