Chomsky: aún hay riesgo para Assange

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Noam Chomsky, Daniel Ellsberg, abogados constitucionalistas y otros defensores estadunidenses de la libertad de expresión celebraron el fallo de la jueza Vanessa Baraitser en Londres contra la solicitud de extradición de Julian Assange interpuesta por el gobierno de Donald Trump, pero advirtieron que por ahora el triunfo es parcial y no implica el fin a la amenaza contra el fundador de Wikileaks ni contra la libertad de prensa en Estados Unidos.

En una teleconferencia sobre el veredicto, Chomsky –quien entregó testimonio al tribunal en apoyo de la defensa– expresó que se puede celebrar “el hecho de que Assange no será enviado al sistema de prisión barbárico de Estados Unidos” y especuló que el equipo de transición del presidente electo Joe Biden también está festejando. Explicó que en el fallo, la juez aceptó la validez de todos los cargos presentados por los fiscales estadunidenses, “reivindicando completamente la postura estadunidense”, pero que con el fallo basado sólo en la preocupación por su salud, “bajo un gobierno de Biden Estados Unidos ahora se ahorra un juicio vergonzoso contra la libertad de prensa”.

Denunció que por esos cargos, Assange ha “sufrido 10 años de tortura sin ninguna justificación por todo eso”.

Chomsky insistió en que todo caso que es impulsado con el pretexto de la “seguridad nacional”, casi siempre se trata “del gobierno buscando evitar que el pueblo se entere de lo que está haciendo”. Recordó que Barack Obama estableció nuevos récords en el uso del Acta de Espionaje contra filtradores, “y Biden estaba ahí con él, y no hay hada que indique que no continuará con eso mismo… aunque eso depende de la presión popular”.

Daniel Ellsberg, famoso por su filtración de los llamados Papeles del Pentágono hace justo medio siglo, y desde entonces feroz activista del derecho del pueblo a enterarse de lo que el gobierno hace en su nombre, se sumó al festejo del fallo declarando que tal vez se ha salvado la vida de Assange, pero advirtió que los periodistas aún no se dan cuenta de que la persecución contra éste es un ataque en contra de ellos también.

Enfatizó que este caso representa el primer uso del Acta de Espionaje contra periodistas, y no sólo contra filtradores oficiales, como fue con él. También recordó que el caso en su contra en 1971 fue desechado por las tácticas que empleó el gobierno para amenazarlo, desde chantaje hasta amenaza de asesinarlo, pero que hoy día, después de los cambios legislativos posteriores al 11 de septiembre de 2001, no se sabe si esas mismas tácticas ahora son legales.

Ellsberg dice que aún está pendiente saber si el gobierno de Biden abandonará este caso de extradición, recordando que el presidente electo, cuando era vicepresidente con Obama, calificó a Assange de “terrorista de alta tecnología”.

Para la abogada constitucionalista Marjorie Cohn, ex presidenta del Gremio Nacional de Abogados, “esta es una victoria monumental” y a la vez una condena al sistema carcelario estadunidense, ya que la jueza rechazó la solicitud exclusivamente sobre el argumento de que Assange no podría tolerar el trato en las prisiones estadunidenses. Señaló que esa jueza ha otorgado 96 por ciento de las solicitudes de extradición que le han presentado.

Pero coincidió en que el fallo no fue un rechazo al uso de leyes como el Acta de Espionaje contra los comunicadores, lo que calificó de “una pistola cargada que apunta a los periodistas” que se atreven a reportar sobre asuntos de política exterior y seguridad nacional.

Indicó que aunque hay múltiples temas relacionados con el caso de Assange, eso no debe distraer de lo más importante: “la razón por la cual Assange fue acusado es por su temeridad al revelar crímenes de guerra”. Recordó que fueron los documentos clasificados sobre las guerras en Irak y Afganistán, sobre tortura en centros de detención y el famoso video del ataque de un helicóptero militar estadunidense contra civiles –filtrado por Chelsea Manning– mostrando crímenes de guerra lo que motivó la persecución estadunidense de Assange, Manning y Wikileaks.

Fuente: La Jornada

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