Registran juego de luces en el Tajín

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Un fenómeno de luz y sombra, enfocado a los cambios en el calendario con propósitos agrícolas o rituales, fue registrado en la Pirámide de Los Nichos de la Zona de Monumentos Arqueológicos El Tajín, en Veracruz, por arqueólogos del INAH.

Como parte de un proyecto interdisciplinario en el sitio prehispánico, un grupo de investigadores, encabezados por la arqueóloga Patricia Castillo, observaron un fenómeno de luz y sombra en la Pirámide de Los Nichos, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH.

En un proceso realizado del 15 al 25 de marzo pasado, Castillo, quien funge como responsable del campo en la investigación arqueológica de El Tajín, precisó que “pudieron observar una iluminación especial en el edificio de Los Nichos que coincide con la salida del Sol”.

De acuerdo con la arqueóloga, la construcción de los edificios con una orientación que permitiera registrar estos fenómenos de luces y sombras, “lo que hacían era indicar cambios calendáricos con fines agrícolas o rituales. Los calendarios del paisaje marcaban el tiempo de rituales, en ese momento se hacían ceremonias agrarias”.

En 2010, tras cuatro años de analizar el lugar, Castillo, en colaboración con el arqueoastrónomo Stanislaw Iwaniszewski, comenzó una serie de mediciones en el Cerro de los Mantenimientos, ubicado al oriente del sitio arqueológico, detrás del edificio de Los Nichos.

El objetivo de la investigación es corroborar si El Tajín fue construido con una planeación orientada de manera astronómica y en relación con el paisaje, como sucede con otras antiguas ciudades de importancia en Mesoamérica.

A partir de la comprobación de alineaciones exactas en la construcción de la pirámide principal, en relación al cerro de los Mantenimientos, se enfocaron en la observaron del reflejo de la luz solar en distintos periodos del año.

Durante cinco días seguidos, el equipo de trabajo comprobó que la luz avanza por los extremos en el paisaje, luego se coloca detrás del edificio y a una hora exacta, cuando el sol empieza salir justo arriba del cerro de los Mantenimientos, la luz comienza a iluminar la pirámide de manera controlada.

En un proceso que comprende siete minutos, la luz se posa en el séptimo cuerpo, que es el más alto; a cada minuto irradia un nuevo cuerpo hasta llegar a la base y tocar la tierra, para iluminar todo el edificio; el resto de las edificaciones del conjunto arquitectónico permanece en penumbra.

Para Castillo, el registro de este juego de luces y sombras es una prueba más de que El Tajín fue la ciudad sagrada de una de las cuencas del Golfo de México, equivalente a Teotihuacan en el Altiplano, y Chichén Itzá en el área maya.

Afirmó que se trata de un edificio emblemático, un marcador astronómico construido para que una deidad descienda del cielo a la tierra, uso que también se le daba a este tipo de construcciones en Mesoamérica, y que se ve reflejado en lo que los arqueoastrónomos denominan hierofanías (manifestaciones de lo sagrado).

La arqueóloga destacó que no se habían hecho mediciones con exactitud para comprobar que se trata de un marcador y establecer su función como calendario agrícola que anuncia la llegada de una estación.

Para los antiguos habitantes de El Tajín, tanto el Sol como el agua representaban a las deidades principales en las advocaciones de Quetzalcóatl y Tláloc.

Cuando los respectivos dioses descendían a la tierra, señaló, era para fecundarla y propiciar las buenas cosechas, por ello el paisaje estaba conformado por “los lugares elegidos para realizar sus rituales, que estuvieron asociados al culto de la fertilidad agrícola y por ende a la reproducción de la vida”.

Asimismo, indicó que para la cultura occidental, el equinoccio es el punto donde la trayectoria del Sol cruza el ecuador, sin embargo, para los antiguos habitantes de El Tajín, la posición del astro durante los días que hoy coinciden con el equinoccio era algo totalmente distinto.

“Las ciudades antiguas de Mesoamérica celebraban eventos solares que correspondían al cuarto de año, fechas calendáricas que se ubican a la mitad de lo que ahora se llama solsticio, indicaban los cambios de estación (primavera y otoño), estos eventos se manifestaban en la arquitectura de ciudades sagradas o en sus edificios emblemáticos, convirtiéndolos en calendarios del paisaje que marcaban tiempos estacionales”.

El Tajín estuvo perfectamente planeado y proyectado para relacionar la tierra con imágenes, y así conceptualizar y naturalizar el entorno dentro de la percepción como un lugar simbólico, explicó la investigadora del INAH.

En el paisaje ritual, subrayó, “la montaña se concibe como el pilar espiritual que se conecta con el cielo y el cosmos en la cúspide, dentro de la geografía sagrada que sostiene al mundo”.

Mencionó que el cerro de Los Mantenimientos naturalizó la conexión del entorno con el asentamiento, para renovar la herencia como un mapa topográfico que localizó los recursos, asoció los rituales y ceremonias con la montaña sagrada, y a través de estos conocimientos se mantuvo el nuevo Estado y la identidad del grupo social.

De acuerdo con las hipótesis de trabajo, se indica que en El Tajín hay seis edificios emblemáticos que marcan una importancia dentro del área nuclear o ceremonial del sitio, y en los que se podrían también apreciar fenómenos arqueoastronómicos.

Por ello, Patricia Castillo dijo que la investigación continuará ya que prentende recrear la secuencia y orientación en tercera dimensión, además de reconstruir de forma hipotética cómo pudo haberse visto el fenómeno.

“Pensamos que la zona de monumentos fue el centro de una región cultural mucho más grande, ya que se concluyeron los estudios regionales, pero vamos a ampliar el análisis para poder determinar lo que sería la región cultural del Tajín”, apuntó.

Fuente: Notimex

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