50 años después, Legionarios admiten abusos de cura mexicano

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Los Legionarios de Cristo reconocieron hoy, 50 años después de la primera denuncia, que el sacerdote Fernando Martínez abusó de diversos niños en centros educativos de la organización en México, según la indagación encargada después de que en mayo pasado la conductora y cantante mexicana Ana Lucía Salazar, una de las víctimas, destapara públicamente el caso.

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Por Irene Savio/ Proceso

Roma. Tras una investigación que duró seis meses y que fue llevada adelante por la agencia especializada Praesidium, los Legionarios informaron, en una nota, que el polémico sacerdote fue objeto de diversas denuncias entre 1969 y 1993, presentadas por exlegionarios, conocidos o familiares de niños de entre 4 y 11 años, en diversos centros escolares del país, entre ellos los Institutos Cumbres de Ciudad de México y de Cancún.

En este último instituto, por ejemplo, Martínez abusa entre 1991 y 1993 de “al menos seis niñas de entre 6 y 11 años”. “Praesidium ha corroborado estos abusos por documentos y múltiples testimonios. […] El padre Martínez, interrogado por Praesidium y en la investigación interna, admite con pena y remordimiento los abusos” contra estos menores, se lee en uno de los párrafos del largo comunicado.

Fue “un error gravísimo de asignar, en este caso, a un sacerdote que había cometido abusos en un puesto de trabajo pastoral con niños y jóvenes en otro lugar”, escribieron en otro apartado.

Pese a ello, todavía al día de hoy, Martínez seguiría manteniendo su condición de sacerdote y estaría a la espera de la abertura de un procedimiento canónico para ser despojado de sus hábitos, según sugiere la nota. El superior general de la Legión, Eduardo Robles-Gil, entregó el 11 de noviembre los resultados a la Congregación de la Doctrina de la Fe y está esperando “instrucciones sobre el procedimiento canónico que ha de seguir”.

Por ello, de momento, los únicos castigos para Martínez son no tener acceso a ministerio público y otras restricciones, como solo poder vestir su sotana sacerdotal cuando está en edificios de la congregación y no entrar en contacto con menores, según explicaron los Legionarios, quienes tampoco aclararon si señalaron el caso a la justicia mexicana.

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Las críticas de la víctima

“Este comunicado es una pantalla. Esta es la única realidad. Lo que tengo es un reconocimiento de que lo que yo dije es verdad. Pero la nota tiene importantes omisiones que evitan señalar el problema institucional. Siguen protegiendo su institución por sobre la dignidad de las víctimas”, afirmó en entrevista con Apro Ana Lucía Salazar, quien en los últimos meses se convirtió en la principal cara pública de estos abusos que ella sufrió cuando tenía 8 años.

“Se lo dije al padre Gerardo (Flores, coordinador de Ambientes Seguros de la Legión), que se debería denunciar a la justicia aunque esté prescripto. Me respondió que eso no está en sus manos”, añadió Salazar, quien también identificó como “graves fallos” de la admisión de responsabilidad de los Legionarios que no se citaran los nombres y apellidos de los contribuyeron a encubrir los abusos de Martínez.

“Ni escribieron los nombres y apellidos de todos los encubridores que permitieron que el padre Martínez siguiese abusando durante años. Ni sabemos si estas personas fueron castigadas de alguna manera. Y algunos son miembros de la cúpula. Solo se informa que Martínez fue movido de una escuela a otra por decisión del (fundador de la Legión) Marcial Maciel. Y él está muerto”, subrayó Salazar.

“Insisten en la teoría del criminal solitario. Y en evitan hasta lo irracional la palabra encubrimiento”, comentó en la misma línea Cristián Borgoño, exlegionario, también en declaraciones a esta agencia. “Presentan a los superiores como meros ejecutores que no cuestionaron por falta de información cuando hay evidencia de que al menos algunos sabían perfectamente e hicieron promesas que después no cumplieron”, añadió Borgoño.

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Sin nombres

De acuerdo con la información proporcionada por la Legión, Martínez habría sido trasladado de un centro educativo a otro en diversas ocasiones (una práctica que recientemente El Vaticano ha prohibido explícitamente, en los casos de sospechosos de abusos), después de que familiares de las víctimas o exreligiosos señalaran sus abusos a los superiores de la Legión. En al menos tres de estos casos, en 1969, 1990 (tras una denuncia presentada en el Cumbres de Lomas) y 1993, el responsable de la decisión del traslado habría sido Maciel, según la nota de la Legión.

Sin embargo, la misma nota reconoce que Maciel no era el único que sabía. En 1993, por ejemplo, “el superior territorial se reúne con los padres de familia de las niñas abusadas, les ofrece ayuda psicológica y, según algunos testimonios, promete que el padre Martínez se sometería a un tratamiento y ya no tendría ningún contacto con menores, promesa que posteriormente no se cumplieron”, se lee. “Esa persona es Eloy Bedia (no de los sacerdotes que en estos años se han encargado de la renovación de la Legión, actualmente radicado en la CDMX)”, puntualizó Salazar. “Otro es el caso de una maestra, que tampoco es mencionada”, añadió.

Una dificultad, según los Legionarios, se debería a que la agencia Preasidium aún no habría logrado llegar a resultados conclusivos sobre algunos aspectos. “La agencia externa y la investigación interna no lograron evaluar de modo conclusivo la actuación de los docentes y empleados del Instituto Cumbres de Cancún de los años 1991-1993 que fueron mencionados en el contexto de los abusos del padre Martínez”, escribieron, en relación con el caso de la cantante mexicana.

Sin embargo, las personas que en los años son informadas no son pocas. Entre los años 2011 y 2013, “el superior general y el delegado Pontificio (el entonces comisario elegido por el Papa, tras los escándalos de Maciel)” reciben “algunas advertencias sobre las deficiencias a la hora de investigar y sancionar los abusos cometidos” por Martínez. Por eso, “se les pide que señalen los hechos a las autoridades civiles y eclesiásticas”, admiten ahora los Legionarios. Esto, sin embargo, no ocurre. “Tras una rápida revisión del caso y algunas consultas oficiosas, no consideran necesario hacer una investigación canónica ni emitir restricciones escritas (…) postura que se mantiene en los años siguientes”, reconocieron. Otro es lo acontecido en 2007 cuando el entonces superior general, Álvaro Corcuera, incluso lo nombra “confesor” en el seminario de la congregación en Salamanca, al que Martínez había sido trasladado. Y, de igual forma, en diciembre de 2016, el actual superior general de la Legión, Eduardo Robles-Gil, traslada a Martínez a Roma después de escuchar “los consejos” de los directores territoriales. Pero pasan dos años más y solo en diciembre de 2018 finalmente se “decide iniciar una investigación interna sobre el caso del padre Martínez con el fin de conocer mejor lo que sucedió”.

Se confirma, en cambio, la información adelantada por Proceso y Apro en diversos artículos, referente a que de acuerdo con diversos testimonios Martínez fue abusado por Marcial en 1954, cuando era un joven de 15 años en el seminario de Ontaneda, en España. Mientras que sigue sin confirmarse si, en su paso por el seminario de Salamanca de 1993 a 2016, Martínez abusó de otros menores.

Fuente: Proceso

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