Resucitar la esperanza

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Por Marta Lamas/ Proceso

Las elecciones parciales de este domingo producen sentimientos encontrados en millones de personas: ilusión, miedo, indiferencia, bronca y desconsuelo. Tal parece que lo único que no hay es esperanza. En el “Diálogo sobre la política, la izquierda y la crisis” que Edgar Morin realizó con Francois Hollande durante la campaña electoral francesa, el filósofo señaló que la pérdida de esperanza genera resignación o provoca explosiones de desesperación, por lo cual es vital “resucitar la esperanza”.

Para ello Morin considera que hay que combinar diversas vías reformadoras que converjan en un gran proyecto que abra camino a la esperanza. El hilo conductor del diálogo es una entrevista que efectuó Nicolas Truong, un periodista de Le Monde, y que se publicó en mayo de 2012, dos meses después de que Hollande asumiera la presidencia. Truong señala que, pese a la gran diferencia consistente en que uno es un político activo y el otro un filósofo de la complejidad, ambos tienen muchos puntos en común.

El librito es una pequeña joya (Paidós, 2012), que provoca reflexiones y hace sentir envidia de lo que puede llegar a ser una contienda electoral donde el candidato presidencial dialoga públicamente con un destacado intelectual. Truong inicia con una pregunta esencial para ambos: “¿Cuál es su idea de la izquierda?”. Morin responde que se trata de volver “a las tres fuentes clásicas del siglo XIX: la libertaria (la realización plena del individuo), la socialista (la mejora de la sociedad) y la comunista (vivir en libertad)”. Para él, las tres se han pervertido y aislado: “La idea comunista se deterioró en su versión estalinista y maoísta; la socialdemocracia se ha agostado y el ideal libertario se aisló”. Propone regenerarlas y unirlas para “trabajar simultáneamente por la autorrealización de los individuos, por una sociedad mejor y por la fraternidad”. Además, añade, hay que incluir la cuestión de la ecología, pues el porvenir humano “necesita un esfuerzo para salvaguardar, a la vez, la naturaleza y nuestra propia naturaleza humana”.

Hollande reconoce que esas tres fuentes han pasado por muchas vicisitudes, pero afirma que aún siguen vivas. Para él, la izquierda debe cumplir el proyecto republicano, pero también debe iniciar una reconquista: hacer que la democracia vuelva a ser más fuerte que los mercados, que la política recupere el control sobre las finanzas y regule la globalización. “Debemos luchar por un progreso humano, solidario, mundial”, dice Hollande, y recuerda que no son lo mismo el progreso técnico y el progreso moral. Y ante tal distinción, subraya que el papel de la izquierda “es velar para que el sector mercantil sea eficaz y competitivo, pero también (…) desarrollar el sector no mercantil”.

Ambos defienden la primacía de la política sobre la omnipotencia de la economía, y Morin advierte que hace falta una “política de humanización de esta economía deshumanizada”. Hollande critica “las finanzas enloquecidas y desenfrenadas, especulativas, que se han independizado y desconectado de la economía real”; propone luchar contra la economía de casino y la especulación financiera, basar la competencia en normas medioambientales y preservar la dignidad de los trabajadores: “No tener empleo es sufrir mucho más que una pérdida de ingresos: es la ruptura de un vínculo social y una pérdida de identidad. Es un problema crucial”. Concluye que la política ha abdicado frente a la economía, ha dejado hacer y ha olvidado lo que podía hacer ella. Por eso, lo primero es devolver a la política su nobleza, su plena capacidad de acción.

Por su lado, Morin concluye: “Todo pensamiento político debe formularse a partir de un diagnóstico pertinente de la fase de la globalización que estamos viviendo. Hay que superar las insuficiencias y las carencias de las ideas de reforma y revolución mediante la noción de metamorfosis, que combina conservación y transformación”.

Mientras Morin plantea que se necesitan políticas que afronten la crisis multidimensional, que faciliten la recuperación económica, mejoren las condiciones de vida, superen el bienestar material e incrementen la solidaridad humana, Hollande afirma que necesitamos humanización, recuperar la convivencia y luchar contra el fatalismo. Así, el político habla como filósofo, y el filósofo, como político.

Ambos reivindican una ética política que, según Hollande, no debe basarse en convicciones personales, sino ser construida colectivamente por el conjunto de los ciudadanos, “pues vivimos en época de excesos: excesos de los beneficios, de la miseria, de las desigualdades”. Por eso Hollande invita a “cambiar el destino”, mientras que Morin invita a “cambiar de era”; el político desea “iniciar una transición (energética, económica y generacional)”, y el filósofo “sueña con “la mutación, la metamorfosis de nuestras sociedades”.

Estos dialogantes críticos suenan llenos de esperanza, ese ingrediente que cada vez más se nos escurre de las manos aquí en México. ¿Qué necesitamos en nuestro país para cambiar de destino, para metamorfosear nuestra sociedad? La pregunta es cómo cambiar la política, y pese al deprimente y atroz panorama que vivimos, es esperanzadora la cita que Morin hace de Hölderlin: “Donde crece el peligro también crece la salvación”.

Fuente: Proceso

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