Zedillo, Fox, Calderón y más de 30 exfuncionarios, siervos de trasnacionales

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En todo el mundo se le conoce como revolving door: es el fenómeno mediante el cual funcionarios de alto rango de algún gobierno son contratados, luego de terminar su encargo público, por grandes empresas a las que pudieron haber beneficiado o que se beneficiarán de sus conocimientos e influencias. México es un escandaloso ejemplo de ese tipo: además de muchos secretarios de Estado y directores de paraestatales, tres expresidentes han aprovechado muy bien esas puertas giratorias.

Por Arturo Rodríguez García/ Proceso

En todo el mundo se le conoce como revolving door: es el fenómeno mediante el cual funcionarios de alto rango de algún gobierno son contratados, luego de terminar su encargo público, por grandes empresas a las que pudieron haber beneficiado o que se beneficiarán de sus conocimientos e influencias.

México es un escandaloso ejemplo de ese tipo: además de muchos secretarios de Estado y directores de paraestatales, tres expresidentes han aprovechado muy bien esas puertas giratorias.

Al dejar sus tareas gubernamentales, tres expresidentes y más de 30 exfuncionarios –desde secretarios de Estado a directores de paraestatales o de la banca de desarrollo– hallaron acomodo en empresas relacionadas con los sectores que atendieron a su paso por la administración pública.

Los expresidentes son Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

Excepto el segundo, los otros dos fueron identificados por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien calificó de inmoral que ahora prestaran servicios al sector privado.

El paso de la administración pública al ámbito empresarial, y viceversa, es conocida en la política internacional como revolving door (puerta giratoria), y de los sexenios recientes el más abundante en esos casos fue el de Calderón, de cuyos funcionarios de alto rango al menos 13 terminaron, como él mismo, en grandes empresas.

La pertenencia de Calderón al consejo de administración de Avangrid, filial de Iberdrola –la trasnacional energética de origen español–, fue aludida por López Obrador el lunes 4 durante su conferencia de prensa matutina. Sin decir los nombres del expresidente ni de la empresa, dijo que ésta le vende energía a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y contrató a un -expresidente.

Desde luego el caso fue identificado, pues la propia Avangrid lo hizo público en 2016. Pero en Iberdrola, desde 2013, cinco meses después de haber concluido su cargo en la dirección de Banobras, fue integrada al consejo de administración Georgina Kessel, quien se desempeñó con Calderón como secretaria de Energía, luego de presidir, entre otras cosas, la Comisión Reguladora de Energía.

Iberdrola se desmarcó el martes 5, informando que Calderón dejó su puesto en 2018, algo que el propio exmandatario había afirmado, recordando que la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos sólo prohíbe el desempeño en una empresa durante el año posterior a dejar el cargo.

El martes 5, López Obrador fue cuestionado al respecto –luego de que Calderón lo retara a debatir para explicar la procedencia de sus respectivos recursos– y entonces dijo que no era el único caso; mencionó a Zedillo, quien privatizó Ferrocarriles Nacionales para luego ser contratado por una de las trasnacionales beneficiadas. También aludió a los secretarios de Energía que trabajaban en empresas del sector.

En efecto, dos meses después de dejar la Presidencia, en enero de 2001, Zedillo se integró al consejo de administración de Union Pacific, el gigante ferroviario estadunidense que se asoció con Grupo México para desarrollar Ferromex.

Zedillo, primer presidente desde Miguel Alemán que incursionó abierta y activamente en el sector privado, se convertiría en miembro de los consejos de Alcoa, fabricante de productos de aluminio en México que, durante su gobierno, dejó impune el accidente industrial que intoxicó a casi 200 obreros en Ciudad Acuña, Coahuila. También ha sido consejero del gigante de productos sanitarios Procter & Gamble, de la editorial española Grupo Prisa, así como de Everis, la consultora de tecnologías de la información.

Finalmente, la otra alusión de López Obrador fue al rescate bancario durante el sexenio de Zedillo y cómo ahora es miembro de la junta de Citigroup, que en 2001 adquirió al rescatado Banamex.

No se refirió a Fox, quien apenas terminado su sexenio inició una intensa actividad privada.

En su libro Fox. Negocios a la sombra del poder (Grijalbo, 2017) el periodista Raúl Olmos documentó que en agosto de 2007 el exmandatario guanajuatense recibió un regalo peculiar: las acciones de la empresa Transportes FL, filial de Grupo Muebles y Mudanzas, que con él, su esposa, Marta Sahagún, y su hijo Rodrigo como accionistas, incrementó sus ventas en el gobierno de Calderón. Pasó de 82 millones de pesos entre 2002 y 2006, a mil 103 millones entre 2006 y 2012, y se multiplicarían en el sexenio de Enrique Peña Nieto hasta alcanzar mil 400 millones de pesos en tres años.

No es todo. Olmos acreditó que el expresidente es gestor de compañías trasnacionales, como General Motors y Citibank, de Estados Unidos; de Beijing Sansong Group, de China; y UST Global, de la India. En tanto, por los negocios que le consigue a la petrolera EIM Capital, la utilidad que recibe es de 6%. Además dicta y cobra decenas de conferencias, y desde que dejó el cargo ha fundado más de 30 empresas con su esposa.

En su conferencia del martes 5, López Obrador expuso: “Además, debe de ser un asunto legal. Un presidente tiene toda la información estratégica del país, por su cargo establece relaciones. Entonces, si no es ilegal es inmoral”.

Fuente: Proceso

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