Juanga y la política: ¡Pero que necesidad!

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Por Alfredo Espinosa

Juan Gabriel tiene pocas ideas, algunas de ellas peculiares. Además de haber profesado el vegetarianismo, está (o estaba), convencido de los beneficios de la orinoterapia. Narcisista como es, cree que todo lo suyo, incluso sus propios residuos orgánicos, pueden mantenerlo sano o colaborar a combatir enfermedades terribles como el cáncer.

Piensa también que su apoyo a tal o cual candidato político puede decidir las preferencias electorales del pueblo, esa masa anónima y caprichosa de la cual él mismo ha emergido y a la cual dirige sus canciones.

Y Juan Gabriel ha aprendido a manejar a las masas como un pastor a un rebaño de ovejas y cabríos. Y este manejo siempre ha redituado. Conociéndole ese don, los políticos lo acosan para que, como el flautista a los ratones, los lleve hasta sus molinos electorales. Juan Gabriel, divo y remolón, termina siempre negociando su participación contrariando sus múltiples declaraciones en la que sostiene que los políticos son una especie de lepra del país.

En varias ocasiones han sido evidentes las preferencias partidistas de Juan Gabriel. Y ambas por el Partido Revolucionario Institucional. La primera ocasión fue apoyando a Carlos Salinas de Gortari. Aquella vez, en 1988, se publicó en casi todos los periódicos del país, un manifiesto a la nación en el que el cantautor expresaba abiertamente su simpatía por ese candidato. Esta adhesión ocupaba una página entera, lo suficiente para que Juan Gabriel se enredara en un galimatías en el que pregonaba sus aficiones vegetarianas, su gusto por el chocolate, pese a que lo engordaba, el autorreconocimiento de su esfuerzo y triunfo en un país que no dudaba en catalogar como de oportunidades desaprovechadas. El texto es verdaderamente sorprendente por la ausencia de autocrítica y descuido sintáctico. Sólo un ególatra iletrado pudo haber cocinado este espagueti caótico aderezado por una filosofía tan errática como frívola.

La segunda ocasión sucedió durante las campañas del 2000: apostó por Francisco Labastida, quien en uno de sus actos políticos le develó una estatua. A cambio, el ídolo, al calor del festivo ambiente que su presencia construye, lanzaba vivas a su candidato e invitaba a seguir su ejemplo y a unirse al cántico de ese sonsonete rítmico y pegajoso: “Ni Témoc ni Chente, Francisco va ser presidente”. Más que pueril, patético.

Juan Gabriel es el rey Midas de la canción mexicana; el nuevo niño Fidencio de la Farándula; sin embargo ha fracasado en sus intentos por convertirse el pastor de borregos y cabríos. Con su voz y su música, en tiempos de elecciones, Juan Gabriel ha pretendido arrastrar a los ciudadanos a los trochiles políticos de su conveniencia. Estas incursiones de Juan Gabriel en la real política han resultado polémicas. Nunca ha dado la impresión que Juanga posea sólidas convicciones ideológicas. Quizá tampoco esté enterado de los múltiples ejemplos que posee la historia respecto a someter el arte a los designios de la política. Todos estos ejemplos han sido desastrosos. Sin embargo, Juan Gabriel ha aprendido a venderse muy bien. Se sabe un producto comercial de mucha demanda y de acuerdo a ella se pone el precio. Pero ¿qué capricho puede tener un artista popular que el señor presidente no pueda cumplir?

Ya en el poder, Salinas le abrió las puertas de Bellas Artes, recinto reservado a esos otros artistas que han logrado trascender en el desarrollo de sus disciplinas. En medio de una gran polémica Juan Gabriel se presentó con la Orquesta Sinfónica Nacional en el Teatro de Bellas Artes. Fue un éxito. En esa ocasión, para acallar las críticas, contestó otra vez con una bofetada con guante blanco: su altruismo. Este altruismo le permitió donar las ganancias de este concierto para beneficio de esta misma orquesta y para el albergue Semjase, que él mismo había fundado, en donde viven más de 150 niños huérfanos, hijos de madres solteras o de padres de pocos recursos.

Con Labastida, previendo su derrota, realizó seguramente una negociación antes de las elecciones: pidió ahuyentar el acoso fiscal que constantemente lo amenazaba con arrebatar una buena tajada de su riqueza o incluso, como sucedió con la D’Alessio, meterlo a la cárcel. Su candidato perdió y también él mismo. Ambos mostraron su decadencia y su deterioro moral.

Tuvo que soportar algunos abucheos del respetable y reiniciar otra campaña de reconquista. No tardó en hacerlo: con “Abrázame muy fuerte” logró meterse de nuevo en el corazón de su pueblo, que días antes se habían dividido por esa lucha fraticida y partidista que, por fortuna, resulta intrascendente y efímera.

Por lo pronto, el público se desquitó del ídolo. Como en 1972, en el 2000 se le brindó una de las más nutridas rechiflas. Juan Gabriel debe dedicarse a lo suyo que es cantar al corazón y al mundo de los afectos y no andarse metiendo a los trochiles de la política y menos haciendo dúo con dinosaurios de larga cola. Esta vez el público ofendido reaccionó con su habitual ingenio retorcido, maligno y certero: popularizó en el internet, un fotomontaje en el que Juan Gabriel aparece solicitando nuestro voto para ser la primera dama.

En un mitin de campaña, Fox le cantó la farsante a su oponente, y revertía la tonadilla chiclosa y la terminaba diciendo que Chente será el presidente. Vicente Fox amenazó a Juan Gabriel que de convertirse en presidente de México, como en realidad sucedió, Juanga finalizaría cantando su cantiga mamila en el metro de la Ciudad de México.

En los últimos días, el Gobernador de Chihuahua, César Duarte, conocido por sus excesos y por su pobre apego a la vida republicana que aconsejaba Benito Juárez a quienes tienen la obligación y el privilegio de servir a sus pueblos, tuvo la ocurrencia de que fuera el Divo de Juárez quien le cantara Las Mañanitas en su cumpleaños. ¿Cuánto nos costó a los chihuahuenses pagarle al Gobernador ese antojo? ¿Hubo quizá un acuerdo para que dejara de pagar impuestos o negociaciones de futuras negociaciones? La opacidad con la que se conducen los gobiernos mexicanos, y el chihuahuense en especial, sólo nos permiten especular. Por lo pronto, Juanga logró varias contrataciones: actuó para Chihuahua en el Grito de Independencia en el 2012 y volverá a hacerlo en 2013. Pero hace dos noches, Duarte de Chihuahua, y Reyna de Michoacán, decidieron celebrar los 40 años de carrera artística del cantante. Se lo sacaron de la manga. De hecho Juan Gabriel cumple 42 años, si se toma en cuenta que en 1971, empieza asonar en la radio “No tengo dinero”, de su autoría. A ese evento se repartieron 1,600 invitaciones, con el sello de la Presidencia de México, a políticos y sus familias.

Juanga entró a Bellas Artes por segunda ocasión, y esa entrada se realizó sin la polémica de los años anteriores porque se realizó casi en secreto. Fue un evento privado. Sólo políticos. Peña Nieto, se dice, no asistió debido a que la naturaleza del evento podría ser leído como políticamente incorrecto. Y lo es. Chihuahua y Michoacán son los estados que mayor índices de violencia mantienen. El Gobernador chihuahuense dijo que gastó 60,000 pesos en el envío de las invitaciones. Él decidió quien entraría a verlo. Quienes pagamos ese evento por poco ni nos enteramos. El Universal asegura que Juan Gabriel fue contratado por el Gobernador chihuahuense. Desconocemos el monto o las características del contrato. Ninguno de los dos personajes da paso sin huarache.

Más allá de las pasiones partidistas y las ganancias de pescadores de ríos revueltos, Juanga hace negocios con los políticos. Ambos se necesitan. Ojalá Juan Gabriel no ceda, como tantos otros de su gremio, a la tentación de ser diputado. Aunque reúne el perfil para serlo, (frívolo, ególatra, cínico, con pocas ideas y muchas ambiciones), beneficia más a la patria cantando que levantando el dedo desde una curul. Además, los políticos son transitorios; los ídolos en cambio, perduran en el corazón del pueblo. Cuando todos se olviden de los políticos, seguirán cantando a Juan Gabriel.

La egolatría del divo

Con frecuencia Juan Gabriel pierde el piso. Olvida sus limitaciones e incursiona en ámbitos que no domina y en los que ha logrado alcanzar un grado extremo del ridículo. Una vez escribió y grabó este poema que pudiera ser utilizado en las más rigurosas antologías de la poesía ingenua o del humor involuntario. Cito el final (léase con la seriedad del caso):

Cuando eras tú un espermatozoide
llegar a la matriz tu meta fue,
cuán grande tú serás pues lo lograste
lo cual quiere decir que eres un rey.

Alfredo Espinosa realizó un ensayo de Juan Gabriel, “El estruendoso escándalo de la ambigüedad” en 2002. El libro se encuentra a la venta en Librería Kosmos, a un lado de las Fuentes Danzarinas, en la ciudad de Chihuahua.
aespinosadr@hotmail.com

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