La falsa muerte de Montiel o el ocaso del “maestro” de Peña

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Por Jenaro Villamil

Desde la semana pasada corrió la versión de que Arturo Montiel Rojas, de 73 años de edad, había ingresado a emergencias en un hospital privado de la Ciudad de México, por un grave problema cardiovascular. Días después, la noche del 30 de junio, corrió como reguero de pólvora el rumor de que el exgobernador del Estado de México había fallecido.

El secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida -excolaborador del gobierno de Montiel y también de Enrique Peña Nieto-, desmintió en su cuenta de Twitter ese rumor que convirtió el nombre de Arturo Montiel en trending topic en la red social.

Ni la aclaración ni las declaraciones extraoficiales del hospital acallaron los rumores. La memoria colectiva en contra de quien encabezó una poderosa y extensa cleptocracia en el Estado de México motivó cientos de mensajes en contra de este personaje tan temido en la entidad, tan odiado fuera de ella y tan menospreciado en las propias filas priistas.

¿Quién quería difundir la muerte de Montiel Rojas? ¿Fue una casualidad este rumor o fue un anticipo de lo que sucederá con el nuevo gobierno de Alfredo del Mazo Maza, hijo de otro exgobernador que ahora encabezará las dinastías sobrevivientes del Grupo Atlacomulco? ¿Por qué en el equipo de Del Mazo acusan a varios “montielistas” de haber sido los “traidores” que ayudaron al avance de la candidata de Morena, Delfina Gómez, en las elecciones del 4 de junio pasado? ¿Qué papel jugará en este reacomodo de fuerzas el gobernador saliente Eruviel Ávila, quien recientemente celebró su ostentosa boda con la presencia de los obispos del Estado de México y la notoria ausencia del propio Montiel Rojas? ¿Recordará el propio Eruviel que fue gracias a la presión de Montiel y de la profesora Elba Esther Gordillo que logró cambiar la decisión de Peña Nieto en 2011 para nominarlo como aspirante priista a gobernador en ese año?

Nunca estuvo en el retiro el exgobernador, quien fue exonerado por su propio sucesor, Enrique Peña Nieto, y por la Procuraduría General de la República (PGR) de Felipe Calderón ante el escandaloso expediente de corrupción. Se “guardó” para no afectar las aspiraciones presidenciales de quien antes presumía como su sobrino, pero mantuvo una presencia indudable tanto en el peñismo como en el eruvielismo. Algo que difícilmente ocurrirá con el próximo gobierno de Del Mazo Maza.

El montielismo no es sólo un grupo de funcionarios y de golden boys que arribaron al poder al amparo de quien quiso erigirse como el nuevo “padrino” de los grupos y dinastías del Estado de México, tras la muerte de Carlos Hank González, en agosto de 2001.

El montielismo fue una fase superior del hankismo, tanto en la corrupción como en la “mano dura” contra disidentes y opositores. Su ambición presidencial fue derrotada en octubre de 2005, cuando Televisa lo traicionó -a pesar de los cientos de millones de pesos destinados a la empresa de Emilio Azcárraga Jean- y difundió en el programa “El Cristal con que se Mira” una parte del escándalo de la corrupción que provocó su renuncia como adversario de Roberto Madrazo en la nominación presidencial por el PRI.

Sin embargo, las “lecciones” del maestro Montiel Rojas ahí permanecen, y no están ni enfermas ni borradas en las prácticas políticas contemporáneas. Algunas de estas lecciones son las siguientes:

1. La corrupción inmobiliaria fue el sello de Montiel Rojas. Mucho antes del escándalo de La Casa Blanca de Peña Nieto, su tío y exjefe profundizó la práctica de acumular propiedades en México y en el extranjero que no coinciden con sus ingresos.

El divorcio que emprendió Maude Versini contra Montiel dio alguna luz sobre estas propiedades: una finca en su natal Atlacomulco con valor de 70 millones de pesos; una casa en Tonatico por 4 millones de pesos; una casa veraniega en El Santuario de Valle de Bravo valuada en 6 millones de pesos; un departamento en el Bosque de Boulogne, París, por 17 millones de pesos; un departamento en Careyes, Jalisco, por 6 millones de pesos; la propiedad en el fraccionamiento El Encino; decenas de casas de interés social en Toluca y en otros municipios del Estado de México.

2. Mezclar su vida pública con el ámbito privado para utilizar a sus parejas como parte del espectáculo del gran patriarca. Montiel se ha casado cuatro veces: con Paula Yáñez Villegas, con la joven francesa Maude Versini, con la periodista Norma Meraz y recientemente, en mayo de 2016, con la joven michoacana Karla Cortés Treviño.

Este “síndrome Tudor” que afecta a los gobernantes varones en el Estado de México ha tenido consecuencias tremendas. El grotesco pleito por la custodia de sus tres hijos con la francesa Maude Versini demostró hasta dónde se borran los asuntos privados para demostrar su influencia. Las acusaciones de maltrato y violencia también estuvieron presentes en su divorcio con Norma Meraz.

3. Encabezar una compleja ingeniería financiera para triangular el financiamiento ilegal hacia su partido y “ayudar” a ganar a otros políticos priistas en distintas entidades. Montiel Rojas fue el creador de la Fuerza Mexiquense (las “camisas rojas” que encabezó Isidro Pastor) para promover no sólo su candidatura a la presidencia, sino desplazar a sus operadores electorales a entidades como Yucatán, Veracruz, Michoacán, Tamaulipas, Coahuila, Hidalgo, etc.

Montiel Rojas aspiró a encabezar el “club de gobernadores” priistas que se transformaron en virreyes durante el gobierno de Vicente Fox. Utilizó todo lo que fuera necesario: desde alianzas y negocios conjuntos con los hijos de Marta Sahagún hasta pactos con el expresidente Carlos Salinas de Gortari.

4. Los grandes escándalos de corrupción que se han desatado durante el gobierno federal de Enrique Peña Nieto provienen de la era de Montiel Rojas: los oscuros y fraudulentos negocios con la constructora OHL por el Circuito Exterior Mexiquense se pactaron desde la época montielista (él mismo presume en privado recibir “dividendos” de OHL); el ascenso de Juan Armando Hinojosa Cantú, el propietario de Grupo HIGA, se inició en el gobierno de Montiel; los medios de comunicación y contratistas que mantienen su poder estatal y federal surgieron con Montiel, en especial el Grupo Mac, de los hermanos Maccise.

5. La mano dura contra ejidatarios de Atenco y la represión contra grupos sociales que rechazaron entrar al estilo de cooptación de Montiel Rojas fue una práctica constante que heredó y superó su sucesor Enrique Peña Nieto. No nos explicaríamos los fenómenos y escándalos actuales de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, represión a profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) o intimidación a sus críticos sin remitirnos al gobierno de Montiel Rojas.

6. El espionaje político a críticos, opositores y militantes de su partido fue iniciado por el propio Montiel Rojas. El 12 de julio de 2001, El Universal publicó una nota con el título: “Creó Montiel red de espionaje”. La nota señaló a los hermanos Alejandro y Carlos Díaz de León como operadores de esta red. La información de entonces reveló que el “jefe formal” de esa red era el entonces secretario de Gobierno, Manuel Cadena Morales, pero el verdadero depositario de esos secretos y brazo derecho del gobernador Montiel era el entonces joven y ambicioso secretario de Administración, Enrique Peña Nieto.

A mediados de 2011, Montiel Rojas publicó su testimonio en un libro escrito por Norma Meraz, Arturo Montiel desde Atlacomulco. En la página 54, como anexo al final del capítulo, Montiel hace un recuento enredado sobre la genealogía de su familia, así como de los Peña del Mazo para demostrar que “no soy pariente del gobernador” Peña Nieto. Eso ya no importaba. Fue su maestro. Y lo superó.

Fuente: Homozapping.com.mx

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