Urge descentralizar la cultura

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Ofensivo, el porcentaje destinado a la promoción en el DF, dice el premio nacional de Ciencias y Artes 2012, González Gortázar. Vergonzoso, el manejo que se dio al sector con Vicente Fox, asegura.

Por Merry MacMasters

El arquitecto y escultor Fernando González Gortázar, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, en la categoría de Bellas Artes, galardón que comparte con el músico Arón Bitrán y la pintora Joy Laville, pide al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) que “se den pasos en serio, no la retórica, hacia una descentralización verdadera y que el país entero reciba los beneficios de promoción, inversión y de todo tipo que hasta ahora han recaído en un porcentaje ofensivamente alto en el Distrito Federal”.

Entrevistado con motivo del premio, González Gortázar (México, Distrito Federal, 1942) se dijo “contento” por los nombramientos del CNCA, y de los institutos nacionales de Bellas Artes (INBA) y de Antropología e Historia (INAH). Acota: “Todos sabemos que en el sexenio de Vicente Fox el manejo de la cultura por parte de las autoridades federales llegó a límites de abierta vergüenza. En el (periodo sexenal) que acaba de terminar, las cosas fueron mucho mejor, pese a lo cual no me gustó el excesivo énfasis que se hizo en las letras, marginando un tanto a las demás artes.

“Me gustó mucho menos todavía que todo ese impulso a las letras se hiciera en la ciudad de México. Es decir, el centralismo del CNCA –no así del INAH, que tiene presencia nacional– y sus acciones llegaron a su punto culminante. Es algo que ofende al país. Alguna vez he comentado que el INBA no tiene porqué conservar la ‘n’ en sus siglas, ya que de nacional no tiene nada. Es un de bellas artes del Distrito Federal, para todos los fines prácticos. Ojalá eso se rompa.”

–¿Tendría más peticiones?

–Desde luego habría muchas que la comunidad cultural en su conjunto debería plantearse y plantear a esta nueva autoridad. Debo decir que el paso del PAN por el poder en el terreno de la cultura y en muchos otros ha sido muy desventurado. Sé de la enormidad de personas para quienes la prioridad era impedir el retorno del PRI al gobierno federal, pero no es mi caso.

“Mi prioridad era que el PAN no continuara en el poder, y eso se logró en las urnas. He repetido que jamás votaría libremente ni por el PRI ni por el PAN, pero si alguien me pone una pistola en la frente y me obliga a votar so pena de muerte por uno u otro, como no lo consideraría motivo suficiente para morir, no dudaría en votar por el PRI; por el PAN, jamás.

“Ahora, el nuevo PRI, el así llamado, está por verse. Pero, el viejo PAN, el PAN desdibujado, clerical, contrario a la libertad de conciencia y pésimo gobernante, no podría continuar ni por un día más. De tal manera que estoy dispuesto a observar sin prejuicios y opinar acerca del nuevo gobierno cuando tenga elementos para hacerlo.”

Esta fue la segunda ocasión en que González Gortázar fue propuesto para el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 2011 lo postularon las universidades de Guadalajara (UdeG), y la Autónoma de San Luis Potosí, así como la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana. Este año fue propuesto “en exclusiva” por la UdeG, donde estudió arquitectura.

–¿Qué obligaciones morales conlleva el premio?

–No creo que me traiga obligaciones morales más allá de las que he tenido siempre. Al contrario, creo que por haberlas cumplido me dieron el premio; eso espero. Con los premios sucede algo muy extraño: si se analiza lo que en el fondo significan, pues, más allá de una certificación de que ha hecho uno su trabajo bien, con seriedad, con respeto por los demás, no significan gran cosa. No es un reconocimiento al autor, sino a su obra. Sin embargo, para el autor, de alguna manera que no termino de entender, los premios sí tienen importancia. Producen un alivio a la pregunta siempre presente: “¿Estaré cumpliendo con mi cometido; no estaré desperdiciando la vida?” De modo que no puedo ni tengo por qué ocultar que estoy contento.

González Gortázar se siente, además, en “buena compañía”. Tras hacer una revisión de sus antecesores –el primero fue José Clemente Orozco, en 1946–, se percató de que “hubo que esperar hasta 1968 para que por primera vez lo recibiera un arquitecto. Y, de los cientos de recipiendarios del premio en su rama de artes, sólo 12 arquitectos lo hemos recibido en siete décadas, porcentaje que no guarda relación con el peso y la importancia de la arquitectura en la cultura mexicana.

“Es decir, todavía existen quienes consideran que la cultura mexicana no incluye a la arquitectura, lo cual no puede ser más aberrante. Si hay un arte al que nadie puede ser ajeno, que condiciona para bien o para mal la vida de todos los seres humanos desde la cuna hasta la tumba, y que además en México ha tenido personajes, grupos y movimientos que no dudaría en calificar de heroicos, es la arquitectura, y se le tiene en el último lugar dentro de las expresiones artísticas nacionales…”

–También a la fotografía y la danza.

–Sí, esas artes no tienen las características que mencioné. Podemos concebir un mundo sin fotografía y danza, sería un mundo que no valdría la pena habitar, pero sin duda podría existir. En cambio, no puede existir un mundo sin arquitectura. También por ese lado estoy contento. Haber sido el doceavo arquitecto que lo recibe me da la esperanza de que muchos más puedan tenerlo, porque lo merecen, porque estamos en deuda con ellos y porque sería un acto de estricta justicia.

También urbanista y escritor, González Gortázar se conoce por sus opiniones críticas y por no callar ante sucesos del panorama nacional relacionados con las artes y la arquitectura, hecho que le ha creado un vínculo muchas veces tenso con las autoridades.

“Mire, la historia de mi relación con el poder nunca ha sido tersa; al decir esto, me refiero al poder de cualquier tipo, empezando por el político, continuando por el económico, el eclesiástico y, en ocasiones, incluso, por el cultural.

“Me siento contento por haber dicho y hecho siempre lo que he creído, no lo que me convenía. Y, sí, tiene razón, cada que uno abre la boca las posibilidades de trabajo se alejan, porque tus clientes potenciales se sienten lastimados por las opiniones que uno emite en uso de su derecho de concordar y disentir.

“Me he mantenido –y lo seguiré haciendo–, estrictamente alejado del poder. Jamás moveré un dedo para halagar a nadie si eso implica violar lo que soy y lo que creo. Precisamente por eso soy un arquitecto con tan poca obra realizada. Noventa por ciento son proyectos que se quedaron en el papel y la maqueta, pero no reniego de esto. Obviamente, me hubiera gustado haber realizado más, pero también sé que el tipo de obras que propongo no son fáciles de construir en ningún lugar del mundo. Suele pasar que la actitud inicial del público es negativa, aunque con el paso del tiempo esto se convierta en lo contrario, en ocasiones de forma inmediata. Aquellos que eran sus críticos terminan por ser defensores apasionados. Pero para eso se necesita un cliente que tenga la valentía y la fe para aguantar los garrotazos del trayecto.”

–¿Hay alguna obra en particular que le hubiera gustado ver realizada?

–A lo largo de mi vida he tenido muchas obras que eran especialmente significativas para mí y por un motivo u otro permanecerán como sueños por toda la eternidad. En este momento estoy terminando en San Pedro Garza García, Nuevo León, la que considero la obra de mi vida. Se ha hecho por etapas, la primera (el Paseo de los Duendes) hace 22 años, la segunda hace 11; la tercera se inauguró el pasado 19 de octubre, día que cumplí 70 años. Poco después se hizo el cambio de administración municipal y el remanente que dejó iniciado el ayuntamiento anterior está en este momento en peligro de ser cancelado o transfigurado, pasando sobre mis derechos legales y morales de autor, por parte de las nuevas autoridades. Tengo la esperanza de que esto no suceda, pero desde luego puede ocurrir.

Fuente: La Jornada

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