Juicio político al obispo Presidente

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Impulsor de la Teología de la Liberación y defensor de los campesinos, el mandatario de Paraguay, Fernando Lugo, se enfrenta a la venganza de las élites que desplazó del poder, pero también a sus propias debilidades personales.

Redacción HD

Obispo católico reducido al estado Laico, el presidente de Paraguay podría ser obligado a entregar el cargo este viernes, luego de que parlamentarios de la Cámara de Diputados aprobaron someterlo a juicio político mandatario por su presunta responsabilidad en de la muerte de 17 personas. Corresponderá al Senado emitir sentencia, lo que se tiene programado para esta misma tarde.

La semana pasada se produjo un enfrentamiento entre campesinos sin tierra y policías que los intentaban desalojarlos en una zona del noreste del país. Se imputa al presidente tener ligas con los líderes comuneros que dieron muerte a seis agentes policiacos, aunque también hubo 11 campesinos muertos en la refriega.

Y aunque el mandatario paraguayo tiene el apoyo irrestricto de la mayoría de los presidentes de Latinoamérica que consideran que se trata de una venganza política, no cuenta con los votos suficientes para salir airoso del juicio político. Lugo tendría que dejar el cargo y entregárselo a su vicepresidente de resultar el fallo en contra, lo cual parece el escenario más probable ya que sólo le queda un puñado de senadores leales. De hecho, de 80 diputados, 76 votaron a favor del procedimiento.

En un mensaje televisado, el presidente afirmó que mediante “medios políticos”, se estaba tratando de “robar la soberanía” que expresaron los ciudadanos en las urnas. “Denuncio ante el pueblo que su voluntad está siendo objeto de un ataque inmisericorde de sectores que siempre se opusieron al proceso democrático”, dijo. “El pueblo no olvidará que se pretende interrumpir un proceso democrático histórico a solo nueve meses de nuevas elecciones generales, violando lo más significativo que tiene la democracia”.

Numerosas agrupaciones progresistas respondieron al llamamiento del presidente a defender la decisión soberana del pueblo, anunciando que se harán presentes grupos de campesinos para evitar el juicio político contra Lugo. La oposición acusa a Lugo de haber alentado las invasiones de tierras por parte de los llamados carperos, los campesinos ocupantes de fincas.  Cuando aún era presidente electo, Lugo se reunió con dirigentes agrarios y les prometió “soluciones genuinas” en la redistribución de la riqueza.

“Esto podría ser el inicio de un golpe de estado”, advierte el presidente boliviano Evo Morales. A su vez, el presidente de ecuador, Rafael Correa, dijo que “la medida de juicio político es legal”, pero calificó de “ilegítimo” el trasfondo político. “Defendemos la democracia, los principios democráticos y la voluntad soberana, y esa posición es fija, concreta y no negociable”, aseveró el mandatario colombiano Juan Manuel Santos.

De hecho, una misión de cancilleres de la Unión de Naciones Sudamericanas estará presente en el juicio político a Lugo, con el objetivo de garantizar que se sigan las reglas del orden democrático. Los senadores, quienes serán los jueces del juicio político, designaron a un grupo de diputados de oposición como parte acusadora y otorgarán a Lugo dos horas este viernes para que se defienda de las acusaciones en su contra.

En los últimos días, tanto el ministro del Interior como el jefe de la policía renunciaron a sus cargos por la crisis política desatada por el violento desalojo. Lugo ordenó iniciar una investigación para determinar responsabilidades. Sin embargo, la propia crisis alcanzó ahora al mandatario de lleno y su propia permanencia está en duda.

La historia del obispo rebelde

Obispo católico ligado al movimiento campesino, Fernando Lugo, que colgó la sotana para aspirar a la presidencia de Paraguay, fue quien puso fin a 61 años de hegemonía del partido Colorado, sostén de la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954/89). Lugo ganó las elecciones presidenciales el 20 de abril de 2008 al frente de una coalición de partidos de derecha e izquierda bajo la denominación Alianza Patriótica para el Cambio (APC) poniendo fin al partido Colorado, que se confundió durante seis décadas con el Estado paraguayo.

Varias denuncias de paternidad marcaron su presidencia La presidencia de Lugo estuvo sacudida por reiteradas denuncias de paternidad realizadas por varias mujeres, que le reclamaban exámenes de ADN por hijos que según ellas tuvieron con él mientras era obispo de San Pedro, el departamento más pobre del país. Su popularidad del 93% en el momento de su asunción como jefe de Estado se redujo al 30% al desatarse los escándalos en abril de 2009, cuando se vio obligado a reconocer un hijo de dos años que tuvo con Viviana Carrillo, de 24 años.

En agosto de 2010, sus médicos anunciaron que padecía de cáncer linfático, en su última fase (4) pero aseguraron que podía curarse. Se sometió a seis sesiones de quimioterapia al tiempo que redujo considerablemente sus apariciones públicas. Hace dos semanas, Lugo se había visto obligado a reconocer a otro hijo varón, de 10 años, de una segunda mujer que le reclamó la paternidad, en tanto otras dos le entablaron juicio por el mismo motivo.

El ex sacerdote, que trabajó en Ecuador con monseñor Leónidas Proaño, conocido por los ecuatorianos como “obispo de los pobres”, se rodeó durante su gobierno de colaboradores de izquierda, representantes de una veintena de partidos y movimientos políticos y sociales. Partidario de la Teología de la Liberación, Lugo aseguró entonces que su gobierno no caería en la polarización ideológica evitando identificarse con ninguna corriente izquierdista latinoamericana en particular.

La lucha por la tierra de los campesinos pobres sacudió a su gobierno Impulsado a la política por su labor entre los campesinos, Lugo aseguraba al asumir la presidencia que haría una reforma agraria “diseñada y negociada con todos los actores involucrados sin caer en procesos traumáticos ni violentos”.

Pero fue desbordado por las invasiones de grupos de campesinos adeptos al gobierno a propiedades de ricos productores en el este, la región agrícola más rica del país en la frontera con Brasil y Argentina donde prosperan miles de colonos “brasiguayos”. Hacendados y políticos de oposición denunciaron esos procedimientos violentos, rayanos en la ilegalidad.

Los dirigentes de los campesinos sin tierras de la Liga Nacional de Carperos, que invaden propiedades y se instalan en carpas de plástico, fueron recibidos por su parte en varias oportunidades por el presidente Lugo en el Palacio de Gobierno y en la residencia presidencial.

El viernes 15 de junio pasado, un grupo de 6 policías desarmados que fueron a parlamentar antes de un desalojo de una finca con los ocupantes carperos en Curuguaty, 250 km al noreste de Asunción, fueron muertos en forma sumaria, presumiblemente por francotiradores que estaban del lado de los campesinos. La reacción de la retaguardia policial provocó la muerte de 11 campesinos y la consiguiente crisis política y el pedido de juicio político del presidente.

Nacido el 30 mayo de 1951 en una familia humilde en la pequeña localidad de San Solano, 400 km al sureste de Asunción, el menor de siete hermanos (cinco varones y una mujer), Lugo ingresó al noviciado de los misioneros del Verbo Divino en 1970, y fue ordenado sacerdote en 1977, hasta llegar a obispo. En el 2004, a la edad de 50 años fue imprevistamente jubilado y ejercía como obispo emérito, sin cargo, presumiblemente por sus problemas de alcoba.

Sobrino de un dirigente del partido Colorado que fue perseguido y exiliado por el dictador Stroessner, Lugo incursionó recién en política el 29 de marzo de 2006, cuando logró reunir a 40,000 personas de todas las tendencias para protestar contra el entonces gobierno de Nicanor Duarte (2003/2008). Aquel mitin en la plaza del Congreso paraguayo fue el trampolín que lo impulsó a colgar la sotana y se convirtió en el eje de una “concertación nacional” con el objetivo de terminar con el monopolio del poder por los colorados. Su incursión en política le valió la suspensión “a divinis” del Vaticano.

– Con información de El Espectador, El País y BBC Mundo.

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