Cinco vampiros históricos que existieron en la vida real

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Los vampiros llevan entre nosotros desde hace milenios. Aunque no de la manera que piensas, probablemente. Hoy forman parte de la historia real de la humanidad. Aquí hay algunos ejemplos.

Dejemos de lado las versiones noñas de hoy en día. Los vampiros como Edward Cullen, Lestat o, incluso, Alucard no le durarían ni un segundo a los vampiros antiguos. Vampiros de verdad. Pero, un momento ¿acaso estoy insinuando que existieron en la realidad? Bueno, la figura del vampiro lleva con nosotros mucho más tiempo, incluso, que la historia escrita. Y sí, en cierto sentido, nos hemos topado con vampiros de verdad a lo largo del tiempo. Por supuesto, estos no se ajustan para nada a la visión que probablemente tengas de los vampiros. Vamos a hablar un poco de ellos, de su mito, de su figura y de su realidad.

Cinco vampiros históricos

Como ya hemos dicho, en la historia exiten personas señaladas y marcadas por el vampirismo. La historia ha recogido a algunas de ellas, todas enmarcadas en la violencia y, la gran mayoría de veces, la oscuridad. Pero, ¿dónde acaba la historia y comienza el mito?

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Jure Grando, el vampiro de Kringa

En Kringa, un pueblo de la antigua región de Istria, hoy conocida como Croacia, vivió y murió un campesino llamado Jure Grando. Y volvió. Según se recoge en los archivos, Jure, defenestrado en 1656 debido a una enfermedad, volvió esa misma noche como un štrigon, una estrige, y estuvo aterrorizando al pueblo durante dieciséis años. Cuentan los documentos que atormentaba y violaba a su viuda, asaltaba a la gente y aterrorizaba a los niños apareciendo por la noche y a través de las ventanas. Varios lugareños se reunieron por fin, tras un tiempo, y trataron de dar caza al vampiro de Jure, lo que consiguieron no con una estaca, como dictamina el folclore, sino cortándole la cabeza y realizando un exorcismo. El caso de Jure Grando es importante dentro del mundo de los vampiros por ser, probablemente, el primero documentado oficialmente de la historia. Que existió, lo sabemos. Que algo ocurrió en Kringa, también. Pero, ¿qué pasó realmente? No siempre podemos apartar la oscuridad de los hechos pasados tiempo atrás.

El sacerdote perro

Los escoceses son amantes de los fantasmas y otras criaturas fantásticas. Y no es de extrañar que posean varios vampiros en su folclore llenos de castillos y abadías ominosas regadas por la lluvia. De hecho, fue el castillo Slains, en Cruden Bay, el que inspiró a Bram Stoker para escribir “Drácula”. Pero ahora vayamos a Melrose. Entre las paredes de su derruida abadía, allá por 1138, cuentan los textos de Guillermo de Newburgh que vivió un capellán nada ortodoxo. Este sacerdote gustaba de cazar a caballo con su jauría de perros. Por sus excesos y su ineptitud como cura, fue llamado Hunderprest, o el “cura perro” (o cazador). Dicen que cuando murió no tenía otra cosa que hacer que volver como vampiro a atormentar a los ciudadanos de Melrose. También cuentan que los abades le dieron caza y lo expulsaron de este mundo mediante un hachazo en la cabeza y una pira funeraria.

Petar Blagojevich, el nueve veces asesino

Volvamos a Europa del Este. El caso de Petar Blagojevich es uno de los mejores documentados del siglo XVIII sobre histeria vampírica. El bueno de Petar vivió cerca de Kisilova, en Serbia, en tiempos complejos de guerra y conflicto. Y, como de costumbre en estos casos, murió para volver un día después a asesinar gente. Según contaron sus conciudadanos, Petar Blagojevich asesinó a nueve personas a lo largo de la semana siguiente a su muerte. Todos los finados eran encontrados en sus camas con restos de sangre y la garganta abierta (o aplastada). La cuestión es que la histeria se apoderó del pueblo, que amenazó a la autoridad local para que tomara cartas en el asunto pasando por encima de la autoridad municipal. El cuerpo de Petar Blagojevich fue exhumado, saltándose la ley, y fue encontrado incorrupto y con señales de vampirismo, según relatan los documentos. El cuerpo fue empalado y quemado, y las autoridades superiores, debido a la gravedad del asunto, no tomaron represalias.

El partisano de Medveja

Arnold Paole fue un militar en tiempos revueltos. Una noche, cuentan los informes, fue atacado por un vampiro pero se salvó de convertirse en uno comiendo tierra de la tumba del monstruo. Sin embargo, cuando murió, tiempo después, volvió como vampiro. Eso decían los lugareños, al menos. El caso de Paole es especial porque fue el determinante que desencadenó la “epidemia de vampirismo” de la Europa del Este del siglo XVIII. Según las fuentes, el ataque de Paole a varios animales y personas habría causado la continuación de esta “enfermedad” que afectó, como mínimo, a dieciséis personas más. Puesto que el miedo a los vampiros venía creciendo desde décadas atrás, esto levantó la alarma entre las autoridades que comenzaron a investigar, exhumar y realizar informes sobre los supuestos vampiros. Cosa que sólo ayudó a extender el rumor sobre la existencia de estos seres del averno.

El vampiro apestoso de Pentsch

En 1582, Johanes Cuntius, un respetado comerciante, se calló de su semental. A pesar de que los médicos hicieron todo lo posible por curarlo, Cuntius se veía a sí mismo ardiendo en el infierno. Finalmente falleció. Y en el momento del exitus, un gato negro apareció por la ventana y se posó en la cama. Dos días después, según recogen las crónicas, su espectro comenzó a aparecerse por toda la villa de Silesia. Y su visita era notada por todos debido a su horrible olor, mucho más maligno y desagradable de lo que las palabras pueden contar, relatan. A diferencia de otros vampiros, Cuntius no se dedicó a beber sangre ni a matar gente, sino a molestar a las personas. En cierto sentido, Cuntius se identificaría actualmente más con un zombi que con un chupasangres. Pero por entonces no existían los zombis. Tras aguantar sus felonías unos meses, el pueblo decidió exhumar el cadáver de Cuntius y arrojarlo a la hoguera. Y se acabó el vampiro.

El vampiro según la mitología

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El castillo de Slains, que inspiró a Bram Stoker para escribir Drácula.

¿Cuál fue el primer vampiro de la historia? Esta pregunta no tiene sentido si tenemos en cuenta el origen de estas criaturas mitológicas. La figura vampírica existe desde tiempos inmemoriales. Y es que antes de la existencia de un imaginario tan extenso y detallado como puede recogerse en libros, obras, cine, cómics… sólo existía eso mismo: la imaginación. El vampiro, demonio o sombra era la personificación del mal. Los rasgos de los vampiros varían de una cultura a otra de forma sorprendente. La forma de volver al mundo como espíritu horrible es muy diversa. La existencia de los vampiros recorre la Tierra tanto en el tiempo como en la extensión, existiendo en prácticamente todas las culturas. Y lo único en común no es que bebieran sangre, ni que no le diera la luz del sol, características mucho más modernas, sino ser el agente del mal. En algunas leyendas de vampiros, como la de Cuntius, estos seres se parecen más a otras criaturas como los zombis o demonios. También los hay familiares o relacionados con las hadas. El vampiro, junto al demonio, puede que sea la figura malvada y oscura más presente en toda la cultura humana.

El vampiro según la ciencia

Pero, ¿qué tiene la ciencia que decir al respecto? ¿De verdad existen los vampiros? Como seres sobrenaturales, no. Desde luego. Cuando alguien muere, lo hace definitivamente. ¿Existe alguna enfermedad que convierta en vampiro? Tampoco. Aunque en el planeta existen animales hematófagos (vampiros, por ejemplo), no hay ninguna patología que modifique la fisiología y el metabolismo humano para adquirir las necesidades de un vampiro. Por el contrario, sí existen otras enfermedades que podrían haber ayudado a identificar, bajo la luz de la ignorancia, a ciertas personas con estos seres. Estas patologías son de origen eminentemente psicológico. Pero también existen casos como la peste o la rabia que, bajo situaciones de histeria, podrían potenciar esta figura.

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Elizabeth Bathory, la condesa Sangrienta

Otras terribles enfermedades, como la porfiria de Günther, una enfermedad rara congénita que provoca terribles lesiones en la piel como consecuencia de la exposición al sol, podrían ser culpables de leyendas y características atribuidas al vampirismo. En cualquiera de los casos, mucho más importante que las enfermedades, que solo se entienden en el ámbito del desconocimiento, es en realidad la pena, el dolor, la violencia y la “maldad” humanas las que han identificado a los verdaderos vampiros de la historia. Veamos, por ejemplo, el famoso caso de Vlad Tepes, que se encuentra en claroscuros; o el de la Condesa Sangrienta, Elizabeth Báthory de Ecsed, quien ostenta el récord Guinness de la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad (650 personas), y que puede que sea el caso vampírico que más ha cimentado en la realidad la idea de los monstruos que acechan el la oscuridad del corazón humano.

Fuente: hipertextual.com

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