El país, sembrado de hospitales “fantasma”

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El sector salud en general, y más en específico la infraestructura hospitalaria del país, son una calamidad. Hace unos meses estalló el escándalo por la falta de medicinas, y en las últimas semanas el presidente Andrés Manuel López Obrador se quejó del “tiradero” que recibió su gobierno en ese rubro: decenas de hospitales inconclusos, lo mismo en Chiapas que en Oaxaca, Veracruz, Jalisco y Chihuahua. Y aun cuando la Secretaría de Salud federal ya esboza un plan de rescate, será hasta 2020 cuando pueda “concluir y operar” 23 de esos nosocomios, lo que demanda una inversión de 2 mil 335 millones de pesos.

Por Rodrigo Vera/ Proceso

El domingo 7 de julio, cuando visitó una clínica de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el presidente Andrés Manuel López Obrador se quejó del “tiradero” de hospitales inconclusos que le dejaron los gobiernos federales anteriores.

Las quejas de López Obrador se sustentan en un estudio que, un mes antes, el 6 de junio, presentó la Secretaría de Salud sobre ese grave problema. Titulado Situación de infraestructura; hospitales y unidades médicas, el reporte arroja las siguientes cifras: actualmente hay en el país 306 obras hospitalarias inconclusas, 180 de las cuales están de plano abandonadas, mientras que las restantes 126 aún están en “proceso” de construcción, pero con un gran rezago.

Las obras hospitalarias “suspendidas”, pertenecientes a la Secretaría de Salud, se concentran principalmente en tres estados: Oaxaca, con 58 obras abandonadas; Veracruz, 34, y Jalisco, 31.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en mucho menor cantidad, tiene “suspendidas” en la Ciudad de México cinco obras, en tanto que en Baja California Sur, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas hay dos en cada entidad.

El ISSSTE tiene “suspendidas” cuatro obras: en Hidalgo, Jalisco, Baja California y Chihuahua, una en cada estado.

Los principales motivos del abandono y del retraso —prosigue el estudio— son “falta de financiamiento para concluir la obra”, “corrupción” de las autoridades del sector salud e “incumplimiento de la empresa contratada”.

En Oaxaca —entidad con mayor número de obras abandonadas— destaca el caso emblemático del Hospital Básico Comunitario, del municipio de San Felipe Jalapa de Díaz, en plena región mazateca, cuya construcción está estancada desde 2011.

El presidente del municipio, Arturo García Velásquez, se lamenta:

“No se le ha dado continuidad a la obra. Hemos hablado con el gobierno del estado para su terminación y equipamiento, pues es un hospital de alta prioridad por los casos graves de mortandad que aquí se han presentado”.

La construcción de esta obra comenzó en 2007 —cuando Felipe Calderón era presidente y Ulises Ruiz gobernador de Oaxaca—, pero quedó abandonada en 2011.

HECHO DRAMÁTICO

Un incidente evidenció la urgencia de retomar la obra: el 2 de octubre de 2013 la indígena mazateca Irma López Aurelio presentó dolores de parto y acudió al saturado Centro de Salud Rural de San Felipe, donde no pudo ser atendida. Sin asistencia médica ni medidas de salubridad, la indígena dio a luz en el patio de ese centro.

Una fotografía donde aparece el recién nacido tendido en el pasto y con el cordón umbilical conectado a la madre circuló profusamente e impactó a la opinión pública. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió la recomendación 1/2014 para que la indígena y su familia recibieran toda la atención posible.

Ante este hecho dramático, los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Gabino Cué prometieron en ese tiempo retomar la obra abandonada del Hospital Básico Comunitario, el cual —anunciaron— atendería a 150 mil habitantes mazatecos, chinantecos, cuicatecos y mixtecos de la región.
Pero la obra sigue abandonada.

Y por lo que respecta al estado de Veracruz, quedó mal hecha la llamada “obra magna hospitalaria” realizada durante el gobierno de Javier Duarte: la Torre Pediátrica del puerto.

Los peritajes alertan que algunas estructuras del inmueble deben ser “repuestas en su totalidad”, pues se erigieron con material de pésima calidad, además de que el edificio fue mal planeado desde su composición arquitectónica, por lo que representa un peligro para los usuarios.

Por si fuera poco, el sucesor de Duarte, Miguel Ángel Yunes Linares, denunció que la obra tuvo sobreprecio. En su momento expuso que ya se presentaron denuncias penales ante la Fiscalía General del Estado contra quienes resulten responsables, que pueden ser ex servidores públicos o la empresa contratista Gran Marca Proyectos.

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Por su lado, Cristian Hernández, ex subsecretario de Obras Públicas, informó que se deberán “demoler” los niveles 9 y 10 de la obra, así como el inconcluso helipuerto de la azotea, ya que no se cumplen los estándares ni la normatividad para que los cimientos de la torre soporten los dos últimos niveles ni el peso de una aeronave.

Según una denuncia presentada en junio pasado ante la fiscalía estatal por el entonces contralor general del Estado, Guillermo Moreno Chazzarini, la empresa Gran Marca Proyectos tampoco “era elegible” para hacerse cargo de la construcción de la Torre Pediátrica. Sin embargo, expuso, la firma recibió una adjudicación directa valiéndose del tráfico de influencias.

COMPROMISOS INCUMPLIDOS

En Jalisco —con el tercer lugar de hospitales abandonados— destaca el caso del Hospital de La Huerta, una obra iniciada hace siete años que aún se encuentra inconclusa y ha sido rehén de los vaivenes electorales de la entidad. En junio de 2012, durante una visita al municipio del mismo nombre, el entonces candidato priísta a gobernador, Jorge Aristóteles Sandoval, anunció la edificación del nosocomio como un compromiso de campaña. Jamás cumplió.

El actual alcalde de La Huerta, Adán Israel Mendoza, dice que ante los reclamos de la población, en mayo de 2015, en plena contienda electoral intermedia, se colocó la primera piedra del hospital y se inició su construcción, pero fue suspendida tan pronto terminaron los comicios. En marzo de 2018, en un nuevo contexto electoral, se reanudaron las obras, pero al poco tiempo se suspendieron nuevamente y así permanecen hasta la fecha.

Otro caso es el del megacomplejo médico en Ciudad Juárez, Chihuahua, el cual albergaría dos grandes nosocomios: el Hospital General de Especialidades y el Hospital de Cancerología, con un costo programado de mil 300 millones de pesos.

En diciembre de 2014 se colocó la primera piedra de este ambicioso proyecto, considerado el más importante del gobierno de César Duarte. El propósito era concluirlo en 12 meses, antes de finalizar la gestión del priísta, quien por cierto hoy se encuentra prófugo de la justicia.

Sin embargo, por corruptelas y malos manejos, los recursos para esa construcción están congelados desde 2016.

En mayo pasado, López Obrador recorrió los cascarones de este elefante blanco, junto con el actual gobernador de Chihuahua, Javier Corral. Ambos acordaron delinear una estrategia de rescate.

CON FALLAS ESTRUCTURALES

Hay otros nosocomios que, aunque no estén abandonados, sus obras se han prolongado muchísimo y presentan fallas estructurales, como el Hospital Infantil de Morelia, cuya construcción arrancó en 2013 y aún no concluye, pese a que ya se le invirtieron mil 400 millones de pesos.

La Secretaría de Salud federal, en su estudio Situación de infraestructura; hospitales y unidades médicas, ya esboza un plan para rescatar en todo el país este “tiradero” de hospitales al que se refiere López Obrador, y adelanta que para 2020 podrá “concluir y operar” 23 de esos nosocomios… pero requiere una “inversión” de 2 mil 335 millones de pesos.

(Con información de Pedro Matías, Noé Zavaleta, Gloria Reza, Pedro Zamora, Luis Chaparro y Francisco Castellanos.)

Fuente: Proceso

 

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