Por fin fin llega Post tenebras lux

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(El cine de Reygadas, más allá de su triunfo en Cannes)

 

Se estrena en nuestro país la polémica cinta Post tenebras lux del director mexicano Carlos Reygadas, que hace medio año lo encumbró como mejor director en el Festival Internacional de Cannes, paradójicamente tras ser abucheada por la crítica. Sin dormirse en sus laureles, el realizador mexicano niega que aquel triunfo le haya transformado un ápice su visión creativa en pos del mismo estilo que ha caracterizado su cinematografía y define así: “Ser natural”.

 

Por Columba Vértizde la Fuente/ Proceso

 

La vida privada y profesional del cineasta mexicano Carlos Reygadas no ha cambiado en nada por haber ganado en mayo pasado el premio al mejor director en el Festival Internacional de Cine de Cannes con su cuarta película Post tenebras lux, la cual se estrena en las salas mexicanas.

 

Este largometraje sobre Juan y su familia (la esposa y dos pequeños, una niña y un niño, quienes abandonan la capital mexicana para radicar en el campo de México donde su vida se convertirá en un infierno) competía por la Palma de Oro en Cannes 2012, aunque los periodistas y la crítica cinematográfica abuchearon su proyección. Para sorpresa de todos, un jurado dividido distinguió Post tenebras lux con el galardón de mejor realizador.

 

A seis meses de aquella polémica, se pregunta a Reygadas si dicha distinción le ha cambiado la vida como cineasta, pero tranquilo responde:

 

“En nada absolutamente.”

 

–¿Nada? ¿No lo han llamado a dirigir otros proyectos extranjeros ni le han mandado guiones?

 

–Nada. Ojalá, pero… Nada.

 

–¿Cómo ve eso? Porque es un reconocimiento importante…

 

–Está bien –contesta sin inmutarse.

 

“A mí me encanta mi vida como es y no me hace falta nada de esos premios, nada. Qué bueno que lo obtuve y se los agradezco. Ni su ausencia es señal de nada ni ganarlos tampoco constituye algo. La verdad, no me cambia nada a nivel práctico ni a nivel económico.”

 

Contrastando, abunda:

 

“Un montón de personas obtiene esos galardones y no me parecen demasiado relevantes. ¡Y un montón no los obtiene y me parecen relevantes! Es una cuestión muy personal, porque esas cosas no sostienen importancia. Lo importante es poder compartir, comunicarnos, divertirnos… ¡O pasárnosla mal!, en fin. Estar sintiendo y estar vivos, eso es lo mejor. Todo lo demás me parece tan secundario que no vale la pena gastar tiempo en ello.

 

–¿Por qué cree que haya causado tanta polémica su película?

 

–Porque no está codificada en el lenguaje oficial. Es que hay una forma supuesta de crear las cosas, o la gente cree que las películas deben ser algo específico. En las escuelas de cine, por ejemplo, se nota muy claro cómo deben presentarse los personajes y cómo tienen que ver puntos de giro en ciertos momentos u otros.

 

“La gente cree que el cine es eso y piensa que soy incapaz o un inútil que nada más quiero apantallar con tonterías, que en realidad no puedo hacerlo bien. Todo depende finalmente de la concepción que tengas de lo que es el cine. Entonces, hay gente que no le gusta (mi cinta), piensa que es una porquería, pero eso me parece totalmente normal. A veces, también cocino unas cosas que a unos no les gusta, pero a otros sí les gusta mucho. No hay ningún problema.”

 

–¿Cómo recibe esos dos polos de la crítica?

 

–Así, con naturalidad. Cuando la gente es honesta y no asume mala leche, todo está perfectamente bien. Incluso, cuando poseen mala leche también está bien, porque le pone un poco de diversión a las cosas. Con toda calma recibo todo.

 

Un estilo “natural”

 

Una de las características de sus historias es que los personajes son protagonizados por no actores. En Post tenebras lux, escrita también por Reygadas, forman parte del reparto Natalia Acevedo y Adolfo Jiménez Castro, y también participan dos de los hijos pequeños del realizador. También destaca en esta historia el sonido natural de las locaciones: no hay música.

 

–¿Cómo describiría su estilo? ¿Cómo se ubicaría usted dentro del mundo cinematográfico?

 

–No lo puedo definir de una forma muy clara, pero porque no me interesa pensar en ello. Creo más en lo que podríamos denominar “ser natural”. Y ser natural es hacer las cosas como las sientes, sin forzar nada, porque entonces se cae en el manierismo y en el estilo impuesto. Todos tenemos nuestra propia huella, nuestro propio iris, nuestro propio yo y nuestro propio estilo. El estilo es ser uno mismo. Y el mío es ser natural.

 

–Usted habla de esa naturalidad con la que va trabajando pero, ¿hay una búsqueda como cineasta? ¿Qué desea plasmar en cada filme?

 

–Esta pregunta es demasiada complicada para mí. No me he planteado nada, no creo que tenga ninguna misión. Me manifiesto con obras y no con palabras, o sea que todo lo que tengo que manifestar lo hago con mi acción.

 

–¿Qué le ha dejado Post tenebras lux?

 

–No podría decir algo específico. Pero siento que con el tiempo se va volviendo uno más diestro en lo que es nuestro quehacer y tú puedes expresarte quizá con mayor claridad, ser más autocrítico.

 

“Es decir: por un lado, me he dado cuenta de un montón de cosas a nivel digamos de oficio, de cosas que quiero mejorar. Y por otro, algo muy bonito es que es increíble que de pronto con gente de muy lejos o de muy cerca, con la que no tenía ningún contacto, que ha visto ya la película, llega a captar cosas que ni yo mismo me di cuenta que estaba enunciando, pero que sí siento y sí pienso que ahí están. Eso es increíble, creo que ahí está el corazón de lo que a mí más me importa: compartir la verdad, y esa es la satisfacción máxima. La he notado, la he experimentado ahora.”

 

–¿Qué detonó llevar a la pantalla grande esta historia de 120 minutos en producción de Mantarraya & Nodream, donde sus hijos intervienen?

 

–Creo que fue mi vivencia personal, mi vida cotidiana. Todos pensamos algo y de pronto tienes ganas de compartirlo. Es así de simple en realidad.

 

Celebra que Post tenebras lux ya esté en la cartelera de México:

 

“¡De lujo! Porque es el instante en el que finalmente puedes compartir con otros lo que has sentido. La razón principal para filmar un largometraje es compartirlo ya cuando llegue el momento.”

 

Post tenebras lux, según Reygadas, aún recorrerá festivales internacionales, como el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y habrá estrenos en otros países:

 

“Yo ya no viajo porque la película camina sola. ¡Pero sí intervendrá en otros festivales porque en el mundo hay más festivales que table dances! Entonces la película puede estar como dos años circulando en esos encuentros cinematográficos.”

 

–Cada que se proyectan sus películas, ¿vuelve a verlas?

 

–No. Nunca más las vuelvo a ver, porque acabo tan cansado de realizarla y, la verdad, lo que menos se me antoja es volver a ver la película. No es que no las quiera, pero es como el empacho después de que comes tanto algo que te gusta mucho y en tres días no quieres saber de ese alimento. Yo tardo como dos años en realizar un largometraje, y el periodo de desempacho es como de 10 años.

 

–¿Qué sigue para Reygadas?

 

–No lo sé… Ya llegará el tiempo de crear otra película, pero por ahora, la vida ordinaria.

 

Mundo en crisis espiritual

 

Reygadas nació en el Distrito Federal en 1971.

 

Estudió leyes y luego se especializó en Derecho de Conflictos Armados, en Londres, para trabajar en la

Comisión Europea y ser miembro del Servicio Diplomático Mexicano. Entre 1998 y 1999 filmó cuatro cortometrajes en Bélgica, aprendiendo a hacer cine de forma autodidacta tras ser rechazado de la Escuela de Cine de Bruselas.

 

En el año 2000 rodó su primer largometraje, Japón, que recibió una mención especial por la Cámara de Oro en el Festival de Cannes, donde presentó Batalla en el cielo en competencia tres años más tarde, y en 2007 con Stellet licht (Luz silenciosa), que ganó el premio del jurado. En 2009 realizó la instalación Serenghetti y el cortometraje Este es mi reino para la película Revolución de varios autores mexicanos.

 

Proceso le comenta que en Post tenebras lux se ve la violencia que ejerce el ser humano de este tiempo y le pregunta si fue su intención exponer tal violencia.

 

“No hace falta hacer una reiteración absoluta. Creo que es el sentimiento probablemente más presente ahora a nivel social en nuestro país, entonces me salió de una forma totalmente espontánea. Lo que ocurre al final de la película creo que simplemente podría ser una visión de cualquier mexicano hoy en día. Es parte de nuestra información iconográfica. Quizá por un lado, dentro de 10, 15 o 20 años, nos daremos cuenta a qué nivel toda esta violencia ha hecho estragos en la parte psicológica y espiritual del mexicano, y por otro lado nos haremos la pregunta de por qué hemos sido capaces de tanta violencia y qué ha pasado en estas tierras para que seamos tan capaces de tal nivel de violencia. Es la misma pregunta que se hacen en Camboya después de los Jemeres Rojos (organización terrorista).”

 

Según él, no existe el “malo muy malo” en las películas:

 

“Todos son muy violentos. La violencia viene de esta especie de choque de dos culturas o dos formas de ver el mundo. Lo que subyace es una crisis espiritual. Creo que ese es el verdadero trasfondo de la violencia en México y que sólo dentro de un tiempo entenderemos por qué somos capaces de semejantes atrocidades.

 

“Tiene que ver con una pérdida absoluta de valores que se dio hace mucho tiempo, pero había un sustituto que era la religión, y ahora ya no. La fuerza del consumismo es de tal magnitud que ahí es donde reside el fondo del problema; no en las drogas, no en las cuestiones políticas.”

 

El cineasta ofrece a manera de conclusión:

 

“Finalmente todo lo que hacemos es reflejo de quiénes somos y no hay el malo específico, sino por qué aceptamos tales niveles de egoísmo, y por eso viene la corrupción. De ahí viene todo, por el egoísmo.”

 

Fuente: proceso

 

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