El zorro en el gallinero

0

Por José Luis Avendaño C.

Enrique Peña Nieto no pierde el tiempo, tiene prisa. Es como quisiera recuperarlo, como si en 12 años no hubiera pasado nada, o se hubieran hecho mal las cosas. Y todo porque no se alcanzaron las reformas que, se insiste, nos sacarán de pobres, por decir lo menos. Sobre todo, nos harán más competitivos.

Por eso, deja  a un lado la guerra contra el narcotráfico y enfila sus baterías en varios frentes, en una estrategia múltiple, que así es la crisis: multiforme. Aparentemente, no hay una causa única, original, originaria. Sobre ella se acumulan los efectos, que semejan defectos de fabricación. La culpa, se dice, es por no haber concretado —postergado— las reformas estructurales.

Con ellas en marcha, se dice, ahora sí la hacemos.

Sin embargo, sí hay un pecado original: la misma política económica. Parecemos disco rayado, obstinados, obcecados —obsesionados—  en este mal de origen. Una de sus premisas es la apertura; un modelo hacia fuera, vía  exportaciones, aun con el sello made in Mexico (hecho en México), por capital extranjero que buscan menores costos de producción. A pesar del flamante Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2013-2018. Al no haber un cambio de modelo económico, debe insistirse, habrá los mismos resultados.

Como contraparte, se importan insumos y tecnologías, sino, lo más grave, alimentos, bajo el argumento falaz de que es más caro producirlos, aunque eso suponga el abandono y miseria del campesinado. Cuando esta política entra en crisis por la obvia situación externa, se mira hacia dentro. Pero, con la misma política económica, excluyente por naturaleza, que en el PND se hable de una política social incluyente.

Si al ser la situación interna está prendida con alfileres —crecimiento de 0.8 por ciento en el primer trimestre—, al ser contrastada con otros países, aun de América Latina, la situación resulta alarmante. Un informa del Banco Mundial (BM) revela un entorno de bajo crecimiento económico, ocho de cada 10 mexicanos ve su posibilidad de mejora social estancada, de las más bajas del subcontinente. Existe una falta de movilidad social en términos de ingreso. Y esto, en el periodo 2000-2008, es decir, antes de la crisis (La Jornada, 14-5-2013).

Lo anterior confirmaría la percepción de informalidad y precarización del trabajo, que significa una reconcentración del ingreso.

En Europa y Estados Unidos, las tasas de suicidio se han multiplicado, tanto entre los jóvenes desempleados como en los jubilados y pensionados, porque sus magros ingresos apenas les alcanza para medio vivir y dejan deudas e hipotecas sin pagar y son despojados de bienes y desalojados de sus casas.  Al respecto, léase: “Cómo mata la austeridad”, un extenso reportaje de The New York Times (12-5-2013).

Como vemos, existen otros tipos de violencia e inseguridad: la violencia económica, a la que se refiere Laura Juárez Sánchez, quien equipara, para el caso de México,  neoliberalismo con neocolonialismo. Tres botones de muestra: 1) sólo entre 1982 y 2000, México pagó ocho veces su deuda externa;  2) mientras, entre 2001 y 2011, la economía creció a una tasa anual de 1.8 por ciento, las ganancias de la banca (en México, que no mexicana), aumentaron 41por ciento anual; 3) al cuarto trimestre de 2012, 63.4 por ciento de la población ocupada —30.5 millones de un total de 48.2 millones de trabajadores— no tienen acceso a la seguridad social ni a otrotipo de prestaciones (Revista Trabajadores. Universidad Obrera de México. Marzo-abril de 2013).

Y a 40 años de La dialéctica de la dependencia, el texto clásico de Ruy Mauro Marini, se reivindica su concepto de superexplotación del trabajo, que se plasma en la reciente (contra)reforma laboral, con lo que se naturaliza la precarización del trabajo, y que así ofrece ganancias extraordinarias al capital. 

Fuente: AlaiNet.org

Comments are closed.