Copa Cannábica: gana la hierba de mejor sabor, aroma y ‘pegue’

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Por Eloísa Capurro

Vice News

Ni pancartas, ni afiches, ni megáfonos. Nada identificaba lo que pasaba dentro de esa vieja casona, un tanto descuidada, en pleno barrio residencial de Montevideo. La única señal de estar en el lugar correcto la dieron un par de muchachos que fumaban marihuana en la calle y vestían gorros decorados con imágenes de la hierba.

Un imponente guardia de seguridad bloqueaba la entrada pidiendo identificación. Pero al mostrar la inscripción al evento e ingresar a la casona, el ambiente era otro: amigable y relajado. El aire se sentía dulce.

Estamos en la quinta edición de la Copa Cannábica, organizada por la Asociación de Estudios Cannábicos del Uruguay que se lleva a cabo a mediados de julio y que junta a miembros de clubes de cultivo y autocultivadores uruguayos, así como consumidores de la región. Usar drogas con fines recreativos es legal en este país sudamericano desde 1970 y en 2013 el gobierno aprobó la legislación que regula el consumo, venta y distribución del cannabis a nivel nacional. En las próximas semanas además comenzará la venta en farmacias de hasta 40 gramos al mes por usuario.

La Copa organizó su primera edición en 2012, cuando se conoció la intención del entonces presidente José Mujica [Frente Amplio, izquierda] de crear un mercado regulado de marihuana. “Lo que me asusta es el narcotráfico, no la droga. Y por la vía represiva es una guerra perdida” declaró el mandatario ese año en una entrevista con BBC Mundo.

‘Lo que me asusta es el narcotráfico, no la droga. Y por la vía represiva es una guerra perdida’.

“Para nosotros era un acto de desobediencia civil”, recuerda en diálogo con Vice NEWS Laura Blanco, una de las organizadoras del evento. A medida que la ley avanzó, también la Copa fue haciéndose más pública y ya desde 2013 se celebró en el W. Lounge, instalado en la sección más transitada de la rambla montevideana, un malecón frente al Río de la Plata. La construcción de un McDonald’s en el bar que oficiaba de anfitrión trasladó esta edición a sus orígenes: esa vieja casona en el barrio El Prado.

A la más reciente edición acudieron unos 60 autocultivadores y 12 clubes, que llevaron 94 muestras de sus cosechas para ser evaluadas en varios aspectos como presentación, aroma, sabor y “pegue”. En años anteriores llegó a haber entre 120 y 180 muestras, pero Laura Blanco estimó que gracias a ese decrecimiento en la cantidad de cogollos para testar se llega ahora a un número “más razonable”. Para ella, esto es una copa “en donde lo que se premia es al cultivador” y no sólo a la planta, poniendo así en juego la calidad de la cosecha más que la cantidad.

Cada concursante, que pagaba un ingreso de 35 dólares, recibía un frasco de vidrio con varios paquetillos de papel de fumar, merchandising alusivo, y cuatro muestras sin identificar de cogollos de un gramo.

A la calificación que daría un jurado compuesto por cinco extranjeros, se sumaría una votación del público: cada participante debería evaluar las variedades que se le presentaban. Así, entre mesas y sillas de plástico, los concursantes sacaban sus pipas, ensamblaban sus narguiles y armaban sus cigarrillos para comenzar la cata. Algunos comenzaban analizando la presentación y el aroma y dejaban para el final el acto de fumar. Al paso de las horas el aire era cada vez más denso.

Un participante de la Expo Weed Feria Internacional del Cannabis, realizada en el World Trade Center de México 2016. (Imagen por Adolfo Vladimir/ Cuartoscuro.com)

Los podios premiaron a las mejores flores cultivadas por clubes y autocultivadores. Las categorías dependían del método utilizado para cuidar de la flor, separándose entre cultivos de interior y los de exterior dependiendo si se realizó en invernadero o no; así como la forma de conseguir una extracción — que sirve por ejemplo para realizar aceites de marihuana — dividiéndose en medios nuevos o tradicionales. Unos usan solventes para llegar al tricoma [el componente que da la psicoactividad a la planta y que suele estar envuelto en una resina que recubre al cogollo]y otros optan por métodos más nuevos basados en el calor, que mantienen la pureza de la planta.

La flor California Orange que presentó el Club Cannábico de Punta del Este y la Skywalker Kush de Club Cannábico 420 ganaron en cultivo exterior e interior respectivamente.Chocolope y Sour Power se destacaron entre los autocultivadores. De todos los bancos de semilla de los que provenían las variedades, DNA Genetics de Amsterdam, fue el más premiado. Aunque la ley uruguaya estipula que las semillas que utilizarán clubes y cultivadores deben ser suministradas por el propio gobierno, lo más común sigue siendo su encargo por correo a bancos de semillas extranjeros.

Esta fue también la primera participación como club de los integrantes de Sabor Cannábico que sometieron a juicio tres flores: Banana afgana, Purple skunk y Silver haze. Fueron las mejores de la cosecha según sus 35 socios, que pagan una cuota de 2.500 pesos uruguayos mensuales [unos 80 dólares]para solventar el funcionamiento del club, producir y degustar esas flores.

En Uruguay ya existen casi 5.000 autocultivadores y 17 clubes registrados, un paso obligatorio para funcionar. Cada cultivador puede tener seis plantas y producir hasta 480 gramos al año, mientras que un club necesita entre 15 y 45 miembros y no más de 99 plantas.

“Sobrevivimos pero apenas cubrimos los costos. Hay mucha voluntad. Está todo bien con la ley, pero la burocracia existe en todo el sistema. Hay un criterio paranoico porque para el consumo de alcohol no hay la misma regulación. Hay una resistencia cultural”, dijo uno de los miembros de Sabor Cannábico, aunque prefirió no identificarse.

‘La gente ya puede cultivar tranquila las plantas al sol, sin esconderlas’.

Recién este año el gobierno comenzó a chequear que los cultivos registrados cumplan con la normativa. Entre las charlas de los participantes de la Copa Cannábica la noticia sobrevolaba como un rumor pero ningún participante había sido objeto o conocía de alguien que hubiera recibido una visita del Instituto de Regulación y Control del Cannabis, un organismo que se creó en 2013 y consiguió presupuesto propio para funcionar apenas el año pasado.

“Desde la primera copa que fue ilegal, se fue sintiendo mucho el aumento en la cantidad de clubes que participaban. Esa libertad se va reflejando en las flores. Se nota en la producción: hay variedades de indoor [interior]que ahora acceden más fácil a los instrumentos y fertilizantes necesarios. Y además la gente puede cultivar tranquila con las plantas al sol, sin esconderlas para que no se vean”, dice Gastón Durena, un juez argentino de la Copa.

En abril él decidió mudarse desde Buenos Aires hacia el departamento de Lavalleja, a unos 120 kilómetros de Montevideo. Afirma que su motivación nació en 2013, cuando el Parlamento uruguayo aprobó la ley que reguló el mercado de marihuana. Ahora espera obtener la residencia permanente para luego registrarse como cultivador. “Tuve un growshop en Argentina durante nueve años y tuve problemas con la policía, sentí el miedo de estar expuesto. Hoy tengo 40 años y lo que quiero es vivir donde sea lo más libre posible”, dijo.

Mientras la cata de cogollos sigue en la vieja casona montevideana, los organizadores de la Copa hablan de conocidos brasileños que, al igual que Durena, están pensando en emigrar a Uruguay. Para los consumidores de Argentina y Brasil, países limítrofes donde aún se penaliza el consumo y/o cultivo de marihuana, la ley uruguaya parece un sueño hecho realidad. Y entre otras cosas, permite que la Copa Cannábica se desarrolle a la vista de todos.

Así transcurrieron dos días de conversaciones abiertas entre caladas y risas. Una copa que se celebró lejos de la clandestinidad, con clubes registrados y autocultivadores amparados por la ley. Los participantes se fueron con la tranquilidad de saber que en esa vieja casona no había pasado nada ilegal.

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Fuente: VICE News

 

 

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