El rescate y el olvido

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Por Servando Pineda Jaimes

Un poco por las fechas, otro tanto por nuestro proverbial olvido, pero bien vale la pena destacar –por lo menos consignar- tres hechos ocurridos, el fin de semana en el ámbito de la música y las artes escénicas en tres lugres distintos de nuestro país. 2 En Ciudad Juárez se estrenó la obra “Estrella del Norte”, escrita por el compositor estadounidense Dominic Sousa, como un encargo especial de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, para celebrar su 40 aniversario  La obra fue interpretada por la pianista juarense Nayeli López y la Orquesta Sinfónica de la UACJ, a cargo del maestro Guillermo Quezada, en el Teatro “Víctor Hugo Rascón Banda” del Centro Cultural Paso del Norte (CCPN). De acuerdo a la información disponible, el título ‘Estrella del Norte’ alude a dos motivos: uno, a la ancestral estrella Polaris que guió a los primeros conquistadores de la región, y dos, a la propia intérprete, quien recientemente obtuvo el Doctorado en Música en la Universidad de Arizona, y es la esposa del compositor de la obra. Dominic Sousa es originario de Rochester, Minnesota, y miembro del Departamento de Música de la Universidad de Texas en El Paso desde el 2004, en tanto que Nayeli López, es docente e investigadora de la UACJ. En la Ciudad de México, se reestrenó la ópera Atzimba, del compositor duranguense del Siglo XIX, Ricardo Castro. Atzimba fue una de las primeras óperas en que el libreto y la musicalización fueron concebidos en castellano. Narra una historia de amor desarrollada en medio de dos imperios: el purépecha y el español, con el lago de Pátzcuaro como uno de sus principales escenarios. La obra se basa en un episodio de La conquista de Michoacán, de Eduardo Ruiz, y se integra por tres actos, teniendo como personajes principales a la princesa purépecha Atzimba, al oficial español Jorge de Villadiego y al guerrero Huépac, quien revela su amor por la noble joven de quien descubre que tiene amoríos con el conquistador español. Ya sabemos que entre los purepechas no había reyes, ni princesas, pero bueno, fue una licencia del maestro Castro. Para algunos críticos, Atzimba es el equivalenque a “Romeo y Julieta” o a la célebre “Aída” en su versión purépecha. La obra se montó por primera vez en 1900 a modo de zarzuela, después vino con una compañía italiana, cantada en italiano, pero la ópera nació en español; después se presentó en el otrora Teatro Nacional. La última vez que subió a un escenario fue en 1952en Bellas Artes y por esas cosas que suceden en nuestro México, la musicalización del segundo acto se perdió, por lo cual para esta reposición se le encargó el destacado compositor mexicano Arturo Márquez (autor del célebre Danzón número 2). La obra se presentó primero en Durango, y este fin de semana lo hizo en Bellas Artes; posteriormente lo hará en Cuernavaca y otras ciudades, las cuales, lamentablemente no incluyen Ciudad Juárez. Una lástima. El montaje corre a cargo de Luis de Tavira, y la dirección orquestal está a cargo del maestro Enrique Patrón de Rueda –quien se llevó todos los aplausos posibles- y los papeles principales corren a cargo del tenor José Luis Duval, como Jorge de Villadiego –viejo conocido en Ciudad Juárez, donde, entre otras obras se le recuerda por su magistral Pagliacci, que montó la UACJ-  y Violeta Dávalos, como la princesa Atzimba.   1 Por último, el pasado domingo, la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México (OFUNAM), volvió a tocar y rescatar del olvido, el bellísimo poema sinfónico Cacahuamilpa, del compositor mexicano Alfonso de Elías. Dirigida en esta ocasión como director invitado por el maestro Lanfranco Marcelletti –director de la Orquesta Sinfónica de Xalapa-; Cacahuamilpa es un homenaje a las célebres grutas, ubicadas en Guerrero. De acuerdo a Fernando Díez, colaborador de El Universal y autor, entre otros libros de “Mi historia secreta de la música”, el maestro Alfonso de Elías nació y murió en la Ciudad de México (1902-1984). En 1931 ganó el premio de la UNAM por su poema sinfónico Callejón del Espíritu Santo y, en 1945, el de la Sinfónica de México por Cacahuamilpa, obra grabada por la Sinfónica de Jalisco en 1989. Entre sus maestros estuvieron José F. Velázquez, Gustavo E. Campa y Rafael J. Tello, en el Conservatorio Nacional. A partir de 1927 impartió clases de piano, órgano y composición en su propia academia y más tarde en la Escuela Nacional de Música y en el Conservatorio. Su abundante obra, hasta hoy poco difundida, incluye tres sinfonías, los dos poemas sinfónicos ya mencionados, música de cámara, para voz, para coros y para instrumentos diversos. Y nos vemos en el próximo Culturitos Club.

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