Con la vara que midas

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Por Misael Máynez*

Usted sabe que siempre tratamos de medir las cosas y generar estadística; la historia muestra que las series de datos alimentan análisis que disminuyan posibilidades de cometer errores o duplicarlos.

Hoy en día una medición en particular ha dominado la atención por todo lo implica ese dato; hay muchas variables incluidas para el valor final del indicador. Pero además hay muchos intereses en ambos sentidos; si crece, actores políticos se ven beneficiados; si decrece, otros tantos obtienen una estrellita por su labor.

Cabe destacar que este indicador, al igual que todos, tiene la vulnerabilidad de la metodología; dependiendo de cómo se calcule ofrece resultados distintos y en nuestro país hay varias instituciones que hacen estadística, pero no en todo están de acuerdo o emplean metodologías iguales, de ahí que el resultado de una u otra institución es tomado por actores y utilizado según los fines. Cuando hay discrepancias todos tienen razón porque utilizan fuentes oficiales, que es el problema de fondo, ¿a quién dar la razón en su percepción si se basan en datos oficiales?

Lo realmente importante del dato en cuestión es su importancia en la estrategia política de las próximas elecciones federales para Presidente de la República. Todos los actores políticos reconocen en el indicador una arma fuerte para abatir al enemigo o para posicionarse por el trabajo realizado.

¿Cuántos pobres hay en México?, ¿cuál es el indicador de pobreza real? O ¿qué tan pobres son nuestros pobres? Ese es el tema que tiene agarrados a quienes elaboran el indicador; quienes lo utilizan para análisis; o quienes aspiran a mantener o arrebatar el poder en los próximos comicios.

El debate actual derivado de la metodología utilizada en la obtención del número de mexicanos en pobreza  se originó por utilizar metodología distinta por parte del INEGI y el CONEVAL; y lo de menos es quien lo mida, la cuestión de fondo es que los resultados difieren y el número de pobres aumenta o disminuye según quien lo mida y esa cuestión es altamente explotable en la arena política.

Aunque usted no lo crea en estos momentos hay gente con la alta expectativa que la estadística arroje más pobres, quieren más pobres para demostrar que han hecho mal las cosas quienes nos gobiernan en la actualidad, así de simple.

Y quienes ostentan el poder quieren menos pobres, al menos en el indicador, para que ellos puedan difundir el dato a los cuatro vientos y pregonar que su trabajo y políticas públicas han tenido el enfoque correcto.

Yo, simple mortal, quiero complementar lo que debe incluir el indicador de pobreza; hay otras mediciones que veo fundamentales y se las dejo para que me haga el favor de considerarlas.

Primero, veo secretarios de estado totalmente perdidos de la realidad y llegar al extremo de declarar que una familia vive perfectamente bien con seis mil pesos al mes, lo cual me habla de la pobreza en su conocimiento de la forma de vida del pueblo que gobiernan, esa pobreza debemos medirla con mayor firmeza y abatirla de inmediato.

Si eliminamos esta pobreza de liderazgo en proporción directa reducimos la pobreza monetaria del pueblo.

Segundo, veo que el poder adquisitivo de nuestro ingreso se ve afectado permanentemente y las políticas públicas se ven lerdas ante la gravedad del problema y no logran frenar tan lamentable situación.

Para donde volteo las familias sufren para pagar los servicios, educación de los hijos, sostén diario, etcétera. Una de las muestras más evidentes la deja en claro la UNAM en sus estudio de pobreza, donde demuestra la diferencia entre las variaciones salariales y de los productos de la canasta básica, dando como resultado un cinco a uno, acumulando una pérdida del poder adquisitivo del 80% del salario entre 1987 y 2015; a eso súmele el 9.50 de 2016.

Otra evidencia clara es el indicador de las instituciones financieras donde muestran el endeudamiento de las familias y su crecimiento sostenido en los últimos años.

El número de pobres que reflejen metodologías elaboradas en escritorios influenciados por organismos internacionales y universidades de otros países con realidades muy distintas debe ser un dato para la comparación necesaria, pero no determinante para estrategias políticas ni sociales. La realidad social de México se palpa día a día cuando los gobernantes no se despegan de la realidad, como suele suceder con frecuencia lamentablemente.

* Misael Máynez. Académico de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez

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