The Act of Killing, historia de un verdugo

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El director nominado al Oscar por el documental The Act of Killing, Joshua Oppenheimer, explicó que hay que acercarse a los verdugos para entender la matanza de comunistas entre 1965 y 1966 en Indonesia.

“No sé cómo hacer una película honesta sobre otro ser humano, sin terminar sintiéndome cercano a él”, explicó a Efe el realizador estadounidense de 39 años en una entrevista por correo electrónico.

The Act of Killing (El arte de matar) denuncia la represión en aquella época a través del cabecilla de una banda de pequeños delincuentes, Anwar Congo, pagado por los militares para asesinar a cientos de víctimas, muchas de origen chino, en Medan, una urbe principal en el norte de la isla de Sumatra.

A lo largo del documental, el asesino confeso pasa de recrear sus ejecuciones con su técnica favorita, un cable metálico, y en escenas grotescas y hasta surrealistas, a expresar cierto remordimiento por sus acciones.

“Anwar se enfrentaba (y trataba de escapar) a una vida de dolor. Porque estos proyectos tienen una envergadura mucho mayor que nuestra relación; obviamente, no somos exactamente amigos”, aseveró el director, que comenzó el trabajo hace más de ocho años.

“Empecé a acercarme a Anwar cuando me habló sobre sus pesadillas. Decidí no dar el paso de decir, ‘Este hombre ha hecho algo monstruoso’ a ‘Este hombre es un monstruo'”, agregó Oppenheimer, quien precisó que hay que entender cómo los seres humanos cometen este tipo de crímenes para prevenirlos en el futuro.

“Entender estas cosas significa acercarte a Anwar y sus cómplices en el asesinato como seres humanos”, dijo el realizador.

“Amistad es una palabra errónea. Pero tenemos un gran afecto el uno por el otro y nos mantenemos en contacto, quizás cada dos o tres semanas en esta época”, explicó Oppenheimer.

El director señaló que su objetivo principal fue “exponer un régimen de impunidad en nombre de los supervivientes”, de la ejecución de alrededor de un millón de personas acusadas de comunistas tras el golpe militar de Suharto en Indonesia.

En su opinión, es una “suerte” no haber nacido en los años 50 en Indonesia en una familia como la de Anwar y haber tenido que tomar decisiones durante los sucesos de 1965, en medio de la Guerra Fría y la psicosis contra los comunistas, alimentada también por Estados Unidos.

Oppenheimer comenzó a recabar testimonios de víctimas de la masacre de los años sesenta para exponer la impunidad de los autores de las matanzas, pero las autoridades y las fuerzas de seguridad boicoteaban continuamente el rodaje.

Las víctimas y defensores de los derechos humanos instaron al realizador a filmar a los verdugos, que no tenían reparos en relatar las ejecuciones que llevaron a cabo, porque son considerados héroes que salvaron al país del comunismo.

Anwar y sus cómplices de fechorías eran aficionados al cine, porque solían vender entradas en el mercado negro, por lo que utilizaron escenas de sus películas favoritas para recrear escenas de interrogatorios, torturas y asesinatos.

Actualmente, miembro honorable del grupo paramilitar Pancasila Youth, Anwar explica en un momento del documental cómo empezó a “matar con estilo alegre”, influenciado por el ritmo y el estilo de un musical de Elvis Presley.

Los autores de las matanzas, sobre todo en Sumatra, Java y Bali, nunca han sido juzgados ni comparecido ante tribunales como en Alemania, Ruanda o Sudáfrica.

“Estaba filmando a autores de un genocidio que ganaron, construyeron un régimen de terror fundado en la celebración de un genocidio y permanecen en el poder. No han tenido que admitir que hicieron nada malo”, explica el director de The Act of Killing. 

Still from The Act of Killing, a documentary about Indonesia's mass killings

Fuente: EFE

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