Trato VIP a narcos, desprecio al común

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Por Gustavo De la Rosa

Hace algunos años, un hoy anciano compró una casa a Scotiabank de López Mateos y Triunfo de la República en Juárez. Porque el comprador original la abandonó como más de cien mil propietarios en la ciudad, ha pagado el total de la cuenta, y aprovechando el descanso de fin de año quiso regularizar el registro de la compraventa.

Llegó al banco a las 11 de la mañana, y una ejecutiva le pidió copia del contrato de compraventa. El hombre le explicó que el banco tenía el original, que para qué necesitaban una copia; la ejecutiva le dijo tajantemente, “esas son las políticas del banco, si usted no nos trae copia del contrato, no podemos hacer ningún trámite” o “entrevístese con la gerente”.

La gerente platicaba animosamente con un cliente VIP. Pasaron más de 60 minutos, y la charla continuaba y continuaba. El hombre viejo fue y le tocó la puerta a la gerente y ésta molesta salió y le ordeno “espérese”. Este viejo, experto en mítines y brigadas de plaza pública desde 1968, improviso uno ahí adentro del banco con los clientes que esperaban.

La gerente salió enfurecida y le dijo que él no podía hablar así con los otros usuarios del banco, y que en ese momento lo atendía. El anciano le explicó lo absurdo de que le pidieran copia de un documento que estaba en el banco, y con el cual le habían recibido los pagos totales del crédito.

La mujer indignada, le repitió la dosis: “si no trae una copia, no vamos a admitirle ningún trámite”. El hombre entonces le pidió copia del documento, y ella le informó que tenía que solicitarla al director general del banco en la Ciudad de México, y le advirtió: “retírese o llamo a seguridad”.

Mi buen amigo inició otro mitin explicando a los usuarios del banco el abuso de que era objeto, mencionando que por cierto Scotiabank está bajo investigación por lavado de dinero. Dos usuarios amigos de la gerente le pidieron que se callara, que “en los bancos se habla en voz baja” y como el mitin siguió, la gerente soltó el llanto argumentando que “ella era una dama y que aquellos le faltaban al respeto”.

Ahí terminó todo. Nuestro amigo le informó que según la perspectiva de género, ella estaba ahí como una gerente independientemente de su sexo y que era una vulgaridad que acudiera al expediente de las lágrimas, anunciándole que ya se verían en los tribunales.

Advertí que no tengo salida: soy un mexicano ordinario con una manera honesta de vivir y la gerente de Scotiabank manda y yo tendré que obedecer. Así que a esperar, paciencia, paciencia, paciencia, y por cierto ¿alguien me presta una copiadora?

Fuente: Sin Embargo

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