Hamilton: el hip hop en los tiempos del odio ¿Cómo explicar el éxito del musical?

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¿Cómo explicar el éxito del musical Hamilton, de Lin-Manuel Miranda? ¿Por qué hoy, durante la presidencia de Trump, la obra resulta una experiencia tan valiosa?

El verano de 2008 fue el verano de  Lin-Manuel Miranda. Flamante ganador de los premios Tony por su primera obra en Broadway In the Heights, presentador estelar de la ceremonia, había decidido tomar un descanso y viajó de vacaciones a México. En el aeropuerto de improviso compró un libro para leer durante el viaje. De entre todas las ediciones de bolsillo, eligió el libro Alexander Hamilton, de Ron Chernow. El autor, ganador del Pulitzer, narra en más de ochocientas páginas la vida de quien llegó a ser la mano derecha de George Washington, e intenta reivindicar la figura de Hamilton, que había caído en el olvido al punto de que se había presentado una iniciativa para cambiar el rostro del billete de diez dólares. Lin-Manuel se sorprendió tanto con la historia del Padre Fundador como con la prosa de Chernow, por lo que decidió que su siguiente obra trataría sobre Alexander Hamilton.

El mixtape

La primera canción que escribió Miranda basada en el libro fue Alexander Hamilton. Por aquellas fechas Miranda acudió a la “Evening of Poetry, Music & The Spoken Word”, en la Casa Blanca. Después siguió My Shot, que juega con dos significados de la palabra: Shot, oportunidad y shot, disparo. Según Miranda, durante el duelo que le quitó la vida, al disparar deliberadamente al aire, Hamilton desaprovechó la oportunidad de dejar un legado incluso más grande. My Shot fue reescrita y tallereada decenas de veces, junto con varias canciones más.

En 2012 Miranda presentó su Hamilton Mixtape en el Lincoln Center. Después reunió a gente con la que había trabajado en In the Heights: el director Thomas Kail, el coreógrafo Andy Blankenbuehler y el director musical y orquestador Alex Lacamoire. El año siguiente se anunció formalmente la presentación de la obra en The Public Theater.  Después de algunos preestrenos, la expectativa era muy grande.

La obra se presentó el 17 de febrero de 2015 en el Public Theater. De inmediato recibió excelentes críticas de NBC New York, el New York Times, Time Out, Vogue y muchos medios más. En mayo Hamilton terminó su temporada fuera de Broadway y Miranda pulió guion y canciones para presentarse finalmente en el teatro Richard Rogers, el 6 de junio de 2015.

Aunque el elenco original se ha retirado de la obra (la última presentación de Lin-Manuel Miranda en el papel protagónico fue el 9 de julio de 2016), Hamilton continúa en cartelera y sus boletos son los más codiciados en las taquillas. La obra también se presenta en Chicago desde el 19 de octubre y próximamente estará en las taquillas de West End en Londres y posiblemente en Toronto y San Francisco.

Hamilton recibió dieciséis nominaciones en los premios Tony, de las cuales ganó once, incluyendo Mejor Musical, Mejor Actor y Mejor Director. El 25 de septiembre el disco con la banda sonora salió a la venta, con lo que el fenómeno se volvió internacional. El emotivo discurso de aceptación de Lin-Manuel Miranda llegó incluso al video recopilatorio de Google de 2016.

En Youtube abundan homenajes y adaptaciones de diferentes canciones, grabados en la habitación de una adolescente, en una obra escolar de una preparatoria en Indonesia, en un coche familiar, en un coro a capella o en un corto muy bien producido.  Predomina el hip-hop, cuyo punto más alto es el parde debates entre Hamilton y Jefferson, a manera de una batalla de rap. También hay espacio para el R&B, el soul, el dancehall y las inevitables baladas. En cuarenta y seis canciones, Lin-Manuel Miranda narra la vida del Secretario del Tesoro y da voz al mismo tiempo a personajes ilustres como Washington, Jefferson o el rey Jorge III, y a personajes opacados por la historia como las hermanas Schuyler, Aaron Burr o el marqués de Lafayette.

La revista Rolling Stone colocó a Hamilton en el lugar 8 en la lista de los cincuenta mejores discos de 2015. El disco ha vendido más de un millón de ejemplares y ganó el premio Grammy al mejor álbum de teatro musical. Con los premios de la Academia muy cerca, Miranda, con su trabajo en Moana, apunta a ser parte del exclusivo grupo EGOT (Personas ganadoras de premios Emmy, Grammy, Oscar y Tony).

¿Cómo explicar el ascenso a la cima?

Esta obra de teatro ha cruzado la difícil frontera entre Broadway y el público en general, lo que la pone a la altura de clásicos como Rent, Los miserables, Amor sin barreras o El rey león.

Es difícil explicar un fenómeno tan exitoso, aunque en el caso de Hamilton lo primero es muy evidente: las canciones son pegajosas y emotivas. Lo que hay detrás de eso merece hablarse más detenidamente.

Antes que nada, Lin-Manuel Miranda se tomó su tiempo para tallerear y corregir canciones. Desde 2008, cuando compuso los primeros versos, hasta que se presentó la obra en 2015, hay años de experimentación, investigación y ensayos.

Miranda, hijo predilecto de Washington Heights, a medio camino entre Harlem y el Bronx, hurga en sus propias raíces para al mismo tiempo contar la historia de la fundación de los Estados Unidos y hacer uso de uno de los pocos géneros musicales auténticamente estadounidenses: el hip hop. Y no sólo eso, sino que en sus letras hay una gran cantidad de homenajes a sus ídolos: el grito de Ladies! de los Beastie Boys, el If you don’t know, now you know de The Notorious B.I.G. y varios guiños a Mobb Deep, DMX, Jay-Z, Grandmaster Flash & The Furious Five, entre otros.

En un claro dominio del teatro musical, Miranda otorga leitmotivs a varios personajes, con los que la narración avanza y el público reconoce fácilmente: La relación entre Hamilton y su esposa es un ir y venir de That would be enough; así como la complicada hermandad entre él y su cuñada, Angelica, quienes se dicen You’ve never been satisfied.

En cuanto a otros personajes, Washington le dice repetidas veces a Hamilton: History has its eyes on you y Who lives, who dies, who tells your story; la histórica rivalidad con Aaron Burr juega con la rima del apellido Burr con varias palabras (Sir, were, worst, confer, senator, etcétera).

El leitmotiv más importante es sin duda el del personaje principal: I am not throwing away my shot. Se establece en la tercera canción (la ya mencionada My Shot) y se repite hasta las últimas consecuencias. La imagen misma del musical alude a este tema, que celebra las oportunidades que tomó Hamilton para sobresalir como inmigrante, y al mismo tiempo lamenta que no haya podido seguir con su trabajo por haber muerto en el duelo.

Miranda usa también los géneros musicales a su favor para contar la historia y dar color a sus personajes. La pegajosa You’ll be back, cantada por el rey Jorge III, es una canción pop que recuerda a los Beatles en la que él, despechado ante los deseos de independizarse de los Estados Unidos, asegura que su colonia favorita “volverá”. Con coros onomatopéyicos, un acento muy inglés y aludiendo una relación amorosa entre el rey y su colonia, la canción contrasta perfectamente con las letras rebeldes y rápidas del hip hop de Hamilton y sus amigos.

Asimismo, las hermanas Schuyler aparecen por primera vez como un trío de R&B muy parecido a Destiny’s Child. De inmediato se conoce su amor filial y su complicidad en un mundo de hombres.

Miranda explora los motivos por los que Hamilton trabaja incansable e ininterrumpidamente desde su adolescencia en la isla de Nieves hasta horas antes de su muerte: en la universidad, en la guerra, como Secretario del Tesoro.

Después de un par de canciones, Hamilton se asume como alguien que debe estar en los libros de historia y dejar un legado que perdurará en la nueva nación.

Esa mentalidad épica, presente sobre todo en el primer acto, es propia de un adolescente, que Miranda establece como la edad tanto de Hamilton como de Estados Unidos:

Hey yo, I’m just like my country

I’m young, scrappy and hungry

And I’m not throwing away my shot!

Conforme la historia avanza, Hamilton comienza a formar parte del grupo en el poder y debe decidir entre sacrificar tiempo con su esposa e hijo para forjar las leyes que quiere para su país, o sacrificar su posición para estar con su familia. Su esposa, Elizabeth, lo confronta repetidas veces, sobre todo cuando le anuncia que está embarazada:

Oh, let me be a part of the narrative

In the story they will write someday

Let this moment be the first chapter:

Where you decide to stay

And I could be enough

And we could be enough

Hamilton elige dar la espalda a su familia, hasta el punto de cometer una infidelidad que a la larga será una de las causas de su caída. Lin-Manuel Miranda nació en 1980 y por muy poco no pertenece a la generación Millennial, pero la conoce muy bien. Uno de los rasgos de dicha generación es estar justo en dilemas así: familia o trabajo. El ejemplo más emotivo de esto es la canción de cuna Dear Theodosia, que Burr y Hamilton cantan a sus respectivos hijos recién nacidos:

My father wasn’t around

I’ll swear that

I’ll be around for you

I’ll do whatever it takes

I’ll make a million mistakes

I’ll make the world safe and sound for you

El ascenso de las minorías

Podría decirse que así como el primer acto de la obra es el ascenso de Hamilton y de Estados Unidos, el segundo acto es la caída política de Hamilton hasta su muerte: los enemigos del Secretario del Tesoro son compañeros del gabinete de Washington: Jefferson, Madison y Adams. Este último lo ataca por su condición de migrante, tema que Miranda conoce bien.

Miranda, hijo de padres migrantes, no desaprovecha la ocasión para plantear temas como la migración, los esclavos y las minorías. Desde el concepto mismo de la obra hay una apropiación de la historia oficial que Miranda traduce al hip-hop. Los personajes históricos son todos blancos, de familias de abolengo y ricos (a excepción de Hamilton). Los actores que los representan, en cambio, son un crisol de razas que representan mejor la realidad de Estados Unidos: latinos, afroamericanos, asiáticos y blancos.

En dos versos Miranda hace referencia a los migrantes y los esclavos. En el primero, Lafayette y Hamilton se reúnen en la víspera de la batalla de Yorktown:

[LAFAYETTE]

Immigrants:

[HAMILTON/LAFAYETTE]

We get the job done

El segundo es aún más contundente. Durante el primer debate / batalla de rap entre Thomas Jefferson y Alexander Hamilton, el primero le discute su plan financiero, defendiendo la vocación agrícola del Sur. Hamilton le responde:

A civics lesson from a slaver. Hey neighbor

Your debts are paid cuz you don’t pay for labor

“We plant seeds in the South. We create.”

Yeah, keep ranting

We know who’s really doing the planting

Por último, es muy importante mencionar el papel de las mujeres en Hamilton. A pesar de que no figuran en la historia oficial, Miranda pone a los personajes femeninos en papeles centrales. Las hermanas Schuyler, en su canción de presentación, recitan el segundo párrafo de la Declaración de Independencia de las Trece Colonias:

You want a revolution? I want a revelation

So listen to my declaration:

“We hold these truths to be self-evident

That all men are created equal”

And when I meet Thomas Jefferson

I’m ‘a compel him to include women in the sequel!

La relación entre Angelica Schuyler y Hamilton sugiere cierta complicidad y coqueteos, presentes en su correspondencia, que leyeron tanto Ron Chernow como Lin-Manuel Miranda. El triángulo amoroso entre las hermanas Schuyler y Hamilton podía haberse quedado en un plano superficial, pero Miranda aprovecha el momento en el que los tres se conocen para, en voz de Angelica, hablar de la situación de la mujer en aquella época.

Este es un momento muy importante: Miranda se separa de obras de teatro anteriores como Mamma Mia!, Hairspray, Miss Saigon y Vaselina, específicamente de Broadway, en las que la mujer no es consciente de su situación y sus acciones dependen de las acciones de personajes masculinos.

Cuando Hamilton muere, la escena final corre a cargo de su viuda, Elizabeth. Ella se encarga de contar la historia de los amigos de su esposo y de abrir el primer orfanato de Nueva York. Al final, ella misma se lamenta, como Hamilton, de no tener tiempo suficiente para hacer más, para continuar con su legado.

Una sinfonía inacabada

Siete años después, Lin-Manuel Miranda regresa a la Casa Blanca, ahora acompañado por el elenco de su obra multipremiada, con una canción tallereada, corregida y ensayada cientos de veces. Los líderes de Estados Unidos están atentos y felices de presenciar el show. La obra permanecerá algunos meses más en Broadway y su elenco original ya está trabajando en otras producciones.

 El legado de Hamilton permanecerá en el imaginario de la población de los Estados Unidos. Incluso puede decirse que su discurso en defensa de los migrantes influyó en las elecciones presidenciales. La obra de Lin-Manuel Miranda es, después de todo, una declaración de amor a Estados Unidos, pero no al país que Donald Trump quiere aislar con un muro, sino al que recibe a las masas cansadas y pobres que ansían respirar libres:

Legacy. What is a legacy?

It’s planting seeds in a garden you never get to see

I wrote some notes at the beginning of a song someone will sing for me

America, you great unfinished symphony, you sent for me

You let me make a difference

A place where even orphan immigrants

Can leave their fingerprints and rise up

El 18 de noviembre de 2016, el vicepresidente electo Mike Pence visitó el teatro Richard Rodgers en Broadway para ver la obra, pero su elenco no podía dejarlo ir tan fácilmente. Al terminar la obra, el actor que en ese día representaba a Aaron Burr, Brandon Victor Dixon, leyó unas palabras a nombre de todo el elenco y staff de Hamilton, en las que pide a Pence trabajar a nombre de todos.

Como era de esperarse, Donald Trump no se quedó callado. Tuiteó que Mike Pence había sido atacado y exigió una disculpa, que nunca llegó.

Resulta curioso que la obra Hamilton ya sea parte de la historia presidencial. Fue un vicepresidente (Burr) quien disparó y mató a Alexander Hamilton y fue un vicepresidente quien provocó esta última polémica. Y a través de su legado, del talento inacabable de Lin-Manuel Miranda y del elenco y staff de sus diferentes producciones de Broadway, Chicago, preparatorias y cocheras de adolescentes, Alexander Hamilton continúa defendiendo los derechos de migrantes que buscan el sueño americano y que son parte fundamental de la historia de los Estados Unidos.

Fuente: Letras Libres

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