Desvergüenza en el Congreso de Chihuahua

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Por Luis Javier Valero Flores

Lo señaló muy bien la edición digital de El Diario de Chihuahua: “Llega duartista a presidencia del Congreso”, (El Diario de Chihuahua, 30/VIII/17) para señalar la designación de la diputada Karina Velázquez a la titularidad del Poder Legislativo durante un año.

Incansablemente, a lo largo de las primeras horas posteriores a la designación, los legisladores del PAN, el partido en el gobierno, han tratado de deslindarse  de tal hecho, explicaron, una y otra vez,  que la ley orgánica del Congreso así lo determina, que en el segundo año de la legislatura la presidencia del mismo la ocupará el miembro de la bancada con el segundo número mayor de legisladores. Esa es la del PRI.

A su vez, en una maniobra hasta ahora no explicada, la bancada del PRI decidió, de última hora, cambiar a la coordinadora –que era la diputada Velázquez– por la diputada juarense, Isela Torres. Con ello, se le quitaron los obstáculos para que la parralense pudiera acceder a la presidencia congresual pues la ley también establece que los coordinadores parlamentarios no pueden formar parte de la mesa directiva del Congreso.

Paradójicamente, Velázquez accede al cargo con la aprobación, solamente, de la diputación ¡Del PAN!, del PRI, obviamente, y el diputado del Partido Encuentro Social.

Curiosamente, los exaliados (hasta hace 15 minutos) del PRI, PANAL, Verde Ecologista, PRD y PT, votaron en contra del ascenso de la legisladora priista, pero lo hicieron, no por congruencia política, sino porque fueron excluidos de la mesa directiva.

La bancada de Morena, sorpresivamente, se dividió. Mientras Pedro Torres votaba en contra, Leticia Ortega se abstenía.

Jurídicamente, no hay mayor objeción, el PRI es la segunda fuerza parlamentaria del Congreso, tenía que proponer a alguien para la presidencia, pero ¿A Karina Velázquez, a pesar de que está en curso una denuncia penal federal en su contra y probablemente la petición de la PGR ante el Congreso de la Unión para iniciar un juicio de procedencia (juicio político para desaforarla) por supuestos delitos cometidos en el lapso que se desempeñaba como presidente del PRI, en el gobierno de César Duarte, en el cual también fue diputada federal por Parral y era señalada como una de las personas de mayor confianza del exgobernador, al que acompañó desde la época en que el ballezano era el dirigente de la CNC en Chihuahua.

Pero la carga mayor, en lo que es, a no dudarlo, una enorme pifia, recae en la nueva dirigencia priista.

Días atrás, Omar Bazán, relató la manera en que abordaron, él y el gobernador Corral, el asunto de César Duarte. –Expúlsenlo, le dijo Corral. –Deténlo, le contestó Bazán, quítanos ese “lastre”.

De ese modo denominó al exgobernador. Lo hizo igual ante la Comisión de Honor del PRI, a la que conminó a quitárselos de encima para poder, con libertad, erigirse en una opción política creíble en Chihuahua en contra de la corrupción política.

Pero el problema es que le envía a la sociedad chihuahuense, con la propuesta  de Karina, exactamente lo contrario.

¿De veras se cree que el PRI chihuahuense, dirigido por Bazán, rompió con el pasado inmediato, que está realizando un ejercicio de profunda autocrítica, si es el impulsor de uno de los cuadros más destacados del duartismo hecho gobierno?

Solo a dos personas, de su más íntima confianza, les confió César Duarte la dirigencia de su partido (al que llamó un grupo de flojos, les dijo de otra manera en conversación privada) en el sexenio, y ambos formaban parte del equipo cenecista de los primeros tiempos: A Leonel de la Rosa, su compañero de central campesina de toda la vida, y a Karina Velázquez.

Sirva de ilustración que en el Congreso del Estado actuó del mismo modo. Sólo a su muy cercano Enrique Serrano y a Rodrigo de la Rosa, hijo de Leonel, les confió la conducción del Poder Legislativo. En ambos casos fue un desastre y un portento de la subordinación de los diputados al titular del Poder Ejecutivo, hasta la ignominia.

De ese equipo formaba parte la nueva presidenta del Poder Legislativo de Chihuahua.

Puede que no sea culpa del gobernador Corral, que la responsabilidad mayor, o total, sea solamente de Omar Bazán ¡Ah pero cómo huele mal que solamente la secretaria de la Función Pública, Stefany Olmos, haya alzado la voz, desde el amanecer, oponiéndose a tal nombramiento!

Nadie, ni en la izquierda del gobierno, ni fuera de él, fue capaz de oponerse, así fuera sólo declarativamente. ¡Híjole!

asertodechihuahua@yahoo.com.mxLo señaló muy bien la edición digital de El Diario de Chihuahua: “Llega duartista a presidencia del Congreso”, (El Diario de Chihuahua, 30/VIII/17) para señalar la designación de la diputada Karina Velázquez a la titularidad del Poder Legislativo durante un año.

Incansablemente, a lo largo de las primeras horas posteriores a la designación, los legisladores del PAN, el partido en el gobierno, han tratado de deslindarse  de tal hecho, explicaron, una y otra vez,  que la ley orgánica del Congreso así lo determina, que en el segundo año de la legislatura la presidencia del mismo la ocupará el miembro de la bancada con el segundo número mayor de legisladores. Esa es la del PRI.

A su vez, en una maniobra hasta ahora no explicada, la bancada del PRI decidió, de última hora, cambiar a la coordinadora –que era la diputada Velázquez– por la diputada juarense, Isela Torres. Con ello, se le quitaron los obstáculos para que la parralense pudiera acceder a la presidencia congresual pues la ley también establece que los coordinadores parlamentarios no pueden formar parte de la mesa directiva del Congreso.

Paradójicamente, Velázquez accede al cargo con la aprobación, solamente, de la diputación ¡Del PAN!, del PRI, obviamente, y el diputado del Partido Encuentro Social.

Curiosamente, los exaliados (hasta hace 15 minutos) del PRI, PANAL, Verde Ecologista, PRD y PT, votaron en contra del ascenso de la legisladora priista, pero lo hicieron, no por congruencia política, sino porque fueron excluidos de la mesa directiva.

La bancada de Morena, sorpresivamente, se dividió. Mientras Pedro Torres votaba en contra, Leticia Ortega se abstenía.

Jurídicamente, no hay mayor objeción, el PRI es la segunda fuerza parlamentaria del Congreso, tenía que proponer a alguien para la presidencia, pero ¿A Karina Velázquez, a pesar de que está en curso una denuncia penal federal en su contra y probablemente la petición de la PGR ante el Congreso de la Unión para iniciar un juicio de procedencia (juicio político para desaforarla) por supuestos delitos cometidos en el lapso que se desempeñaba como presidente del PRI, en el gobierno de César Duarte, en el cual también fue diputada federal por Parral y era señalada como una de las personas de mayor confianza del exgobernador, al que acompañó desde la época en que el ballezano era el dirigente de la CNC en Chihuahua.

Pero la carga mayor, en lo que es, a no dudarlo, una enorme pifia, recae en la nueva dirigencia priista.

Días atrás, Omar Bazán, relató la manera en que abordaron, él y el gobernador Corral, el asunto de César Duarte. –Expúlsenlo, le dijo Corral. –Deténlo, le contestó Bazán, quítanos ese “lastre”.

De ese modo denominó al exgobernador. Lo hizo igual ante la Comisión de Honor del PRI, a la que conminó a quitárselos de encima para poder, con libertad, erigirse en una opción política creíble en Chihuahua en contra de la corrupción política.

Pero el problema es que le envía a la sociedad chihuahuense, con la propuesta  de Karina, exactamente lo contrario.

¿De veras se cree que el PRI chihuahuense, dirigido por Bazán, rompió con el pasado inmediato, que está realizando un ejercicio de profunda autocrítica, si es el impulsor de uno de los cuadros más destacados del duartismo hecho gobierno?

Solo a dos personas, de su más íntima confianza, les confió César Duarte la dirigencia de su partido (al que llamó un grupo de flojos, les dijo de otra manera en conversación privada) en el sexenio, y ambos formaban parte del equipo cenecista de los primeros tiempos: A Leonel de la Rosa, su compañero de central campesina de toda la vida, y a Karina Velázquez.

Sirva de ilustración que en el Congreso del Estado actuó del mismo modo. Sólo a su muy cercano Enrique Serrano y a Rodrigo de la Rosa, hijo de Leonel, les confió la conducción del Poder Legislativo. En ambos casos fue un desastre y un portento de la subordinación de los diputados al titular del Poder Ejecutivo, hasta la ignominia.

De ese equipo formaba parte la nueva presidenta del Poder Legislativo de Chihuahua.

Puede que no sea culpa del gobernador Corral, que la responsabilidad mayor, o total, sea solamente de Omar Bazán ¡Ah pero cómo huele mal que solamente la secretaria de la Función Pública, Stefany Olmos, haya alzado la voz, desde el amanecer, oponiéndose a tal nombramiento!

Nadie, ni en la izquierda del gobierno, ni fuera de él, fue capaz de oponerse, así fuera sólo declarativamente. ¡Híjole!

 

asertodechihuahua@yahoo.com.mx

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