Un mundo al revés

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Por Epigmenio Ibarra

De Nelson Mandela -a quien tuve el privilegio de entrevistar en La Habana en 1991- me impresionaron su sabiduría, su serenidad, su sonrisa y sus atrofiados y gruesísimos tobillos (y es que de los 27 años que pasó en la cárcel, la mayor parte del tiempo lo mantuvieron sus carceleros afrikáners con grilletes en los mismos).

“Si se quiere tener un ejemplo de un hombre inconmoviblemente firme, valiente, heroico, sereno -dijo Fidel Castro en un acto que pude filmar- ese ejemplo y ese hombre es Mandela”.

Conocí 20 años antes, en los días aciagos de junio de 1971, a José Revueltas y más tarde a Demetrio Vallejo y al ingeniero Heberto Castillo; tres mexicanos de excepción que pagaron con cárcel sus afanes de libertad y justicia.

En las guerras en Centro y Sudamérica, los Balcanes y el Golfo Pérsico documenté, al pie de fosas clandestinas, en sitios donde se perpetraron masacres, en hospitales y morgues, tanto el dolor como la decisión de seguir luchando de víctimas de las más atroces injusticias.

También en México, en los años que llevo de cubrir con la cámara al hombro al movimiento social, me he empecinado en registrar testimonios de víctimas de los crímenes del viejo régimen.

Mi memoria va, dolorosa y puntualmente, de las madres y padres de las 25 niñas y 24 niños que no debieron morir en la Guardería ABC, a los familiares de las y los desaparecidos y de ahí a la de quienes habiendo sido víctimas del despojo o de la violencia se vieron obligados a abandonar el país.

En sus miradas, en sus silencios, en el rostro impasible de los caídos en combate, de las y los asesinados me detuve, cuando fue posible, unos segundos -el tiempo que tarda en decirse una jaculatoria- para honrar su memoria, para que, en esa videoteca, a la que pido se entre con respeto como si se tratara de un cementerio, quede un testimonio tanto de su existencia como de la de sus verdugos.

Y he registrado y seguido -y ha sido para mí un honor hacerlo- la lucha de opositores al viejo régimen autoritario y corrupto.

Víctimas muchas de ellas y ellos, desde los más humildes hasta el propio Andrés Manuel López Obrador, no solo de la acción represiva directa sino también del embate despiadado de los medios de comunicación que están al servicio de los conservadores.

Para ellos, no solo de matar, encarcelar y perseguir se trata; también de destruir moralmente -lo siguen haciendo a punta de injurias, mentiras y calumnias- a quienes consideran sus enemigos.

Pienso en Mandela, en Revueltas, en Heberto Castillo, en las madres y padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en las víctimas de la guerra que Felipe Calderón nos impuso, en los perseguidos, desaparecidos, torturados, encarcelados por los gobiernos del PRI.

En los millones de personas condenadas a vivir en situación de pobreza por el atajo de corruptos que nos gobernaron.

Pienso en los sacrificios de quienes han luchado por la justicia, la equidad y la democracia, y en este mundo al revés que nos quieren vender, en el que los represores se dicen reprimidos, los calumniadores se presentan como defensores de la verdad y los victimarios se fingen víctimas.

Pienso en quienes son, de verdad, “inconmoviblemente firmes, valientes, heroicos, serenos”.

Me subleva el espectáculo de los personajes de opereta que se han tomado las primeras planas, en el que dice no tener miedo y sale huyendo, en los “patriotas” que suplican una intervención de la OEA, en el sainete que armarán Cordero, Videgaray, Calderón y Peña Nieto cuando los alcance la justicia.

@epigmenioibarra

 

 

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