En la madrugada del 19 de abril, una camioneta integrante de un convoy antidrogas perdió el control y cayó a un barranco en la Sierra Tarahumara, municipio de Morelos, Chihuahua. El saldo: cuatro muertos, entre ellos Pedro Oseguera, director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), el policía ministerial Manuel Méndez, y dos funcionarios estadounidenses identificados por CNN como agentes de la CIA. El operativo había desmantelado uno de los narcolaboratorios de metanfetaminas más grandes jamás encontrados en México.
La presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente en sus conferencias mañaneras: el gobierno federal no fue informado de la presencia de agentes extranjeros en el operativo, lo que constituye una violación a la Constitución y a la Ley de Seguridad Nacional. Señaló directamente a las autoridades de Chihuahua como responsables, y reveló que intentó comunicarse con la gobernadora Maru Campos (PAN) sin éxito inicial. La Secretaría de Relaciones Exteriores envió un extrañamiento formal a Washington exigiendo explicaciones. El diario Los Angeles Times reveló que esta habría sido la tercera vez en 2026 que agentes de la CIA operaron junto a autoridades de Chihuahua.